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‘Belfast’: una tierna y bienintencionada mirada a la infancia

En los últimos años son muchos los directores que han decidido rememorar su infancia, ficcionándola y adaptándola a la pantalla. Algunos de los ejemplos más significativos son ‘Roma’ de Alfonso Cuarón, ‘Dolor y gloria’ de Almodóvar o, más recientemente, ‘Fue la mano de Dios’ de Paolo Sorrentino. Kenneth Branagh hace lo suyo con ‘Belfast’, donde rinde homenaje a su ciudad natal a través de Buddy –su alter ego-, un niño que vive con su familia de clase obrera a finales de los años 60 mientras la ciudad se enfrenta a grandes cambios sociales que a menudo derivan en violencia.

Branagh propone una película sencilla, con vocación intimista, que pretende no solo reflejar una época sino también representar la infancia y la importancia de recordar siempre de dónde uno viene. Para ello recurre al blanco y negro, algo que solo cambia cuando los protagonistas ven películas u obras de teatro, donde la pantalla se inunda de color, creando un interesante contraste entre la monotonía gris de su día a día con la posibilidad de otros mundos desconocidos y coloridos. Esa vía de escape es la que buscan todos los personajes de ‘Belfast’, a excepción de Buddy, que debido a su edad no es plenamente consciente de asuntos serios, como el nivel de violencia e inseguridad de su querida ciudad.

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Branagh, actor curtido en teatro, hace gala aquí de su experiencia en el escenario dotando a su película de cierta teatralidad, especialmente palpable en sus diálogos y en la puesta en escena de los momentos más cotidianos. Y como en una obra de teatro, ‘Belfast’ lo apuesta todo a sus actores, todos ellos espléndidos. La actuación de Jude Hill en su primer papel revela a un gran talento, que seguramente le abra las puertas a más oportunidades de demostrarlo. Los papeles más conmovedores, no obstante, están reservados a las mujeres. Caitriona Balfe está realmente convincente como madre que lucha porque a su familia no le falte de nada y por enseñarles valores a sus hijos, y la presencia de Judi Dench es tan arrebatadora como siempre. Además, Branagh le regala a ella algunos de los planos más bonitos de la película.

‘Belfast’ es una mirada tierna a la infancia, pero precisamente su ternura es un arma de doble filo que en ocasiones juega en su contra. Branagh apuesta todo por la nostalgia y los recuerdos, cayendo en situaciones forzadas o excesivamente azucaradas. Y es una lástima pues también hay momentos genuinamente conmovedores (el último plano y esas tres frases a modo de cierre). Kenneth Branagh ha construido una película sobre su infancia que, aunque quizá tenía que haber pensado más en sí mismo y menos en cautivar al público a toda costa, resulta agradable de ver. Como muchas de aquellas cintas bienintencionadas que triunfaban en los Oscar de los 90, ‘Belfast’ no deja poso ni ocupará un lugar en la historia del cine, pero su ligereza y su intimidad pueden resultar admirables.

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