No es la primera vez que hablamos de esta mujer ni será la última, porque hay que ver el juego que nos dará Morralla Carey. Yo ya la he visto haciendo todo tipo de ridículos envuelta en millones de mariposas de strass y brillantes, paseando a su perrito por NY enfundada en un minivestido amarillo pollo que no le permitía más movimiento que subir sus cejas llenas de botox… y así un largo etcétera. Pues la semana pasada la joven y siempre bella Mariah nos sorprendió en una entrega de premios con un modelito muy adecuado para su edad, su talla y su vida en general.
El fucsia, ese color que favorece a cualquiera y más cuando se superan con creces los treinta años, es el tono elegido por la diva para vestirse en este acontecimiento en el que ese exige un mínimo de etiqueta. Fucsia pero fucsia-fucsia, nada de rosa palo o rosado o granate. Por lo menos Mariah nos ha librado de toda la producción de prendas de este color ya han debido de necesitar toda la tela que había en el mundo para hacer este vestido, ya que encima es bien largo. Claro, que lo lleva ajustado hasta cortarle la respiración para no dejar a la imaginación de nadie ninguna de sus sinuosas curvas. ¿Para qué insinuar, pudiendo enseñar? Si es que las mujeres de hoy día no sabemos seducir.
Por suerte, Mariah sólo lleva en la mano el sobre con el nombre del ganador, porque si no nos regalaría la vista con algún bolso lleno de glitters varios o cualquier elemento brillante. Mención especial merece su pelo planchado con esmero y su cara a punto de congelarse para siempre por los excesos de botox que la están convirtiendo en una tierna y rechonchilla muñeca de cera. Jó, Mariah, eres lo más.



A lo largo de agosto y septiembre (en cada rincón del mundo en una fecha diferente, creo que en España nos toca el 5 de septiembre) se pone a la venta el tercer disco de Hidden Cameras, ‘Awoo’, pero ya lleva tiempo circulando por el Soulseek. Los canadienses dirigidos por el hombre orquesta Joel Gibb se dieron a conocer en 2003 con un primer disco llamado ‘The Smell of our own’. Su singularidad residía en la etiqueta con la que denominaban a su propia música, «gay church folk music», en sus directos, con go-gós en paños menores, o en sus letras, tan escandalosas como ininteligibles. Publicamos la crítica del nuevo disco y recordamos los dos anteriores.


Después de arrasar en UK con su primer disco, donde conquistaron a lectores de Smash Hits, lectores de Attitude, lectores de NME, abuelas y niños, y arrasar en todo el mundo con una gira divertida como pocas, vuelven Scissor Sisters. ‘Ta-dah’ es un disco continuista que parece buscar consolidar al grupo fuera del Reino Unido, donde no son excesivamente famosos. Sale a la venta exactamente dentro de 2 meses, pero analizamos ya el disco canción a canción, sólo, aviso, después de una escucha.




Detrás de este flequillo de tolai se esconde un auténtico cerdo de la literatura universal. Digo «cerdo» no en plan despectivo, sino porque sus libros, entre p*edofilias, n*ecrofilias, c*oprofagias y otras cosas que sin el conveniente asterisco nos provocarían comentarios más desagradables que los que solía haber hace unos años en spanishpop.net, día sí, día también, son una auténtica guarrería. «Tufo», «esperma» y «mierda» son sus palabras favoritas, o sea que poco que ver con el cristalino estribillo de Blondie que hoy nos da título.




Mi cupo de grupos de brit-pop sentimentaloides se completó a finales de los 90 con Travis. Del primero de Coldplay aún me gustaron algunas, pero para cuando salieron Keane estaba más que saturado. De todas formas, recuerdo la primera vez que escuché un disco suyo, que fue una madrugada en un autobús, y ‘Somewhere only we know’, que es la pista 1 de ‘Hopes and fears’, me pareció una canción preciosa. Pensé que el disco me iba a encantar a pesar de todo, pero cuando el autobús llegó a su destino, 25 minutos después, estaba empalagadísimo de ellos. Unos meses después los vi en Benicàssim y constaté el repelús que me daban, debido a los excesivos amaneramientos de su cantante y su pianista, que parecían sumamente desesperados por emocionar a un público que, evidentemente, permanecía bastante impasible esperando que tocaran simplemente los singles.




Hace dos días, y en sustitución al resumen de ‘Supervivientes’, comenzó a emitirse en Telecinco ‘Yo soy Bea’, la primera copia española (que no la última) de la colombiana ‘Yo soy Betty la fea’, todo un éxito emitido por Antena3 hace cuatro años. Por supuestísimo había que darle una oportunidad a la nueva serie aunque sólo fuera por la curiosidad de saber quién desempeñaría el papel de ‘la peliteñida’ y de las terroríficas secretarias, y por descubrir cuánto de fea sería ‘la fea’ (que por cierto, ¡no es tan fea!). Edurne, la de OT, pone voz a la banda sonora, que no tiene comparación con la genuina ‘Yo soy así’. La serie alcanzó un índice de audiencia del 23,5% el lunes y un 22% el martes, nada mal. 


Hay veces que un libro no te gusta porque sus personajes son muy tópicos y están muy mal definidos; otras porque el argumento no tiene ni pies ni cabeza; otras porque es demasiado denso o demasiado ligero; otras porque sencillamente es malo y lo ha escrito un descerebrado. En este caso, ninguno de estos factores ha provocado que este libro me horrorice ya que es una obra excelente la mires por donde la mires; los culpables de este desaguisado han sido los editores españoles, nada menos que 
A la misma hora que 




