Aunque hubo quien malinterpretó nuestro repaso por su discografía, a mí me encantan Ladytron. En presente. Porque su último disco, aunque es más de lo mismo, me parece más sólido por su número de buenas canciones que los de Ladyhawke, Neon Neon o Cut Copy. Pero lo de anoche en la Sala Joy Eslava fue altamente decepcionante.
La banda se presentó como siempre de negro, casi sin interactuar con el público y con un discreto sistema de luces, lo que deja todo el protagonismo, como siempre, a la fascinante gelidez de sus canciones. Pero hubo un problema. Para que la presentación en vivo de sus canciones llegue al público, dada la frialdad de su propuesta, la gente tiene que concentrarse en sus temas y el sonido de la sala tiene que ser perfecto. La cosa estuvo muy lejos de la perfección.
Hasta tres veces me cambié de sitio para tratar de percibir algo de las voces de Helen y Mira, pero no hubo manera. El gran esfuerzo que tuvo que hacer el público por distinguir por dónde iban las letras impidió que se pudiera disfrutar como se habría debido de lo que fue un repertorio excelente.
Ladytron centraron su show en los mejores temas de su último disco, como ‘I’m Not Scared’ o ‘Runaway’, dejando para el final antes del bis, dos de sus mejores canciones seguidas, ‘Playgirl’ y ‘Seventeen’ (el vídeo es del Apolo, no de Joy Eslava). Tras la primera hora de show, uno pensaba que la banda regañaría a alguien por el desastroso sonido, pero fue peor el remedio que la enfermedad y a la vuelta la voz sonaba saturada produciendo un efecto bastante desagradable durante la final ‘Destroy Everything You Touch’. Me gustaría quejarme ya solo de la ausencia de ‘Evil’, pero lamentablemente hubo más. Alguien plantó ‘Versus’ en sonido de estudio cuando la banda dejó el escenario, mientras la gente salía. ¿En serio se puede pinchar Ladytron después de un concierto de Ladytron? 3.



Dice 
Tendría que decir que el hecho de que un disco incluya referencias noise y tecnopop aparte de un bolero no es bueno porque el álbum, en lugar de ofrecer unidad y coherencia, se queda en el caos y en la falta de decisión; o que el hecho de contar con un minutaje excesivo sólo puede ser malo porque nadie quiere oír a un grupo nuevo durante una hora seguida (¿no era la media hora de ‘Is This It?’ lo que hizo grande 






Hubo un momento en el pasado en que los viernes por la noche se podía ver la tele. A las 22.00 ‘Sensación de vivir’ y a las 23.00 ‘Melrose Place’, que era un poco más picantona e incomodaba un poco a nuestros padres que la viéramos, con esas constantes escenas de sus protagonistas en ropa interior antes y después del sexo.


Corría el año 1972 cuando una película porno cambiaba el género para siempre. La historia de una mujer que tenía el clítoris en la garganta y sólo podía alcanzar el orgasmo mediante el sexo oral fascinó, quizá decir a la crítica es demasiado decir, pero sí a todo fan de la serie B y del cine underground de la época. Antes de ‘Garganta profunda’ el porno rara vez había sido objeto de discusión en los circuitos arties de Estados Unidos. Y más allá de su éxito en Nueva York, la película consiguió permanecer durante diez años proyectada en un cine de Los Ángeles. Un artículo en 




Que el nuevo disco de 













Están que no paran y tienen el calendario petadito de conciertos. Entre sus próximos destinos se encuentran Toledo, Valencia, el 

