El maravilloso crescendo de ‘I Know the End’ es una pesadilla (con un hilo de esperanza) para Phoebe Bridgers

Por | 02 Ago 20, 10:33

Punisher‘ ha supuesto la total confirmación de Phoebe Bridgers como una de las artistas jóvenes más interesantes de Norteamérica, situada en el underground pero a un paso de hacerse enorme. A menudo da la sensación de que ella misma no quiere cruzar esa línea, como se extrae de su actitud en redes sociales, ridiculizándose a sí misma y tomando actitudes políticamente incorrectas y de reírse de todo y de todos que difícilmente imaginaríamos en una artista masiva. Sin embargo, sus canciones dicen otra cosa: en el tono quedo y ensoñador de buena parte de susegundo disco sola, hay momentos como ‘Kyoto‘ que sostienen una visión maximalista que augura cosas aún más grandes.

En esa misma línea aunque con un perfil más oscuro, el disco se cierra con otra de sus mejores canciones que hace unas horas era objeto de un fantástico vídeo oficial, dando cuenta de su importancia en el álbum. Se trata de ‘I Know the End’, una pieza fascinante que parte de la misma apacibilidad taciturna que antes citábamos, metiéndonos en vena su preciosa línea melódica. Pero, aupada por una espectacular crescendo instrumental (y lírico), culmina con una explosión literal y maravillosa, en una coda al más puro estilo del Sufjan Stevens más expansivo, que carga de épica esa solo aparentemente pequeña melodía del inicio.

El citado vídeo, dirigido por la realizadora Alissa Torvinen (conocida sobre todo por dar forma fílmica al peculiar universo estético de Melanie Martinez), tiene tintes pesadillescos, con significativos detalles coherentes con el concepto visual de esta etapa de Bridgers (la sudadera, el mono de esqueleto) y que también pueden tener ecos de cine de terror psicológico o incluso de distopia al estilo ‘El cuento de la criada’. Destaca la visión de lo que interpretamos como la propia Phoebe de niña y anciana –interpretada por la delirante Lili Hayes a la que hemos descubierto gracias a Christina Aguilera–, figuras que la persiguen por el estadio de fútbol americano en el que se desarrolla el clip. El delirio musical se corresponde con el visual, y Phoebe se une a su grupo (en actitudes desconcertantes, como el teclista que se tapa la cara llorando o el bajista mal travestido) para esa explosión final. La cual culmina con ella –si es que estamos entendiendo algo de todo esto– dándose el lote con su yo del futuro.

Por marciano que parezca todo, encontramos un curioso paralelismo entre la manera que se desarrollan música y letra. Bridgers parece comenzar dejando ver cómo añora su hogar durante sus giras por países desconocidos. Sin embargo, cuando vuelve a casa, se encuentra con un país desalmado con fanatismo religioso, ruido político, desunión y carteles que rezan «El fin está cerca». Y ese mensaje que se repite de forma catártica entre furiosas olas de vientos metales, es la única certeza: el final acecha, y quizá esté más de lo que podríamos sospechar. Así que vivamos, joder.

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