El apoyo de Pedro Sánchez a la música pop ha dejado de ser noticia. Hace ya 10 años que compartió sus primeras playlists de música indie, y casi 3 que habló de Beach House, Kae Tempest o Fred again en el podcast de La Pija y La Quinqui. Ha recibido en Moncloa a artistas tan dispares como Jota de Los Planetas, Judeline o El Chojín, ha condecorado a Sílvia Pérez Cruz, y le hemos visto fotos con perfiles tan improbables como Javiera Mena o Jimena Amarillo.
Actualmente recomienda una canción (y un libro) cada fin de semana a través de TikTok. Le pega a todo, desde Cala Vento a Vera Fauna, pasando por cosas tan raras como Restinga, y así hasta perder la cuenta. Algún día no demasiado lejano -o sí, quién sabe- echaremos de menos que el presidente o presidenta de nuestro país apoye todo esto: es una pena darlo por hecho.
El acto organizado este sábado en el Palacio de la Moncloa no era ni estrictamente musical ni pop. Se han cumplido 600 años de la llegada del pueblo gitano a la Península Ibérica (601, en realidad), por lo que se ha organizado un homenaje llamado «Gelem Gelem» en el que se ha condecorado a Pepe Habichuela, Lolita, Teresa Peña «La Lebrijana», Emilio Fernández de los Santos «Caracafé», y Juan de Dios Ramírez Heredia. Entre las actuaciones, Lela Soto en la misma ‘Gelem Gelem’, Israel Fernández en un homenaje a Camarón, y María Terremoto y Anabel Valencia robando el show con un sentido homenaje a ‘Persecución’ de Juan Peña «El Lebrijano», coincidiendo con su 50º aniversario. Fue un disco pionero tan pronto como en 1976.
«Persecución» ha sido una de las palabras más repetidas en una ceremonia que se debatía entre la solemnidad del Palacio y la espontaneidad más españoleta, fuera gitana o paya: podéis ver en redes que Israel Fernández ha terminado presidiendo el Consejo de Ministros.
En Moncloa la puntualidad es estricta, a las 11.00 Pedro Sánchez y Begoña Gómez entran por la puerta del salón asignado, 8 minutos antes todo el mundo tiene que estar sentado, y muy pocos instantes después de las 12.00, el evento ha terminado. Hay un protocolo para cuando los artistas tengan que decir algo y agradecer, y un máximo de tiempo para los discursos que no se anuncia pero se percibe en el ambiente. Que los Goya tomen nota. Ejerce de maestra de ceremonias la escritora y activista Noelia Cortés, que dedica el acto a la muerte de Rafael Amador; la vicepresidenta segunda del Consejo Estatal del Pueblo Gitano, Carmen Santiago Reyes, habla algo menos de 5 minutos, y Sánchez, que interviene al final, no llega a superar los 10.
Ese rigor no impide que se pierda emoción por el camino. El público en su totalidad se pone en pie para el himno gitano ‘Gelem, Gelem’; elevan el espíritu el cantaor Israel Fernández, Diego del Morao al toque, Ané Carrasco al cajón, y a las palmas El Pirulo y Marcos Carpio en el tributo a Camarón; y corta el hipo la interpretación de María Terremoto y Anabel Valencia de las galeras de ‘Mi condena’, en la que nadie se atreve ni a toser.
‘Persecución’ fue un disco que alternaba el cante con la narración de los textos del poeta Félix Grande, en los que se hablaba de la opresión sufrida por el pueblo gitano a lo largo de los siglos («Las gitanas y sus hijos / iban solos por las calles / llevando a su soledad / sujetas de los ramales»). ‘Mi condena’ se desangraba cuando decía aquello de «mi dolor más fuerte era que mis niños crezcan y conozcan esta muerte». 50 años después, las voces de María y Anabel resuenan hasta en el último rincón del Edificio Portavoz. Ellas mismas al terminar muestran su respeto a tremenda canción, algo «tan gordo para el pueblo gitano», pero ya con todo el público en el bolsillo. Tras la intervención de Sánchez, el fin de fiesta une a todos los artistas, por bulerías, sobre el escenario.
Los discursos aunaron el valor del pueblo gitano, como los Flores, con su influencia en artistas como Lorca, Picasso o Sorolla. Carmen Santiago había declarado que «hablar del pueblo gitano es hablar de música, de cante, de baile, de flamenco, de patrimonio cultural y de la humanidad» porque «el flamenco no sería lo que es sin los gitanos». Pero sobre todo era un día de reivindicaciones sociales. «Nuestra historia es una historia de persecución y de resistencia, y también un ejemplo de supervivencia cultural, dignidad y orgullo que se ha mantenido de generación en generación». Santiago agradecía a Moncloa «este acto de justicia y reivindicación», aunque recordando que las políticas públicas aún tienen mucho por hacer porque persisten «desigualdades en vivienda, en salud y en educación». «Ni un niño sin escolarizar», pedía.
Sánchez, con una facultad para sonreír durante una hora consecutiva casi inquietante, recogía el guante subrayando la importancia de la educación, dedicando gran parte de su discurso al «doble techo» que han de romper las mujeres gitanas, y dejando un posible titular para agencias, tras su «beef» con Elon Musk y otros oligarcas: «Celebraciones como el 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, o la conmemoración del «Samudaripen», es decir, el genocidio del pueblo gitano a manos del nazismo, contribuyen a visibilizar vuestra historia ante nuestra sociedad. Adquieren una relevancia muy especial porque los discursos del odio desgraciadamente arrecian como nunca antes en las redes sociales. Queremos decir que siempre nos tendrán enfrente. Estamos del lado de la convivencia y de la coexistencia».
Tampoco dejó de recordar una anécdota: cuando vio a Pepe Habichuela actuar en un restaurante de un pueblo de Almería junto a su familia. Lela Soto incluso se había dirigido a él con un «Gracias, Pedro, por todo lo que haces». Y Noelia Cortés, que aseguró que el presidente estaba allí «porque le hacía ilusión y no por compromiso», terminó diciéndole: «te vamos a llamar Primo Pedro».
José Antonio Carmona «Pepe Habichuela» fue quien recibió el mayor calor del público, con todo el mundo en pie para desesperación de los reporteros gráficos, pero fue Elena Furiase quien supo arrancar unas risas. Su madre, Lolita, no había podido ir porque tenía un espectáculo en Galicia, pero había mandado un vídeo. Tras su discurso «no quiero hacer apología de los gitanos, somos buenos, somos malos, somos como vosotros», se le ocurrió decir que su hija no era gitana, «solo en un cuarto», a lo que Furiase, entre el público, respondió a gritos «¡Sí que lo soy!», despertando la carcajada generalizada. Una celebración, pues, llena de orgullo, a la que no faltaron varias ministras, entre otras por supuesto la de Igualdad. ¿Quiénes serán les siguientes?