El rigor de Bloc Party y la irreverencia de Ojete Calor marcan un WARM UP de contrastes

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El rigor de Bloc Party y la irreverencia de Ojete Calor marcan un WARM UP de contrastes

Cerca de 52.000 personas han asistido este año a WARM UP Estrella de Levante, seducidas por la variedad de un cartel que incluía grandes reclamos nacionales e internacionales. El sábado ofrecía un plato fuerte electrónico con el set de Fatboy Slim, que si tiró únicamente de “pendrive” y no tocó ni una sola nota en directo, como sugirió en tono de broma en un punto de su show Ojete Calor, a nadie le importó.

Más fresco que el viernes, el día incluso iría enfriándose con el paso de las horas, haciendo que nos arrepintiéramos a quienes decidimos llevar menos abrigo del necesario porque, total, ayer hizo calor. Aún de día, La La Love You ofreció uno de los conciertos más visualmente llamativos de la jornada, ya que su escenario -como el que presentaron hace meses en el Sant Jordi Club de Barcelona, el mismo día que actuaba Bad Gyal en el Palau- estaba presidido por una burbuja gigante con una cabeza de alienígena dentro.

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Estructurado en torno a una invasión alienígena anunciada a través de un noticiario, el concierto llenó de color y estética sci-fi pulp-pop el repertorio de himnos punk-pop de La La Love You, que, asistidos casi siempre por esa voz forzadilla a lo Dani Martín de David Merino, incluyó versiones de Nena Daconte y los Ramones, además de otros éxitos como ‘Los ojos, chica, no mienten’ o la más sentimental ‘Laponia’, que mantuvieron estupendamente el tipo hasta la llegada de ‘El fin del mundo’.

La puesta en escena fue lo mejor: aparte de la estructura de noticiario alien, durante el cover de los Ramones, Merino surfeó al público metido dentro de una burbuja, al estilo Flaming Lips, pero a lo punki. Después, dos “héroes” sacados del público armados con mochilas plateadas trataron de salvar al público de la invasión alienígena. El «fin del mundo» era inevitable, en doble sentido.

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Roberto Almela

Durante el set de La La Love You me escapé a tiempo para pillar después ‘El fin del mundo’ y ver a Las Petunias, que sonaban vigorizadas y muy ramonianas presentando los temas de su último EP. Además, estrenan batería murciana, por lo que ahora son cuatro miembras. No pudieron rugir más sus guitarras punk-rock ni las melodías de ‘SHHH!!!’ o ‘Historias de mi madre’ transmitir más desparpajo, mientras algunas letras señalaban a los tíos babosos. Producto de “lo que pasa cuando no te hacen caso de pequeña”, ‘No necesito estar sola (ya lo he estado toda mi vida)’ fue uno de los temas destacados hasta el cierre con el grito “uh ah, Marcelo Criminal”.

Rafa Galán

En pleno atardecer no podía estar mejor colocado el set de Carlos Ares, que congrega a un público notable, también cautivado por su intensidad melódica y por una propuesta de directo que hibrida folk y rock, propulsada por una numerosa banda de músicos que incluye guitarras acústicas, violines, pianos, puntuales destellos jazz y melodías como las de ‘Aquí todavía’ o ‘La boca del lobo’, con muchas papeletas para convertirse en clásicas y atemporales. La imagen del escenario es bonita: Carlos Ares lleva una banda de folk-rock clásica, todos los músicos visten acorde con la propuesta estética, y la puesta en escena simula una cabaña de piedra que responde a la estética rural de todos sus discos.

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El pequeño escenario reservado a artistas emergentes -que abre durante la tarde el set electrónico de Hadren- ofrece entrada la noche el contrapunto colorido y humorístico de FADES, desplegando su tecno-pop amateur queer reivindicativo, diferenciándose con una propuesta que combina coreografías superpop con letras explícitamente políticas contra el turismo masivo, el fascismo y «por los Països Catalans». El trío mallorquín se dirige al público murciano en todo momento en catalán, cuestionando a los pesados de las redes que se enfadan cuando oyen catalán porque dicen que no se entiende, y haciendo partirse de risa al personal, incluido el fotógrafo tirando fotos en un lateral, con rimas como “mallorquina, puta y fina”, de su próximo tema inédito.

Rafa Galán

Con la noche ya asentada llega el primer plato fuerte internacional de la noche con el post-punk geométrico de Bloc Party, que tocan por primera vez en mucho tiempo, según su líder Kele Okereke. Traen un sonido limpísimo y cristalino, y superan algunos problemas técnicos con los pedales de Kele, que se muestra enfadado y frustrado en varios momentos del show, aunque siempre logrando solucionar los problemas rápidamente. La asistencia se vuelve loca con ‘Banquet’ o ‘Helicopter’, pero hay que decir que los temas nuevos suenan estupendamente, en especial ese ‘Love Bombs’ con Kele a las voces, y de hecho hay que subrayar la limpia y potente proyección vocal de Kele, evidente también en ‘This Modern Love’; desde luego, como vocalista merece mayor reconocimiento.

Kele, que no recuerda la última vez que Bloc Party actuaron en España, se ve forzado a tratar de animar a un público por momentos no demasiado efusivo -un problema que tendrá también rusowsky más adelante-, quizá como consecuencia del cansancio del día anterior. Quizá porque las canciones nuevas todavía no son conocidas -aún no han salido- y aunque el dance-rock de ‘Traps’ llena de energía el sitio, la popularidad de ‘Banquet’ o la final ‘Ratchet’ lo supera con creces.

No imaginaba que Freddie Mercury estaría tan presente en el WARM UP, pero horas antes de que Fatboy Slim inicie su show con un trozo de ‘Don’t Stop Me Now’, Ojete Calor hacen lo mismo con un fragmento de ‘Barcelona’ puesto a todo trapo. La idea -que descontextualiza un himno catalán- pone en bandeja la propuesta cómica de Ojete Calor, tan aceptada ya a escala popular en toda su absurdez que a veces olvidamos lo inteligentes que son sus letras en realidad. E igual de divertidas son sus introducciones y expresiones políticamente incorrectas, del “Murcia, qué horrible eres”, subrayando el “aroma” a marihuana del recinto, a salidas de tono del tamaño de bromear con desear el fallecimiento de Quevedo, al que han sampleado un rato antes.

Jugando siempre con los límites del humor, Ojete Calor quieren que entiendas que nada de lo que dicen va tan en serio, mucho menos cuando bromean con que el murciano es tan difícil de entender que parece un idioma propio o cuando aprovechan que tocan unos acordes de guitarra para reírse del supuesto no directo a lo David Guetta de Fatboy Slim: “Hemos visto a su equipo: es un pendrive”. Sus bromas sobre el síndrome de Down incomodan algo más, pero supongo que entra dentro de lo esperado. Molan más sus referencias a las coreografías de Aitana o a los pickpockets, riéndose del delirante caso barcelonés cuando describen a carteristas robándose entre ellos.

Por supuesto, el show de Carlos Areces y Aníbal Gómez va más allá de ser un monólogo de humor: al margen de lo efectivos y descacharrantes que son los estribillos y ritmos tecnopop de ‘Extremismo mal’, ‘Vintage’ o ‘Gilipó’, resultan ambos muy carismáticos como maestros de ceremonias, algo evidente si se mira más allá de sus absurdos estilismos. El show deja momentos performativamente tan chulos como la coreografía sincronizada con la pantalla de Mario Bros de ‘Vintage’ o el ataque con pistolas de humo de ‘Mocatriz’, que desde luego no se pueden considerar una broma.

El punto flaco del show es una sesión de clásicos del pop que incluye desde rancheras a Raffaella Carrà, de Camilo Sesto al mencionado Quevedo, pero más o menos cuando llega Concha Velasco ya se hace eterno. Por un lado, las versiones cumplen cierto cometido de Ojete Calor como entertainers festivaleros entregados a la parodia (dar al público lo que supuestamente quiere sin más; entretener desde lo más obvio). Por otro, se agradecería una versión reducida de este tramo y más repertorio propio, que haberlo, haylo.

El cansancio del viernes al sábado desde luego no afecta al público de Lori Meyers, que vive absolutamente entregado al despliegue de hits indie de la banda granadina, ya atemporales, de ‘Hacerte volar’ a ‘Luces de neón’. El océano de personas que corean las canciones del grupo se ve inmenso, y si alguien se atreve a decir que el directo de Lori Meyers es desde hace rato siempre lo mismo, el grupo de Antonio López “Noni” decide iniciar su show -decorado con sus habituales pantallas grandes- con un tema completamente nuevo, ‘En lo total’, estrenado hace escasas semanas y que adelanta su próximo disco. Aunque solo han pasado cinco años desde ‘Hacerte volar’, uno de sus clásicos recientes, por lo que, en todo caso, habría que destacar la capacidad de Lori Meyers para seguir entregando temas nuevos que conquistan a su masivo público.

Solapados en parte con Lori, a Viva Belgrado el escenario pequeño también se le queda corto, al menos después de comprobar la furia que despliegan en directo. Tocan la guitarra como si no fueran ellos quienes la dominan, sino ella quien los posee, mientras su hardcore emocional suena perfectamente engrasado en temazos como “Vernissage”, atravesada por un filtro de vocoder en registro de ultratumba, o “Chéjov y las gaviotas”. Frente a una pantalla en la que se lee el lema “Poético, político y un poco espiritual”, el grupo levanta un vendaval guitarrero apabullante y atronador, con el screamo de Cándido Gálvez en plena forma. Pese a un inicio titubeante, cualquiera que se quedara a verlos salió sin rastro de decepción.

Sigue entregando calidad musical rusowsky, en toda la faceta collage y kitsch de ‘DAISY’. Sin embargo, su set en WARM UP queda algo deslucido por la oscuridad del escenario, la falta de artistas invitados y la escasa reacción de un público que celebra y aplaude, pero no con el entusiasmo esperado. De hecho, rusowsky -que junto a su banda aparece con peluca- ha de esforzarse en animar al público en varios puntos, incluso bromeando con que dejen de echar la siesta porque es hora de pasarlo bien. Sus samples de Las Ketchup, sus ritmos urban y sobre todo sus incursiones latinas, especialmente ‘Malibú’, logran hacer vibrar donde los beats a lo Travis Scott de ‘KINKI FÍGARO’ o la batucada de ‘PINK + PINK’ no lo consiguen tanto, mientras baladas como ‘Baby Romeo’ ponen el contrapunto tierno antes de la tralla makinera de ‘Valentino Rossi’. La estética amateur de los visuales suma a la peculiaridad del show, si bien quizá en otro horario habría lucido más.

Justo cuando va a empezar el nombre gordo de la jornada, Fatboy Slim, empiezan a caer unas gotas sobre La Fica que amenazan con convertir el WARM UP en el más húmedo de lo esperado.

Por suerte, las gotas no van a más y los asistentes del festival pueden cerrar su jornada con la sesión electrónica de Fatboy Slim, que no sé si pincha en vivo o lo simula, pero lanza unos beats para caerse muerto, creando una atmósfera de puro peligro electrónico que, entre referencias al ácido, al pecado o esos malos hábitos aludidos en ‘Role Model’, demuestra que los DJs que conocimos en los 90 saben levantar una rave como pocos. En este caso, tirando también de samples de Eminem y de visuales que reproducen rostros de gente famosa como Basquiat o Blondie. Uno de los momentos que implican a la audiencia nos hace agacharnos y repetir que no somos pecadores, sino triunfadores. Quentin Leo Cook te da electrónica que parte el suelo, para -como cantan Lori Meyers- hacerte volar.

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