Disco de la Semana: Beyoncé / RENAISSANCE

Es difícil no afrontar un lanzamiento de Beyoncé con cierto grado de cinismo. ‘RENAISSANCE’ apuntaba a ser un disco bailable, espontáneo, liberado. Bailable es. Liberado también, pero espontáneo no tanto cuando incluye aproximadamente 100.000 créditos entre autores, co-autores, samples, interpolaciones y demás contribuciones. Y, aún así, el mero hecho que Beyoncé haya entregado un proyecto ambicioso, de título épico que promete un cambio de paradigma, parece ser suficiente para ponerlo por los altares. Críticas como las de Rolling Stone o Pitchfork, más que valoraciones musicales, parecen notas de prensa. Tanto es así que Beyoncé parece haberlas predicho. Y algo que en ‘RENAISSANCE’ sucede continuamente es que ninguno de sus elementos parece dejado al azar. Todo suena pensado y medido al milímetro. Es un disco que busca ser carnal, humano, pero que tampoco deja de ser un proyecto empresarial. Y se nota.

Con ‘RENAISSANCE’ vuelve a ser obligado escribir ríos de texto, investigar más en sus créditos que en la universidad, escribir reseñas bíblicas como la que se avecina. En parte se agradece. En un contexto musical donde manda, precisamente, la espontaneidad, en el que canciones compuestas y grabadas en 20 minutos y que duran 2 se convierten en instantáneos números 1 globales, en el que artistas de su misma talla como Drake improvisan discos y los sacan como si fueran churros sin medir el mercado porque saben que van a triunfar igualmente, Beyoncé entrega un plato denso, lleno de sabores que se complementan pero que también se contradicen, y que degustar con tiempo. Es exactamente lo que se espera de ella y, a la vez, no.

Lo primero que llama la atención de ‘RENAISSANCE’ es la falta de estribillos o singles. En este sentido, ‘BREAK MY SOUL’ no es representativo del disco. Es un tema magnífico de piano house (o «diva house», como he leído por ahí) que invita a dejar atrás el estrés y entregarse al baile. Pero tampoco se puede obviar que suena demasiado familiar y diseñado para sonar exactamente como lo hace desde que incluye una melodía muy parecida a la de ‘Show Me Love’ de Robin S, tanto que sus autores aparecen acreditados en los créditos por requisitos de la industria. Es un clásico, pero no ha cambiado el mundo ni ha hecho «renacer» la música disco dos años después que Dua Lipa, Lady Gaga, Jessie Ware y Kylie Minogue recuperaran este sonido cuando más tocaba. Sí se ha apuntado el tanto de samplear un tema de Big Freedia que pedía a todas luces ese trato. El sample de ‘Explode‘ es, sin duda, lo mejor de ‘BREAK MY SOUL’, especialmente cuando «explota» en un final completamente desbocado que debería durar más. De los mejores momentos que ha dejado el pop en 2022.

Si ‘RENAISSANCE’ llega demasiado tarde a la moda disco como para capturar el «zeitgeist», pues de hecho tampoco es un álbum que suene especialmente moderno, por lo menos sí planta su bandera de otra forma, al ser un trabajo específicamente centrado en celebrar la cultura de baile desde una perspectiva afro y queer. En este sentido, Beyoncé está diciendo a las Duas y a las Gagas que todo lo que han hecho se lo deben a los negros que vinieron antes. Y no solo tiene razón, también tiene la capacidad de hacerlo.

Cuando Beyoncé hace reggaetón, como en la tremebunda ‘I’M THAT GIRL’, que inaugura el álbum entre gruñidos, cambios de tempo y un sample insólito de Princess Loko, rapera pionera de Memphis que murió en 2020 sin que prácticamente nadie se acordase de ella, no suena a otra cosa que a la reina del mundo. Cuando hace disco, suena deliberadamente clásica como en ‘CUFF IT’, una canción tan fina y glamurosa como esa Teena Marie a la que hace referencia. Cuando se pone un vestido jamaicano, como en ‘COZY’, no lo hace de manera edulcorada: nos lleva directamente a las sudorosas discotecas de épocas pasadas. En ‘MOVE’ hasta invita a la fiesta a la mismísima Grace Jones… y esta acepta. El homenaje de Beyoncé pasa incluso por el Detroit industrializado de los años 80 cuando, en la abstracta ‘THIQUE’, se atreve a coquetear con beats prestados del deep-house y el techno. Si ‘RENAISSANCE’ no es un «renacimiento», sí es una enciclopedia de géneros, subgéneros, samples y referencias que, en opinión de Beyoncé, no deben caer en el olvido. Ella los hace renacer.

‘RENAISSANCE’ arranca fuerte. Además de algunas de las pistas mencionadas, en la primera mitad del álbum suena ‘ALIEN SUPERSTAR’, una bestia de gqom sudafricano aplicada a la pasarela de voguing que, en este caso sí, apunta a las discotecas del futuro. Rompe con todo lo que se está haciendo en el pop mainstream actual, incluida la propia Beyoncé. Hay que destacar también el dancehall brutote de ‘ENERGY

’ con Beams, que ya ha pasado a la historia por su polémica con Kelis, pero que sigue sumergiendo el disco con ímpetu en el underground. El paso de ‘ENERGY’ a ‘BREAK MY SOUL’, además, es el mejor desde aquella transición de ‘Chromatica’ que volvió loco a medio Twitter. Y después, ‘CHURCH GIRL’ es lo más parecido a un single de radiofórmula que incluye ‘RENAISSANCE’. Un tema de R&B contemporáneo, sustentado en un sample de las Clark Sisters, que remite a la época de ‘B’Day’ a la vez que Beyoncé defiende que puede ser una chica religiosa y a la vez mover el culo y desnudarse si le apetece, porque ha «nacido libre».

La fiesta de «grooves» -que no de singles formulaicos- de ‘RENAISSANCE’ se enfría pasada la visita a la iglesia del twerking en el momento en que las canciones se empiezan a difuminar. ‘PLASTIC OFF THE SOFA’, la única producción del disco carente de samples, es la típica cancioncilla de «chill disco» que toca la banda de jazz invitada para amenizar el ambiente mientras el público se retira al baño o a pedir bebidas. Beyoncé aprovecha la ocasión para celebrar su longeva relación con Jay-Z y, como consciente de que a nadie le interesa, lo hace en el «filler» más evidente del largo. A continuación, ‘VIRGO’S GROOVE’ calienta el ambiente de nuevo con seis minutos de liberación disco, pero nunca alcanza el estado de «éxtasis» al que refiere la letra, aunque sea provocado por el amor porque sabemos que Beyoncé no se droga. El mayor delito lo comete ‘SUMMER RENAISSANCE’, que recrea ‘I Feel Love’ de Donna Summer y Giorgio Moroder pero nunca suena igual de embriagadora. Más bien parece la canción que suena al final en los créditos de una película.

Es en la segunda mitad de ‘RENAISSANCE’ donde más se percibe la intención de Beyoncé de centrarse en trabajar estructuras centradas en el baile y no en otras más convencionales y pop. ‘MOVE’ crea un escenario de diversión y desafío en la pista. Dentro del meollo, Beyoncé demanda «espacio» para que sus amigas y ella puedan bailar como quien exige que no se pisen sus derechos. La idea es excelente, pero parece mentira que Grace Jones aparezca por aquí y ni se note. Después, el electro-trap oscuro de ‘ALL UP IN YOUR MIND’ hace echar de menos la sensibilidad melódica de BANKS. Y lo más interesante de ‘AMERICA HAS A PROBLEM’ es su título, sacado del single de Kilo Ali de 1990 ‘America Has A Problem (Cocaine)‘. En la canción de Beyoncé, la cocaína es ella porque es igual de adictiva para su hombre.

En este tramo de ‘RENAISSANCE’ sí se incluyen algunas pistas especialmente efectivas o interesantes. ‘HEATED‘ funciona pese a que no deja de ser otra de esas canciones que Drake es capaz de escribir dormido. El final con megáfono es otro momento álgido del disco. Por su parte, la tenebrosa ‘THIQUE’ -voluptuosa como el cuerpo de Beyoncé, al que va dedicada- se crece gracias a un desarrollo que pasa de lo abstracto a lo pegadizo y perverso. Y ‘PURE/HONEY’ es directamente la joya de la corona, otro homenaje a la cultura del ballroom que samplea a dos iconos de este mundo como Kevin Aviance y Jevin JZ Prodigy y que representa lo mejor que ‘RENAISSANCE’ es capaz de ofrecer, al menos, en esta primera parte de la prometida trilogía.

En la última década, Beyoncé se ha convertido en una estrella dedicada a celebrar la cultura negra desde un punto de vista abiertamente politizado, como ha demostrado en sus últimos pasos artísticos, desde su actuación en Coachella hasta el disco de ‘El rey león’. Sin embargo, su reticencia a conceder entrevistas de manera libre a los medios sigue alejándola de la posibilidad de hacernos comprender su obra mejor, desde un punto de vista más personal y político. En ese sentido, ‘RENAISSANCE’ suena divertido pero también calculado, alejado incluso de la propia realidad de Beyoncé. Quizá es ingenuo esperar otra cosa de una artista que representa toda una institución, y lo cierto es que ‘RENAISSANCE’, en el fondo, no deja de ser un disco de pop fantástico. Quizá no vale la pena pensar las cosas tanto.

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Publicado por
Jordi Bardají
Tags: beyonce