Chinarro: «Como funcionaba la sociedad no íbamos a llegar lejos»

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Chinarro: «Como funcionaba la sociedad no íbamos a llegar lejos»

Antonio Luque es uno de los músicos más prolíficos de este país, como se pudo comprobar en el reportaje sobre su discografía que publicamos recientemente. Tras más de una década siendo un artista de culto pudo empezar a vivir de sus canciones con ‘El Fuego Amigo’ (El Ejército Rojo, 2005) y desde ese momento no ha parado de componer. ‘¡Menos Samba!‘ llega un año después de ‘Presidente’ y ya está con la mente puesta en un siguiente álbum. Charlamos telefónicamente con él hace unos días en una ajetreada mañana de entrevistas promocionales y visitas de carteros y algún que otro despistado.

En un principio tenías pensado publicar el disco con tu nombre real, ¿qué te movió a cambiar de opinión?
Al parecer es un problema para la industria porque, como no todo el mundo sabe que Sr. Chinarro es Antonio Luque, pues despista. Hay gente que se quedaría sin enterarse de que hay un nuevo disco de Sr. Chinarro, que ahora se llama Antonio Luque. Al parecer está estudiado que se tarda como dos discos en que todo el mundo que te seguía continúe siguiéndote, y como no está la cosa para perder de pronto a los despistados me recomendó el sello que, si no me molestaba mucho, siguiera usando Sr. Chinarro. Me dijo que era mejor, aunque si hubiese querido firmar como Antonio Luque me hubieran dejado. No es que fuera una imposición pero lo estuvimos hablando y tampoco pasa nada con el nombre de Chinarro, vamos.

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‘¡Menos Samba!’ incluye diecinueve canciones pero algunas de ellas fueron compuestas antes de grabar ‘Presidente‘ (2011).
Sí, puede que haya algunas que incluso haya compuesto poco después de ‘Ronroneando‘ (2008). En verdad, siempre pasa igual. Uno compone más o menos sin parar, hay rachas más prolíficas y otras que uno no se atreve a meterle mano al asunto de la composición.

¿Y qué es lo que te movió a incluir esas canciones en el disco?
Lo mismo que me mueve a poner las canciones alguna vez en algún disco. Llega un momento en que dices «esto hay que publicarlo ahora» y para ‘Presidente’ pensamos que tenían que ser aquellas once y para ‘¡Menos Samba!’ tenían que ser estas diecinueve. Igual podía haber dejado una de las diecinueve para el siguiente que estoy preparando. Lo que no para nunca, por suerte, es la composición. Uno va archivando en el ordenador los bocetos, las maquetas, las va enseñando en los ensayos y de pronto llega un día en que decimos «vamos a grabar algo, que ya hay que grabar» y cogemos algunas por lo que sea. Las demás se quedan ahí esperando su oportunidad, algunas nunca salen y otras tienen la suerte, o la desgracia, de hacerse públicas.

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Cuando ya reúnes cierto número de canciones es cuando te planteas grabar un disco, sin un concepto previo.
Y hay veces que no tienes canciones suficientes para un disco y dices «hay que grabar ya», como pasó, por ejemplo, con ‘La Primera Ópera Envasada al Vacío’ (Acuarela, 2001), que eran solo siete. El momento de grabar es que uno lo ve que hay que hacerlo y, si hay diecinueve que te molan, pues diecinueve; si hay siete, pues siete.

Llaman a la puerta. Luque tiene una mañana movida: aparte de las entrevistas promocionales fijadas para ese día le ha llegado la edición de doble vinilo de ‘¡Menos Samba!’ y su nueva novela, ‘Exitus‘. Esta vez le preguntan por una dirección. «Ya no me traen nada más. Me han traído el libro y el disco y ahora qué coño me traen, ¿un cuadro?» [risas]

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¿Cuándo sale la novela?
El dos de abril. Ya la tengo aquí en la mesa, acabo de subir las fotos al Facebook.

¿El estilo va a diferir mucho de ‘Socorrismo’?
No se parece, no está escrita de la misma forma. Procuré que fuera más sencilla de leer, básicamente. Aparte, porque son 512 páginas. Si fuera como ‘Socorrismo’ no se lo lee ni mi madre, vamos. También lo hice para que te lea más gente, es parecido a lo que haces con la música, intentar dejar a un lado las partes más raras de tu discurso porque finalmente no hay tanta gente con oído o la capacidad de lectura, digamos, acostumbrada para recibir un mensaje un poco más encriptado.

¿Es verdad que vas a escribir un libro sobre el Betis? ¿Cómo se va a llamar?
Está hecho ya, lo tengo que corregir. Lo escribí en plan ‘Socorrismo’, en dos tardes. No sé cómo se llamará, supongo que ‘Viva el Betis’ [risas]. No me gusta poner títulos. El de ‘Exitus’ sí lo vi claro, pero a poner los títulos de los discos le doy muchas vueltas. Y además un libro que hable no del Betis sino de mi historia con el club, con el beticismo, no sé cómo llamarlo… ‘Mi experiencia con el beticismo’, ‘¿Por qué soy del Betis?’… No sé, más o menos así se llamará.

¿Qué te ilusiona más ahora mismo: Un nuevo disco o tu segunda novela?
La novela me hace más ilusión en tanto que es nueva. Ha sido emocionante cuando la he abierto, ya me pasó con ‘Socorrismo’, y la he reconocido. Abres el libro y ves que eres tú. Como es nuevo me hace un poco más de ilusión, pero quizá esa palabra es demasiado grande, yo no espero grandes cosas ni del disco ni de la novela sino más o menos lo de siempre. La gente que hay en este país que tenga cierta curiosidad y ambición cultural le echará un poquito de cuenta y el resto del mundo seguirá ahí… buscando trabajo en albañilería, no sé.

Volviendo al disco, se puede decir que, con sus diecinueve canciones, no tienes ninguna sequía creativa. ¿Crees en un método de composición o te dejas llevar por la inspiración?
Un poco las dos cosas. Ahora estoy componiendo mucho porque he encontrado un método y tengo la inspiración para escribir las letras. En la música pop las notas que hay son las que hay, tres acordes y poco más. Está la tónica, subdominante y dominante, y con esas tres ya has hecho todo el ‘Psychocandy’ de Jesus & Mary Chain, por ejemplo.

Sí, pero quizá por eso tienes que trabajarlo más, para que una canción no se parezca a la otra.
Sí, pero ¿había algún problema en que en el ‘Psychocandy’ todas se parezcan entre sí? A mí no me lo parecía. Cuando era chaval, claro. Lo que pasa es que cuando llevas mucho tiempo escuchando música… Hay días en que me pongo música clásica, cuando quieres disfrutar de música pura más te vale escuchar a compositores… de los que escribían las notas, porque para componer música tan complicada más te vale que lo escribas. Si no, ¿cómo se lo enseñas luego a una banda? Pero es que la música pop y rock es así de sencilla. De pronto puedes usar los otros grados de la escala, no estar solo con tónica, subdominante y dominante, puedes usar el disminuido y ya te sale un poco brasileño… Cuatro recursos que hay para hacer música pop. Y cuando alguien quiere inventar, como los Animal Collective, por ejemplo, al final tienen que sonar africanos, pues vaya invento, ¿no? No sé, podríamos meter algo de la música de Indonesia o la escala china, pero en música pop al final lo que llega es la letra, el ritmo y que tenga una melodía bonita que se cree con esos acordes de apoyo. Hay millones de canciones así pero ahí está la canción, en la melodía y en la letra.

Cuando trabajas en un disco, ¿dejas los arreglos al productor o te metes también en ello?
Según lo que tenga el productor en la cabeza. Si está muy lejos de lo que quieres tienes un poco de lucha, pero en general esa lucha no viene bien porque si has contratado al productor tienes que confiar en él. Si luego los resultados no te molan mucho, cambias de productor. Es una figura importante en las grabaciones y está bien que haya uno, no lo puede hacer uno mismo todo, vivimos en sociedad y es como los grupos de ahora que dicen «yo me hago la canción, me la grabo, soy el productor, me hago la promo, monto el concierto, conduzco, descargo los amplis, yo…». No lo puede hacer uno todo porque no funciona, cuanta más gente haya trabajando en un proyecto, mejor.

Por eso te sientes a gusto en una discográfica, no como otros músicos de tu generación que se han lanzado a la autoedición.
Bueno, habría que ver los casos: A lo mejor no lo han decidido ellos, lo han decidido las discográficas [risas].

Puede ser.
Sí puede ser, ya te lo digo yo que sí. Lo que pasa es que cuesta decir «me echaron». Duele, pero oye, es verdad.

Ya en la portada de ‘¡Menos Samba!’ apareces dibujado como un comandante de república bananera. Y es que lo que más llama la atención es la lectura política de muchas canciones. ¿Es necesario hablar de política en los tiempos que vivimos?
La importancia de los artistas, si se me permite la palabra, está en que vemos las cosas venir. La cosa es que en canciones como ‘Militar’, que compuse en una época de máximo desarrollo económico del país, ya dejaba entrever que no me molaba lo que hacía la gente. ‘El Mundo Según‘ (Mushroom Pillow, 2006) ya era un disco sobre la crisis. Si te fijas en la portada -que no fue idea mía pero yo le di el visto bueno, con lo cual es como si lo fuera-, ese mundo que se reordena, se resquebraja… o ‘El Fuego Amigo’, sobre el presagio de posibles guerras… Ya veía venir que como funcionaba la sociedad del momento no íbamos a llegar muy lejos, y en ‘¡Menos Samba!’ directamente me pitorreo…

Se nota más mala leche.
Sí, como diciendo «ya lo advertía». En ambientes familiares incluso me tomaban por loco, era difícil criticar la situación cuando todo el mundo tenía tanto dinero para hacer tanto el idiota. Por eso insisto en que, en el tema de internet, cuando hablo de que al poder no le interesa que haya gente contando cosas, aparentemente es ficción, y por eso permiten las descargas, que ya no parecen ilegales solo porque llevan diez años siendo toleradas, etc; es porque al poder no le interesa que haya gente como yo, que diga «así, no». Interesa que solamente sean ellos quienes lo digan a través de los informativos, de los boletines… Todos son mítines, la verdad, incluso un anuncio de compresas es un mitin. Al final interesa que solo queden artistas como Julio Iglesias, que hacen un canto a la vida, más o menos, estándar.

Incluyes la versión que hiciste de Aviador Dro, ‘La arenga de los sindicatos futuristas’, así que no hay más remedio que preguntarte qué te parecen los del presente… y la reforma laboral que nos han clavado.
No conozco cómo es la reforma laboral, yo imagino que todo se irá pareciendo cada vez más a cómo son las cosas en Estados Unidos. Casi mejor eso a que se parezca a cómo son en China. Pero, ciertamente, parece que en Estados Unidos todo el mundo tiene trabajo, al día siguiente te echan y vas a otro y luego a otro y así. Me imagino que habrán hecho una reforma que tiende a eso. Hemos visto en muchas películas cómo te despiden, que el jefe te dice «vete» y ya está, pero claro, eso facilita que gente que no estaba en su puesto de trabajo a gusto se vaya y entre uno que tenga más ganas de trabajar. Cuando era chaval me preguntaba, y el protagonista de mi novela se lo pregunta también, «por qué está trabajando ahí ese tío, que no tiene ganas y está amargado, y en cambio no puedo trabajar yo, con lo bien que me vendría algo de dinero para poder ir al cine o…»

Tú lo sabes bien porque tardaste unos cuantos años hasta que pudiste vivir de la música.
Empecé en 2005, con ‘El Fuego Amigo’. Me voy a tener que posicionar políticamente y yo no soy político, y encima con el título de ‘Presidente’ del disco anterior, que lo peor que tenía era el título… Ahí está el gran fallo de ese disco, en el título. Parece que ahora tengo que hablar de política y no sé… Yo creo que en Estados Unidos las cosas no son tan malas salvo en el tema de la sanidad porque la salud sí que es lo importante. Que tengas un accidente y tengas que pagarte una operación, hipotecarte de por vida, como le pasó a Vic Chesnutt, por lo visto, eso me parece terrorífico. Recortes en sanidad y educación: no. Que se pueda despedir más fácilmente a la gente que está en el trabajo mareando la perdiz quizá no lo veo yo tan mal, fíjate. Yo no creo que un empresario despida a un trabajador así porque un día se levante con los cables cruzados, porque yo como Chinarro soy empresario también y sé lo que pasa, las ganas que me dan cuando tengo un músico que no trabaja bien, que está todo el rato tocando los cojones, pues sé que tengo que despedirlo y lo hice, me gustó despedirlo sobre la marcha. Y también sé que jamás echaría a un músico que lo hiciera bien.

Por lo menos con el grupo que has mantenido últimamente te está yendo muy bien.
Siempre hacen buenos conciertos, siempre. También depende de cómo me pille a mí, pero ellos siempre lo hacen bien. Entonces cómo voy yo a despedir. Al final un grupo es una empresa de cinco personas, seis si va el pipa. ¿Cómo coño voy a decir yo a un tío que trabaja bien que le despido?

¿Es difícil hablar de política sin parecer que quieres aleccionar a la gente?
La política son ideas de cómo nos organizamos, incluso la idea más salvaje puede tener cabida, siempre y cuando no se utilice la violencia para llevarla a cabo. No puedes imponer tu idea a otro por narices, aquí nadie está convencido de nada. Lo que he dicho yo de los despidos viene Jordi [Gil, guitarrista del grupo] y me da un capón. Si los políticos de verdad hablaran de política y, sobre todo, si fueran más honrados… Porque aquí el problema está en que todo el mundo mete las manos en el arroz y eso va más allá de cuestiones políticas. Ahí está el punto, en «toma el dinero y corre», y si por lo menos fueran tan encantadores como en la peli de Woody Allen, pero es que encima son cuatro gañanes…

Tú siempre has defendido hacer las cosas bien, tocar en sitios con buena acústica, e incluso tomaste no hace mucho clases de canto. ¿Qué te parece la actitud de muchos indies de despreciar el hacer las cosas bien?
Tomé clases de canto en su día, pillé algo de técnica y la uso cuando me acuerdo en los conciertos. Empiezo a subir y bajar el diafragma y noto que la voz sale más clara, que no tengo que forzar la garganta… Son recursos que pilla uno para hacerlo mejor. Y bueno, el rollo indie, claro, entre que aprendes y no aprendes… Si haces una canción que ya mola aunque no te sale del todo bien, vas y la enseñas, pero luego aprendes y no tiene nada de malo. Yo, que empecé a tocar la guitarra a los dieciséis años, ahora que tengo cuarenta y uno sería bueno que siguiera poniendo los acordes como en el año 89… No soy tan inútil, vaya, y no tiene nada de malo hacerlo bien. Otra cosa es hacer gala del virtuosismo, que a mí eso no me gusta. Hay veces que puedo llegar a decir a Jordi «no hagas el solo tan así, da las notas pero…» Hay muchas formas de tocar la misma melodía, los mismos solos. Chinarro no tiene que hacer eso pero por eso mismo las canciones que estoy componiendo son cada vez más sencillas, para que sea imposible hacer un ejercicio de virtuosismo sobre ellas. Chinarro no hace eso por definición aunque en algunas canciones se pueda meter un solo…

¿Leíste el reportaje de la revista Rolling Stone donde una profesora de canto evaluaba a solistas indies y hablaban de ti?
Yo aprobé pero no sé qué canción le pusieron. Si le pusieron alguna del ‘Ronroneando’ o de ‘El Mundo Según’ y me aprobó le tengo que mandar un ramo de flores. Pero luego te metes en las redes sociales y la gente te dice que le gustaba más cómo cantabas antes, con lo cual no sé… Incluso hay quien dice «me gustabas más en ‘La Primera Ópera Envasada al Vacío'», que vuelve a salir en la conversación. Canté todo ese disco con un resfriado de tres pares de cojones, con la nariz absolutamente congestionada, y hay gente que dice que le molaba más… Yo tengo claro que todo lo que aprenda es bueno, y si me puso un cinco en cuanto pueda retomaré las clases que tomaba aquí en Málaga. Por lo menos aprobé, no me han quitado el carné de cantante [risas]

Decía que tienes un «timbre muy bonito pero suena monótono, no usa la expresión para enfatizar». Hace poco Joaquín Pascual dijo que quiso hacer su último disco con la mínima emoción posible. ¿Da un poco de miedo mostrar las emociones en público, sientes pudor?
No es que dé miedo, pero daba la impresión de que las opiniones de esa profesora eran un poco como si Chinarro fuera a Operación Triunfo. A la gente le molaba el Chinarro joven porque la voz parecía que estaba contando qué pasaba en el mundo pero que se la pelaba todo. Recuerdo una crítica del Rockdelux -por aquella época yo estaba muy atento a las críticas- que decía «es como una cámara que planta estática frente al mundo…» Igual por ahí van los tiros de Joaquín Pascual en su nuevo disco. Es una manera de contarlo. A la profesora de canto eso no le parece bien porque piensa que tenemos recursos en el cuerpo suficientes como para contar con más dramatismo las partes dramáticas. En fin… Yo creo que tiene razón aquí también, que podría o debería ser más consciente de qué estoy cantando y cuándo lo estoy cantando. A veces estoy grabando, tengo la letra delante y lo que más te preocupa es la afinación, y decía la profesora que afinar, afino. Pero si estás diciendo que te quieres morir no lo puedes decir igual que «me he enamorado de ti».

Entonces lo de cantar sin la afectación emotiva no lo haces conscientemente.
Me sale así porque igual soy un tipo así, me cuesta expresar mis emociones por los medios habituales, por eso igual hice un grupo. Pero vamos, para el disco siguiente voy a intentar que la profesora me suba nota, así te lo digo.

¿Qué significa para ti la palabra «cantautor»?
Está la otra palabra que alguien ha inventado, que viene muy bien para esta pregunta, que es la de «cansautor», eso es lo que no queremos. El «cansautor» cansa porque mete mucha letra, más o menos le da igual cómo la encaja, se acompaña siempre de los mismos acordes pero no son los de los Jesus & Mary Chain sino que son más tristones, más pesados, tiene menos variedad rítmica… Le preocupa sobre todo la letra y luego soltar el rollo, normalmente están muy vinculados a un tipo de tendencia política y social… y eso cansa. Pero, por lo demás, cantautores somos todos los que componemos y cantamos.

Dos preguntas más. Eres uno de los pocos que cantan sobre amores platónicos o historias que se quedan en el principio, que casi no son historias. ¿Es tan válido un amor platónico para una canción como cualquier otro, hay que reivindicarlo?
Los amores de sexo puro también son buenísimos. Pero que las dos cosas se hayan dado a la vez a mí me ha pasado muy pocas veces en la vida y tengo ya cuarenta y tantos años. Los platónicos somos así de puñeteros, como siempre estamos buscando esa perfección ideal que está en otra parte, luego cuando ocurre no lo vemos tan bonito. Me gusta que digas eso, escribo mucho sobre cosas que apenas han durado y si las escribo ya han pasado del todo.

Una de las canciones con más mala leche es ‘La Curva de la Felicidad’. ¿Con la edad se vuelve uno más cascarrabias?
En verdad la canción está dedicada a mí mismo cuando me puse gordo y me casé, o me casé y me puse gordo más bien. Ver tanta gente así que descuida su físico es un problema terrible y tendrá un coste sanitario impresionante. Hay que pensar que cuando alguien descuida hasta ese punto su aspecto físico, si haces eso con tu cuerpo qué no serás capaz de hacer con lo demás, con tu trabajo, con tu familia. También es una manera de entender la crisis, de demostrar que nos hemos abandonado a la suerte de los pollos que están encerrados en una nave todo el día con la luz encendida y no paran de comer. Todo lo que ha pasado es porque nos hemos abandonado.

Foto: José Pablo García

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