‘Dragon Ball Super’, ese constante hype en modo sí, pero no

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‘Dragon Ball Super’, ese constante hype en modo sí, pero no

La nueva serie de ‘Dragon Ball’, ‘Dragon Ball Super’, comenzó con su séptima saga como quien dice: ‘Granola, el superviviente’. Un paso más en la evolución de este manga que está teniendo muchos mases, pero también algún que otro menos demasiado repetitivo que hace que te rechinen los dientes hasta casi partirlos.

Akira Toriyama, creador del manga, tiene tres máximas: olvidarse de su propia historia, infravalorar personajes con muchísimo potencial y crear misterios alrededor de tramas, personajes, etc. que nunca se resolverán. ‘Dragon Ball Super’, sin embargo, abrió el melón de uno de los temas más atractivos de su historia, el mundo de los dioses. Una trama que cambiaría radicalmente la esencia de ‘Dragon Ball’, que hasta entonces consistía en entrenar (en solitario o bajo las enseñanzas de un maestro) y hacerse más fuerte para vencer a poderosos enemigos.

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‘Dragon Ball Super’ ha querido modificar esa esencia mostrando que no basta con tener mucha fuerza para derrotar a un enemigo, sino que hay que saber utilizarla. Quedó más que evidente después de que Son Goku no fuese capaz de vencer por sus propios medios al rival principal de la primera saga, Beerus el Dios de la Destrucción, y de que necesitara de nuevo de la guía de un maestro para aprender a controlar y utilizar su nueva fuerza divina.

A pesar de que en apariencia pudiera tratarse de un ‘Dragon Ball Z’ 2.0., ‘Dragon Ball Super’ ha llevado al manga al siguiente nivel, recuperando las tradiciones de los torneos de artes marciales con el toque «Super», dando a luz a villanos muy atractivos, canonizando personajes e historias muy admiradas y dando protagonismo (aunque no siempre como se merece) a Vegeta, el príncipe de los Saiyans, algo que muchos fans habrán agradecido, aunque aquí entra en juego ese sí, pero no.

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Aun siendo uno de los personajes con mayor y mejor evolución de la historia, Vegeta siempre ha ido a rebufo de su amienemigorival, Son Goku. No es de extrañar, teniendo en cuenta que a Toriyama nunca le ha gustado el personaje, muy al contrario que muchos fans. Aunque a veces conseguía adelantarle, al final siempre se quedaba un paso por detrás, tanto en fuerza física como en alguna de las transformaciones de los Saiyans. ‘Dragon Ball Super’ ha supuesto un antes y un después en ese aspecto. Vegeta no solo ha llegado a ser más fuerte que Goku en varios momentos de la historia, sino que ha obtenido por su propia cuenta dos transformaciones a las que Goku no tiene acceso.

Mientras que la evolución de Goku a veces puede pasar desapercibida por su psicología casi invariable, la de Vegeta es mucho más evidente, tanto a nivel psicológico como de fuerza física, sobre todo ahora que por fin ha decidido no seguir los mismos pasos que Goku y forjarse su propio camino, el de los Dioses de la Destrucción, opuesto al de los Ángeles que ha escogido Goku. Ambas doctrinas poseen sus propias técnicas, el Ultra Instinto y el Mega Instinto, la defensa y la ofensa, muy representativas de ambos personajes, pues una se basa en la calma y la paz interior para dominar los sentidos (Goku) y la otra en la acción y el instinto de lucha (Vegeta). De esta segunda técnica se sabía muy poco hasta hace dos capítulos, cuando la desarrollaron por primera vez. Sin embargo, la sombra de Toriyama es demasiado grande y, tratándose del príncipe, no le iba a dar el protagonismo que merecía.

Vegeta sería para Toriyama una molesta china en el zapato de la que está deseando deshacerse, pero no puede hacerlo porque aunque a él no le guste, a mucha gente sí. Pero eso no le impide hacer lo que quiera con la china, él manda, después de todo. Y aunque el final del último capítulo del manga nos ha dejado con mucho hype, el gusto amargo de la nueva derrota de Vegeta después de precisamente conocer su nuevo poder, no se quita ni se va a quitar con facilidad, pues me da en la nariz que sufrirá la misma suerte que en la anterior saga.

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