‘El lobo de Wall Street’: Scorsese enseña los colmillos

Por | 16 Ene 14, 17:31

El_lobo_de_Wall_StreetPuro Scorsese. Narración en primera persona (monólogos a cámara incluidos), montaje desenfrenado, interpretaciones al borde del ataque de nervios, una extraordinaria selección musical y unos diálogos que se suceden con la misma velocidad con la que el protagonista esnifa rayas de cocaína. Un festín, una bacanal cinematográfica para los amantes del Scorsese más hiperbólico: ‘Uno de los nuestros’ (1990), ‘Casino’ (1995), ‘Gangs of New York’ (2002)…

Sexo, drogas y bonos basura. El director neoyorquino cambia los mafiosos por los brokers de los 90 y la violencia gangsteril por los excesos y la miseria moral de los corredores de bolsa. De las pistolas a los teléfonos. Terence Winter (creador de ‘Boardwalk Empire’ y guionista de ‘Los Soprano’) adapta las memorias de Jordan Belfort –‘El lobo de Wall Street’ (Deusto, 2013)- en forma de comedia negra. El resultado es una sátira alocada y feroz de la cultura del dinero en Estados Unidos, una furiosa dentellada a los orígenes de la actual crisis financiera.

DiCaprio hace unos de los mejores papeles de su carrera encarnando a este lobo con piel de Armani. Un personaje desmesurado y disparatado, un destilado del Gordon Gekko de ‘Wall Street’ (1986), el Tony Montana de ‘El precio del poder’ (1982) y el personaje de Ray Liotta en ‘Uno de los nuestros’. Secundado por un también excelente Jonah Hill, DiCaprio, intenso y eléctrico, lleva todo el peso de la película. Suyos son los momentos más memorables del filme: las demostraciones de su habilidad para el timo, los discursos a sus entregados acólitos (el último, “grito de guerra” incluido, es sensacional) y esas hilarantes secuencias de comedia física como el vuelo a Suiza o la provocada por la sobredosis de fármacos caducados.

Ostentación, codicia, ambición. La ascensión y caída de un broker toxicómano descrita sin ninguna concesión al moralismo (aunque sea un reflejo moral). Ese quizá sea el discurso más demoledor de la película: que un estafador sin escrúpulos como Belfort no sea criminalizado por la sociedad como lo pueda ser un mafioso asesino; que sea para muchos un referente, un ejemplo a imitar, el prototipo de un hombre de éxito. 8,9.

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