Britney Spears no tiene sucesora, pero el pop sigue buscándola

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Britney Spears no tiene sucesora, pero el pop sigue buscándola

Hay algo bastante fuerte en que The Atlantic publique en 2026 un artículo preguntándose si Charli xcx es “la nueva Britney Spears” o “el nuevo Lou Reed”. Ahí va un dato que os hará sentir viejos: Britney Spears apareció como fenómeno pop hace casi 30 años. Lleva 10 sin publicar un disco, está retirada de la industria y acaba de volver a decir que no piensa volver. Y aun así seguimos preguntándonos quién es la nueva Britney.

The New York Times ya había dedicado en 2025 un reportaje al fenómeno de las nuevas Britney Spears del pop. La lista de candidatas se renueva constantemente. Addison Rae, Tate McRae, Ariana Grande, Aitana… Como si hubiera quedado una vacante que alguien tuviera que ocupar.

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Pero Britney no dejó ninguna vacante. Este agosto se cumplen 10 años de ‘Glory’, su último disco, y este mismo mes Britney ha vuelto a explicar que no piensa regresar a una industria que la traumatizó. También ha contado que las cosas ya no son como cuando ella estaba ahí, cuando tenía que ser “too good” y no podía hacer prácticamente nada a su manera. Hoy, las pop stars pueden ser indies y nadie levanta una ceja. Mientras Spears habla de aquella etapa como algo de lo que no quiere volver a formar parte, su figura sigue apareciendo por todas partes en el pop actual.

Charli xcx, probablemente la artista pop más importante del momento, ha dicho que ‘Blackout‘ es su disco favorito ever y muchos han detectado su influencia en ‘brat‘. Charli tiene 34 años y pertenece a esa generación que creció con Britney. En ‘2007‘, además, canta sobre estar en casa, de adolescente, cantando delante del espejo. No es una canción sobre Britney, pero resulta difícil no pensar en toda aquella generación que aprendió a ser pop star delante del espejo viendo sus vídeos.

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Y luego están las referencias calculadas de los artistas. Recientemente, Tate McRae ha utilizado durante su gira unos visuales que recuerdan muchísimo a la estética de ‘Britney’ (2001) y el debate se ha generado ipso facto. Tiene toda la pinta de haber sido premeditado: la conversación online también es promoción. Addison Rae es Britney, toda ella. Aitana ha metido un interludio de ‘Toxic’ en su gira. El fan service de Zara Larsson y Tyla al Britney Army es un canteo. Sabrina Carpenter ya había recurrido a Britney en los VMAs y hasta Rosalía evocó a Spears en el videoclip de ‘Bagdad’, una canción sobre el maltrato doméstico que samplea ‘Cry Me a River’. Incluso la portada del nuevo disco de Karol G ha sido comparada simultáneamente con las cubiertas de ‘In the Zone’ y del single de ‘I’m A Slave 4 U’.

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Todo esto hace que Britney funcione como una especie de capital cultural del pop, tanto estética como artística. Su nombre, su imagen y determinados momentos de su carrera se han convertido en referencias que los artistas explotan para expresarse. Britney ya funciona casi como una idea o un concepto que se puede utilizar dentro de una obra, con más o menos gusto: ‘Britney in 07’ de blackbear no es exactamente un homenaje; ‘Lucky’ de Halsey, sí. En España, Britney ha aparecido en canciones de Rigoberta Bandini o Vicco que hablan indistintamente de nostalgia o salud mental. Hasta una artista tan improbable como Florence + the Machine ha mencionado a Britney en ‘Morning Elvis‘. No son canciones sobre Britney, pero Britney funciona en ellas como una referencia cultural que los artistas utilizan para contar algo sobre sí mismos.

Ariana Grande es seguramente uno de los ejemplos más claros de esa herencia. Su voz está más cerca de las grandes belters, pero su forma de construir una superestrella pop tiene mucho de Britney. Aitana ocupa un espacio parecido en España. Tate McRae lo hace desde el baile. Addison Rae desde la transformación de una celebrity de internet en pop star. Tinashe tiene incluso la conexión directa de haber colaborado con Britney en ‘Slumber Party‘. Y aunque Zara Larsson o ADÉLA hayan mostrado más afinidad por Christina Aguilera o Beyoncé, también entran en esa tradición de cantante que tiene que ser a la vez intérprete, bailarina e imagen. Es un modelo que el K-pop ha recuperado y convertido en toda una estructura de industria, así que tampoco es algo que haya desaparecido con Britney ni que el pop occidental haya descubierto ahora.



Hay además una comparación muy personal que me viene a la cabeza cuando pienso en Britney, y es la de Vaslav Nijinsky. Es una asociación mía y no pretendo establecer ningún paralelismo biográfico entre los dos. Lo que me hace pensar en él es algo mucho más concreto: la manera de bailar. Britney era una bailarina extraordinaria cuando era joven, con una facilidad impresionante para ejecutar coreografías muy exigentes y hacer que parecieran naturales. De Nijinsky se ha hablado muchas veces en esos términos, por su técnica y por esa gracilidad que hacía que movimientos dificilísimos parecieran fáciles. También tenían cuerpos y condiciones físicas muy particulares para aquello que hacían.

Con los años, Britney perdió facultades como bailarina y su manera de actuar sobre un escenario cambió. Pero basta con volver a ver sus primeros vídeos y actuaciones para entender por qué hoy parece tan difícil de reproducir. Cuando se dice que Tate McRae o Addison Rae no tienen el “aura” de Britney, normalmente no se está diciendo que bailen peor. Se está hablando de ese poder que tenía Britney sobre un escenario y de una combinación muy concreta de técnica, físico y presencia.

Ya sea por el impacto que ha dejado o porque no deja de ser referenciada, Britney empieza a funcionar como funcionan otras figuras que han dejado de ser solamente artistas para convertirse en iconos. Marilyn Monroe o James Dean siguen siendo utilizados como referencias aunque sus carreras terminaran hace eones. Su imagen ya no necesita estar ligada a una obra concreta para tener significado. Con Britney todavía es pronto para saber si ocurrirá lo mismo, pero resulta llamativo que, una década después de su último disco y con la propia Britney insistiendo en que no quiere volver, su nombre siga tan presente.

Por eso la pregunta sobre quién es “la nueva Britney” puede entretenernos un rato o generar contenido viralizable, pero quizá no resulte muy útil. Britney puede aparecer como referencia estética, como modelo de pop star, como sample, como título de una canción o simplemente como nombre que permite a un artista hablar de sí mismo. Su influencia está dispersa en multitud de pop stars diferentes. Muchas de ellas han heredado partes de aquello que representaba Britney, pero no necesariamente necesitan convertirse en su sucesora.

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