
Para algunos de nosotros era el 6º FIB, para otros el 1º. Pero siempre todos nos deprimimos cuando se acaba, así que quizá, y con un Summercase que amenaza al acecho, sigue siendo el mejor festival de nuestro país. Y es que independientemente de que a su cartel puedan ponérsele peros, se dan varias circunstancias que lo siguen haciendo el más divertido: la gran cantidad de guiris, algunos para hacerles literalmente un monumento, otros que siguen desconociendo las propiedades de los protectores solares; la gente que se ducha desnuda; las carpas que duran hasta las 8 de la mañana; la variedad de comidas; la complicidad que se respira; la ausencia de problemas graves de organización (otra cosa son los hooligans o la gente que no sabe hacer sus necesidades en su sitio); los puestos de discos; la playa por las mañanas; los hippies con perros y antorchas de la puerta… Y los conciertos, claro, con muchos muy grandes momentos, comentados después del salto.








Desde el año pasado lo llevan diciendo algunas webs especializadas y, lo que parecía ser de esas cosas de las tendencias que se dicen por decir, se ha convertido en algo real. Desde que volvió a ser moda el rock’n’roll y bandas como The Raveonettes reinventaron el concepto de «canciones de tres acordes», los grupos de chicas están de enhorabuena y el revival generalizado que se está viviendo afecta de lleno a esta corriente del pop que tuvo su apogeo en los años 60. Se reeditan los clásicos vinilos, salen al mercado nuevos recopilatorios, se comercializan rarezas y diverso material inédito, las grandes del pop vuelven en su madurez al estudio… Y con las bases musicales de la Motown, Red Bird o aquellos sellos míticos del girlie pop, nacen ahora nuevos grupos de chicas, en todas las modalidades, para deleite de nostálgicos y amantes del retropop.
Parece que las que han tocado antes la cumbre han sido The Pipettes con su recién llegado ‘






A lo largo de agosto y septiembre (en cada rincón del mundo en una fecha diferente, creo que en España nos toca el 5 de septiembre) se pone a la venta el tercer disco de Hidden Cameras, ‘Awoo’, pero ya lleva tiempo circulando por el Soulseek. Los canadienses dirigidos por el hombre orquesta Joel Gibb se dieron a conocer en 2003 con un primer disco llamado ‘The Smell of our own’. Su singularidad residía en la etiqueta con la que denominaban a su propia música, «gay church folk music», en sus directos, con go-gós en paños menores, o en sus letras, tan escandalosas como ininteligibles. Publicamos la crítica del nuevo disco y recordamos los dos anteriores.


Después de arrasar en UK con su primer disco, donde conquistaron a lectores de Smash Hits, lectores de Attitude, lectores de NME, abuelas y niños, y arrasar en todo el mundo con una gira divertida como pocas, vuelven Scissor Sisters. ‘Ta-dah’ es un disco continuista que parece buscar consolidar al grupo fuera del Reino Unido, donde no son excesivamente famosos. Sale a la venta exactamente dentro de 2 meses, pero analizamos ya el disco canción a canción, sólo, aviso, después de una escucha.




Detrás de este flequillo de tolai se esconde un auténtico cerdo de la literatura universal. Digo «cerdo» no en plan despectivo, sino porque sus libros, entre p*edofilias, n*ecrofilias, c*oprofagias y otras cosas que sin el conveniente asterisco nos provocarían comentarios más desagradables que los que solía haber hace unos años en spanishpop.net, día sí, día también, son una auténtica guarrería. «Tufo», «esperma» y «mierda» son sus palabras favoritas, o sea que poco que ver con el cristalino estribillo de Blondie que hoy nos da título.




Mi cupo de grupos de brit-pop sentimentaloides se completó a finales de los 90 con Travis. Del primero de Coldplay aún me gustaron algunas, pero para cuando salieron Keane estaba más que saturado. De todas formas, recuerdo la primera vez que escuché un disco suyo, que fue una madrugada en un autobús, y ‘Somewhere only we know’, que es la pista 1 de ‘Hopes and fears’, me pareció una canción preciosa. Pensé que el disco me iba a encantar a pesar de todo, pero cuando el autobús llegó a su destino, 25 minutos después, estaba empalagadísimo de ellos. Unos meses después los vi en Benicàssim y constaté el repelús que me daban, debido a los excesivos amaneramientos de su cantante y su pianista, que parecían sumamente desesperados por emocionar a un público que, evidentemente, permanecía bastante impasible esperando que tocaran simplemente los singles.


