Música

Leire Martínez / Historias de aquella niña

Estamos acostumbrados a que los músicos nos hablen de sus traumas en su música: amores que no salen bien, expectativas sobre sueños que no se cumplen, relaciones tóxicas en el entorno familiar, adicciones o una mala gestión de la vida en carretera… En el caso de Leire Martínez, el trauma incluye la propia música. Su salida de La Oreja de Van Gogh, que solo se puede calificar como indecente tras 17 años de dedicación plena (sobre todo por las formas), ha copado titulares y la canción señera de esta era, ‘Mi nombre‘.

El tema, guitarrero e iracundo, contiene frases como «nunca fui tuya, búscate a alguien que me sustituya, ya lo hiciste una vez, pero no podrás esconder más dos caras y un nombre». Pese a la brocha gorda de guitarras y producción, logró entrar en listas y un disco de oro, erigiéndose como un himno para todas las cantantes cuya voz se ha intentado silenciar o minusvalorar a lo largo de la historia.

Otras letras del álbum tienen el mismo sabor a revancha y a superación. Muchas hablan de salud mental, como ‘El ruido’ con Miranda!, más electrónica con la producción de Pablo Rouss. Pero Leire Martínez explica que este álbum «no va contra nadie ni de reivindicar nada». Va de «mimarse a uno mismo». Es muy claro en la balada ‘Aquella niña’, que nos recuerda que la artista sufrió otros traumas, debido a una complicada relación con su familia: las temáticas de este nuevo debut son muy diversas.

‘Cabeza de ratón’, escrita junto a María Peláe y Alba Reig -es decir, sus únicas autoras son tres mujeres sin créditos masculinos en cuanto a composición-, habla sobre el ninguneo que sufren las artistas en la industria, en general: «ya canté la canción de marioneta que aún estaba colgada (…) prefiero ser cabeza de ratón». Y ‘Su maldición’ tampoco es una canción sobre sus ex compañeros, sino que habla abiertamente de violencia de género.

Cuando sí apelan estas canciones directamente a La Oreja de Van Gogh es en sus ruedas de acordes típicas, melodías y trucos estructurales. En concreto ‘La niña que llora en tus fiestas’ viene un par de veces a la mente. También esas figuras literarias inclasificables como «me ha venido un beso a visitar de tu parte» (‘No se me da bien odiarte’) o «vuelan mis memorias hacia un cielo que moja un patio por barrer» (‘¿Será diferente?’).

A estas alturas, después de décadas de destrucción y posterior deconstrucción del catálogo de La Oreja de Van Gogh, uno no sabe qué pensar sobre ese tipo de imágenes. Es como si coautores como Pedro Elipe Navarro y Marc Montserrat Ruiz se hubiesen sentado a estudiarlas e imitarlas porque tuvieran su atractivo. Lo que es evidente es que esas salas tamaño Riviera y Razzmatazz que Leire está llenando con la gorra quedarán satisfechas con estas adiciones tan LOVG.

Primero porque Leire ha sabido construir un repertorio a la altura de su legado con sus curiosidades (el dúo con saxo y Andrés Suárez de ‘Mírame’), sus divertimentos sobre el acento de pijos adoptivos de Madrid (‘Tonto por ti‘, con Abraham Mateo) y hits potenciales (‘Tres deseos’). Y segundo -todo cuenta- por una personalidad pocas veces vista -mucho menos intuida- en el mundo del pop. Recientemente Martínez ha hecho unas declaraciones supuestamente polémicas sobre que el fin de ETA fue hace mucho tiempo. Repreguntada, acaso intimidada, por el diario La Razón, no se ha amedrentado. Ha contestado largo y tendido. Ya quisieran otras -y otros- tener ese carisma.

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Publicado por
Sebas E. Alonso