Adrianne Lenker / songs

Por | 21 Nov 20, 16:49

Entre quienes opinan que Adrianne Lenker es una de las artistas más interesantes del momento, llegando a percibir un sutil fondo de terror en algunas de sus canciones, y quienes piensan que simplemente hace «folk llorero para deprimirse en la cabaña del árbol viendo crecer líquenes», me posiciono en un punto intermedio: ni Big Thief ni su música en solitario me parecen la octava maravilla ni me parece que su música ayude más a dormir que una pastilla de Dormidina. ‘songs’ vuelve a ser un trabajo de folk puro como una mañana de niebla en la montaña -aunque con reservas, como veremos más adelante-, en el que Adrianne despliega su gusto por las metáforas naturales en letras sencillas y poéticas, pero en el que también se pone tremendamente personal y explícita cuando quiere, abriéndonos una puerta hacia episodios de su vida que muchos se guardarían para sí.

El germen de ‘songs’ hay que localizarlo en marzo de este año: el mundo se interrumpe por el coronavirus, incluida la gira de Big Thief, y Lenker decide aprovechar su tiempo libre yéndose a una cabaña situada en el oeste de Massachussets para desconectar y «sanar» del estrés de las giras. Su hermana vive en la cabaña de al lado así que el aislamiento se le hace menos duro de llevar. Sin intención alguna de grabar un nuevo álbum, pero aún acompañada de una guitarra que va tocando de vez en cuando, la artista empieza a «conectar» con el lugar pues la reverberación de las notas en el espacio lo hace sonar como el interior de ese mismo instrumento. Poco más de un mes después de mudarse a la cabaña, Adrianne llama a su colega y productor Philip Weinrobe para proponerle grabar una serie de canciones «que suenen como si estuvieran en el interior de una guitarra acústica». Este es por supuesto el instrumento principal de ‘songs’, un trabajo que también se deja acompañar de los sonidos de la «madre naturaleza» para presentar unas composiciones en las que Lenker suena tan conectada con su propio espíritu como con el entorno que la rodea.

La canción más representativa del sucesor de ‘abysskiss‘ en este sentido es ‘zombie girl’, en la que Lenker dialoga con el silencio después de despertar de un sueño. «Vacío, cuéntame sobre tu naturaleza, puede que no te haya entendido en todo este tiempo, porque te lleno de preguntas, te lleno de explicaciones, te lleno de música», canta la artista con toda la ternura del mundo. Su voz, de apariencia frágil pero provista de una emotividad desgarradora, expresa una sabiduría veterana a pesar de contar la cantante apenas 29 años. Solo con esta sabiduría puede haber nacido una composición tan bella como ‘ingydar’ en la que Lenker habla sobre el paso del tiempo casi como si hubiera muerto hace largos años. Entre referencias al «ámbar cristalino», a los «arándanos» y a un «libro leído a medias», la cantante sentencia que «todo consume y es consumido» porque, en declaraciones a una revista, «todo nace y decae simultáneamente, y todos crecemos y nos convertimos en algo, y a la vez nos dejamos de convertir y morimos simultáneamente». Nada nuevo: solo la muerte da sentido a la vida, pero pocos transforman este pensamiento en canciones igual de bonitas.

Pero es en las canciones más personales de ‘songs’ donde Lenker deja de ser la Emily Dickinson del siglo XXI capaz de percibir universos dentro de una gota de lluvia para mostrarse como una persona humana, con claroscuros. Su ruptura con la cantante Indigo Sparke inspira varias pistas del largo, como una ‘anything’ de jadeante melodía que pasa de narrar una escena pastoral a situarnos en medio de una discusión familiar, que Lenker tiene con su suegra nada menos (como nos ha indicado un lector en los comentarios, el pasaje sobre unos dientes de perro que muerden a la artista tiene más pinta de ser literal que metafórico). Y si ‘come’ es una composición contemplativa, triste, decorada con el sonido de un riachuelo, en la que Lenker se pone en la piel de una madre que pide a su hija que la «ayude a morir», siempre con unas imágenes del mar en su cabeza que no pueden sonar más liberadoras, ‘heavy focus’ consigue sonar contenta a pesar de precisamente situarnos en un cementerio, por el que Lenker y su pareja pasean recordando viejos tiempos.

Esa fijación con el pasado puede ser el talón de Aquiles de Adrianne Lenker. Y no solo porque canciones como ‘anything’ o especialmente ‘half return’, que recuerda su niñez en Minneapolis observando la «blanca nieve» delante de su casa, evoquen con sus hipnóticos entramados de guitarra a la Joni Mitchell más acústica, sino porque la obsesión de ‘songs’ con la pureza de ese folk de antaño que aún no había sido corrompido por el futuro lo hace sonar irónicamente anacrónico, y su pureza menos pura, por tanto, más artificial. Obviamente canciones como ‘two reverse’ serán hermosas escuchadas tanto hoy como dentro de 30 años, pero tengo ganas de escuchar un disco de folk que sea posible de situar solo en el año en que vivimos, que no nazca de la nostalgia por tiempos no vividos. Como canta Lenker en ‘dragon eyes’: «As the coastline is shaped by the wind / As we make love and you’re on my skin / You are changing me». Mientras esperamos a que llegue un disco de folk que «cambie» las cosas, o que al menos lo intente, disfrutaremos de estas bonitas canciones.

Calificación: 8/10
Lo mejor: ‘two reverse’, ‘ingydar’, ‘anything’, ‘zombie girl’
Te gustará si te gusta: Jessica Pratt, The Tallest Man on Earth, Joanna Newsom, Vashti Bunyan
Youtube: vídeo de ‘zombie girl’

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