Música

La Estrella de David / Máximo

Casi que podría fusilar la introducción que escribí para la crítica de ‘Consagración’ (2018): “siete años sin La Estrella de David han sido demasiados. Vale que David Rodríguez no ha estado precisamente inactivo…”. Bueno, ahora han sido siete y medio. Y en ese lapso David ha sacado singles, un disco de country con Maria Rodés, ha producido a Soleá Morente

Esta vez edita Sonido Muchacho. ‘Máximo’ rompe la línea estilística de La Estrella de David. ‘Consagración’ era la continuación de ‘Maracaibo’ (2011) que, a su vez, era la evolución lógica de ‘La Estrella de David’ (2007). La producción es más pulida. Es todo más rock, menos lo-fi. Se aparta de su sonido más pop, ese que le situaba entre New Order y el noise. Algunas neuras del autor siguen ahí, pero son neuras menos personalizadas, menos concretas. Ha cambiado la perspectiva: de añorar mucho a alguien que se fue/te dejó/dejaste, ha pasado a estar con alguien de quien te quieres prendar, pero, ay, no lo logras. Y aparece Madrid mentado mucho más que el Baix y que Sant Feliu. Definitivamente, ‘Máximo’ es su disco madrileño.

Este cambio lírico y el lifting estético hace que, al principio, no acabe de arrancar en las primeras escuchas. Se echa de menos las sonoridades y las canciones que toquen la fibra desde el minuto cero. Tampoco hay hits tan significativos como ‘Cariño’ o ‘Vejaciones en la costa’. A cambio, hay una colección de canciones más compactas y costumbristas.

Después de una breve introducción instrumental, abre con ‘Yo quiero enamorarme de ti’, lo más parecido a un hit del álbum. Una pieza muy dura, sincopada, rockera y pegadiza, con la voz de David enterrada entre riffs y golpes de batería (Jordi Irizar otra vez). David canta con un ahínco similar a las ganas de enamorarse que tiene. ‘No me quieras tanto’ tiene un bonito deje a The Cure y refleja la frustración que genera estar siempre buscando algo más de lo que se tiene, sentimentalmente hablando. ‘Demasiado bien contigo’, es poperilla y alegre pero no mucho, con él gritando al final “vete ya de mi cabeza”.

En general ‘Máximo’ suena más animado, a pesar de que sobrevuela en él la idea del peso de la edad y el paso del tiempo. ‘Látigo negro’ rompe un poco la progresión del disco: postpunk épico y oscuro, recuerda a ‘La primera piedra’ de ‘Consagración’. Explica la historia del látigo negro, sobre el pastor del pueblo de su padre que se fue a Madrid. “Nunca saldrás de pobre si no robas”. Pura sabiduría capitalista, la del látigo. Y puro lamento anti-gentrificación, el de David “¿A dónde ir, si siempre vendrá Amancio Ortega a recibirme?”.

En general las canciones son simpáticas. ‘Haciendo el tonto’, pizpireta canción de clásico pop rock hispánico, con dejes de Joe Crepúsculo. O ‘Nombre provisional’, un anhelo de redención a través del amor con unas bonitas guitarras muy británicas, muy primeros ochentas. Sólo que no acaban de explotar del todo. Les falta ese drama cotidiano, ese toque que las hace memorables, al que tan bien nos tenía acostumbrados David.

Pero como para romper tanta ligereza, ya en el tramo final, irrumpe ‘Andrés’, la que nos devuelve al crooner arrastrado y emotivo. Es circular, hermosa y triste: “si no pierdo la cabeza es que no va bien”. Un mea culpa en que David admite que añora el dolor, donde reflexiona que “pa qué te voy a querer”. Entre los New Order y Los Planetas más sensibles, se desnuda, se desgarra, se convierte en baladón sentido, desgarrado, en la canción romántica de partirse la camisa. Hay una asunción total de la derrota: “esto no va a ningún lado”. La saltarina ‘Cariño madrileño’ (letra de Luis Troquel) después suena rarísima, tan feliz, tan risueña. A pesar de lo raro de la secuencia, es otra de las canciones destacadas. Y el cierre con el costumbrismo de ‘Mari Carmen’, con referencias a su padre y Manolo Escobar, con bien de ruidismo, espíritu pop, coros de Joe Crepúsculo… Como que hacia el final se dibuja un disco de La Estrella de David más La Estrella de David clásico.

‘Máximo’ es un disco simpático, en general. Pero echo de menos más debacles emocionales. Me faltan hits, me faltan más canciones que me hagan llorar. Los intentos de enamorarme de los temas son los mismos que hace David de enamorarse de sus interlocutoras. Pero como David, tampoco lo consigo del todo. Quizás no es él, quizás soy yo.

Los comentarios de Disqus están cargando....
Share
Publicado por
Mireia Pería