‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’, un emocionante retrato del aborto adolescente

Por | 24 Sep 20, 14:51

Tras labrarse un nombre en el cine independiente americano con películas como ‘It Felt Like Love’ o ‘Beach Rats’, Eliza Hittman se consolida como una directora prometedora con su tercera película ‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’, ganadora del Gran Premio del Jurado en Berlín y el Premio especial del Jurado en Sundance) . La cinta nos presenta a Autumn, una introvertida adolescente de 17 años que, además de ir al instituto, trabaja como cajera en un supermercado en una ciudad pequeña de Pensilvania. Ella tiene la sospecha de que está embarazada y al acudir a la clínica se lo confirman. A partir de ese momento comienza una auténtica odisea que le hará ir de su estado –donde el aborto para las menores de 18 solo se puede realizar con el permiso de sus padres o un tutor legal- a la ciudad de Nueva York con el objetivo de abortar. Todo esto acompañada por su prima y amiga Skylar, y por supuesto, sin que nadie más se entere.

Uno de los grandes retos que Hittman tenía era no caer en los tópicos de un tema tan manido en el cine como es el embarazo no deseado. Hay cientos de películas que retratan este proceso, algunas de manera más frívola que otras, y desde diferentes perspectivas. Aquí la directora se decide por un tono profundamente dramático, realizando así un retrato psicológico de su protagonista en el que se nos deja ver el desamparo y rechazo social al que se tiene que enfrentar una adolescente en una situación así. Sin embargo, también indaga en la sororidad que se crea entre las mujeres cuando esto pasa, y Hittman posee una sensibilidad especial para retratar estos momentos, especialmente entre Autumn y Skylar, pero también con las trabajadoras de la clínica a la que la protagonista acude en la gran ciudad. ‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ es una película hecha por mujeres y sobre mujeres, que además aborda un tema que necesitaba ser tratado desde una voz femenina. Puede que no siempre sea todo lo sutil que pretende ser, pero hay momentos genuinamente conmovedores. Y, sobre todo, cuenta con una de las grandes escenas del cine de 2020, que da título a la película y resuelve con una enorme potencia y elegancia en un plano fijo, sin apenas diálogos y gracias a una espectacular interpretación de Sidney Flanigan, todo el núcleo dramático.

Otro de los aspectos que la directora esquiva con inteligencia es el uso de la música. En lugar de utilizarla para subrayar clímax dramáticos, las atmosféricas y hermosas melodías de Julia Holter suenan reforzando las sensaciones que percibimos, pero siempre de manera orgánica y nada invasiva.

Hittman crea un ambiente tan triste y gris como profundamente realista. La película es deudora del neorrealismo, en esa concepción del tempo dramático, y sobre todo, en la representación cuasi documental con la que abarca un tema conflictivo en nuestra sociedad. Trabajar con actores poco conocidos también ayuda a aportar ese realismo buscado, esa sensación de que estamos viendo un fragmento de la vida de alguien y no una película adornada con escenas improbables y caras bonitas. Además, Sharon Van Etten, en un papel muy breve, debuta de manera convincente en la pantalla grande (en TV la vimos en ‘The OA’), como una madre cariñosa pero ajena al universo adolescente de su hija, sin saber bien cómo acercarse a ella. La cantautora también reserva una bonita canción escrita para la película que aparece en los créditos llamada ‘Staring at a Mountain‘.

‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ es una de esas películas pequeñas y discretas, que de repente, se sienten como una especie de revolución. Hittman, atenta siempre a los pequeños detalles, a gestos, a una mano estrechando otra, construye un relato duro, pausado y finalmente emocionante. 7,7.

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