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‘Blue Jasmine’: toma el dinero… y llora

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‘Blue Jasmine’: toma el dinero… y llora

blue-jasmineSi algo puede lastrar el visionado de la nueva película de Woody Allen son las ganas de reír con las que suele acudir al cine su público. El mismo director dice que, por su carácter de comediante, el público no le toma en serio cuando se pone dramático y ‘Blue Jasmine’ refleja claramente una historia triste, la de una mujer constantemente en medio de un colapso nervioso tras haber perdido todo en la vida. Una mujer que ha pasado de tener marido, hijo, riqueza y un estatus social entre los ambientes más exquisitos de Nueva York, con bien de Vuittones y muebles que sobrepasan lo caro; a ocupar un triste banco en un parque, hablando sola, sin más esperanza a la que recurrir que una hermana choni, a la que siempre había despreciado y ridiculizado.

‘Blue Jasmine’, a pesar de su posible inspiración en ‘Un tranvía llamado deseo’ (también se baraja como referencia Ruth Madoff, esposa de Bernard Madoff), es una de las películas del director que mejor encajan con el tiempo político y económico en que se ha producido su estreno. Tiene gracia que represente el regreso del director a Estados Unidos tras su «ciclo europeo» como metáfora sobre una sociedad corrompida por el sistema como en pocas ocasiones, y que ahora tiene que recoger el fruto de años de fraudes, burbujas y demás miserias de ladrones de guante blanco. Es también interesante el enorme número de menciones que realiza su guión al hecho de tener buenos genes -ambas hermanas son adoptadas-, como reflexión sobre cuál de las dos protagonistas tiene mejor estrella o mejor «origen» en realidad; pero donde el director se ha manejado mejor no ha sido precisamente en el cine con connotaciones sociales, sino en su particular mezcla de humor y drama a través de personajes en general femeninos.

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No estamos ante su típica película coral y en este caso todos los secundarios aparecen al servicio de las hermanas protagonistas, una notable Sally Hawkins y sobre todo una excelente Cate Blanchett cuya interpretación ya se baraja como candidata para las nominaciones a los Oscar. Sus primeros planos a lo largo del metraje son generosos y cuando mejor vemos a Woody Allen en este caso es cuando pone su firma a esos planos que se mueven cómodamente entre el retrato de lo grotesco y lo hermoso, entre el retrato de lo grotesco y lo que debería producir el llanto.

Por desgracia, ‘Blue Jasmine’ no siempre es tan contundente en la consecución de la carcajada -o simplemente de la sonrisa- o de la empatía hacia el drama que vive su protagonista. Hay cierto abuso de los mismos recursos dramáticos y cómicos a lo largo de la película -el alcohol y las pastillas, el regreso a la canción ‘Blue Moon’- y el resultado no es tan sublime ni recordable como nos advirtió la crítica americana. No estamos ante la mejor película de Woody Allen en 10 años -pronto se ha olvidado la gente de la sorprendente ‘Midnight In Paris‘-, pero sí ante una de las que tienen chicha, que nos ofrece cada par de años. 6,9.

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