La palabra “himno” siempre se usa muy a la ligera. Aunque estos cánticos siempre han estado ligados a dioses, héroes, santos y líderes, los periodistas solemos usarlos para describir una canción que puede provocar la euforia colectiva, o simplemente para hablar de una gran canción. La RAE explica que un himno se puede entender como una “composición musical emblemática de una colectividad” capaz de “unir entre sí a quienes la interpretan”, así que no vamos tan mal encaminados. Ayer, esa colectividad fue todo el pueblo de Aranda de Duero.
La línea entre Sonorama Ribera y Aranda ya se ha difuminado completamente. La llegada del fin de semana, atrayendo a miles de personas más que los días previos, lo explica parcialmente, pero es que es imposible hablar de lo que pasa por las noches sin mencionar donde se cocina todo desde bien pronto por la mañana. Himnos modernos y pasados, desde ‘SUPERESTRELLA’ a ‘Un beso y una flor’, se sucedieron en la Casita que Mahou había instalado en la Plaza Mayor de Aranda, petada y a todo trapo desde primera hora.
Poco después, tras atravesar las calles del pueblo usando la camiseta de gamuza cada tres pasos, Arde Bogotá sorprendieron a las más de 5.000 personas que conocían el secreto peor guardado de la edición: su regreso a la icónica Plaza del Trigo. ‘La Torre Picasso’ o ‘Qué Vida Tan Dura’, convertidas en himnos de masas totales.

Love Of Lesbian tenían todas las papeletas para ser la gran actuación del viernes, dado el amor que siempre han recibido en Sonorama, pero eso es lo bueno de las grandes jornadas. Siempre deparan sorpresas. A base de himnos capaces de atravesar generaciones de oyentes, las necesarias declaraciones de Santi Balmes y una banda que nunca dio un paso en falso, el grupo catalán también regaló un show a la altura de su carrera. Este fue dedicado “a todos esos negacionistas del calentamiento global”, a los que Balmes invitó a volver al Sonorama para comprobarlo por ellos mismos (“Antes íbamos con rebequita”); a los “demasiados influencers y pocos lectores”; y a quien entiende la diferencia entre inteligencia, honradez y fascismo: “Tres cosas incompatibles”, sentenció el vocalista.
Son tantos los himnos que tienen en su repertorio que también tuvieron que tirar de algunos prestados en mitad de ‘Los toros en la Wii (Fantástico)’, como ‘Lobo-hombre en París’ o ‘Ritmo de la noche’, rebautizada como “lesbianos en la noche”. Todos ellos, fuente inacabable de nostalgia para gran parte de los asistentes. Puede que en el futuro los de Sexy Zebras, tan pegadizos como salvajes, también queden grabados en la memoria de sus fans. Sobre todo, cuando recuerden los miles de moratones que se llevaron por ellos.
Descubrí al grupo de Gabriel Montes, José Luna y Jesús Luna en uno de los escenarios pequeños de SanSan. Anoche, arrasaron el Sonorama desde el main stage, pero siempre fueron unos maestros del directo. La fórmula es simple: canciones incendiarias con una sensibilidad pop capaz de alargar su vida más allá del concierto. Empezando con lemas tan potentes como “mañana no existe” o “la muerte no es el final”, Sexy Zebras prepara a su fiel público para las verdaderas batallas de ‘Jaleo’, ‘Charly García’ o, por supuesto, ‘Pogo’. Todos ellos, himnos de tirarse al barro, de sentarse en el suelo a remar o de correr en círculos sin miedo a lo que pase a continuación. Otros, como ‘Nena’ o ‘Tonterías’, son himnos para cantar a pleno pulmón. Si no te las sabes, te bastaría escuchar el primer minuto para aprendértelas.

A esto apuntan los temas de Niña Polaca, que si bien no convencieron tanto como el resto de headliners, defendieron bien su repertorio y demostraron que cualquier persona tiene el derecho de elegir qué es un himno y qué no. A veces, es una elección personal. Así fue la entrega del público de Aranda en ‘San Francisco el Grande’, ‘Nora’ o, sobre todo, ‘Los días malos’. Por lo demás, el concierto fue correcto. No todos los shows tienen que ser grandes declaraciones ni experiencias trascendentes. Lo único que me chirrió fue el bajista destrozando su instrumento al final de la actuación. No estamos en los años 70 y, desde luego, la performance no lo justificó, por lo que se sintió un poco fuera de lugar. Estamos en 2026: ¿por qué no regalarlo?
Por la deriva rockera y certera que se había planeado en los escenarios principales, tenía sentido que Depresión Sonora fuese relegado a uno de los escenarios pequeños, pese a ser uno de los artistas con mayor proyección internacional del cartel. Ya sabemos que sus himnos existencialistas son esenciales. En algún punto entre el rock y otra cosa diferente también estaba Carlos Ares, el absoluto maestro de la jornada de ayer.
En cuestión de dos años, el artista gallego ha escalado toda la pirámide social de Sonorama Ribera, debutando en el festival en 2024 como parte de la programación del escenario El Charco. Al año siguiente, conquistó la Plaza del Trigo. Ayer, cabeza de cartel. En este mismo periodo, ha sacado los dos discazos que han cambiado totalmente su carrera y que han transformado su setlist para siempre.
20 minutos antes de comenzar la actuación, la gente ocupaba la pista como si Ares estuviera ya en el escenario. En este, los ojos se iban directamente a la palloza, una cabaña tradicional de Galicia, que estaba plantada en el medio y de la que después salieron los grandes músicos que acompañaron al gallego. Con riesgo de ser un poco cliché, lo primero que se me vino a la cabeza cuando este pisó el escenario fue Jesucristo. Hear me out: es su corte de pelo, es su outfit entero de blanco, pero también es la capacidad de mover a sus seguidores.

“Qué bien se siente estar sano de los oídos” cuando te encuentras en un concierto que es una delicia sónica en todos los sentidos, más allá de los temazos. Además de la calidad técnica, daba gusto ver la actitud de cada persona que se encontraba en la tarima, sin miedo a recorrérsela de un lado a otro instrumento en mano, como si se tratase de una pradera alpina. Poco más se puede pedir.
En lo estrictamente musical, Ares también excede. Es impecable su breve cover de ‘Pájaros de barro’, referenciada directamente en ‘Materia prestada’, así como el colofón de ‘Importante’ a puro violín. Sabes que estás escuchando verdaderos himnos modernos por cómo se cantan: ‘Aquí Todavía’, ‘Días de perros’, ‘Peregrino’… A mitad de esta última, una fiesta ya por sí sola, Sonorama seguía teniendo ganas de corear ‘La Boca del Lobo’, y ya era la tercera vez en el set que esto ocurría. La banda, rapidísima siguiendo con sus instrumentos los deseos de sus fans. La única pega fue que uno de los mejores conciertos del festival ocurriese tan temprano. A la próxima, que nos preparen con antelación.
