A finales de 2013, un año de gran nivel en la novela gráfica patria, Paco Roca se alzaba a las alturas con la publicación de ‘Los surcos del azar’, una obra hecha para ser exportada por su dominio en la narración, por su transcendencia y por clavarse en la memoria del lector como una estaca. Un camino cimentado después de algunos trabajos como ‘Arrugas‘ -que le valió el Premio Nacional de Cómic 2008 y su posterior adaptación cinematográfica-, el homenaje a nuestros tebeos de ‘El invierno del dibujante‘ o el más reciente ‘Memorias de un hombre en pijama’, una recopilación de las publicaciones en el periódico Las Provincias.
Lo primero que vemos en ‘Los surcos del azar’ en cuanto a ilustraciones es un reflejo del momento actual que aparece desdibujado y sin apenas color, mientras que todo lo sucedido en el pasado remoto aparece más definido. Las viñetas están encuadradas y el color trae al presente un tiempo que se desarrolla justo al final de la Guerra Civil Española, probablemente con la intención de dar vida así a una memoria que se ha quedado gris por el paso del tiempo, pero que aún puede despertar interés en las manos adecuadas.
La narración en concreto se alimenta del trabajo minucioso de documentación e investigación del autor sobre la historia de La Nueve, la Compañía de la División Blindada que fue la primera en entrar en París tras la ocupación nazi, formada en gran medida por los republicanos españoles exiliados tras la derrota franquista. Una historia bastante desconocida y que Paco Roca desgrana, dosificando los detalles justos, en una travesía que comienza en el norte de África, pasa por el Reino Unido y corona su final en la capital francesa, con los honores de desfilar en primer lugar, escoltando al General de Gaulle y a las autoridades francesas tras la liberación en el descenso por los Campos Elíseos.
La apatía frecuente -generada sobre todo en espectadores de cine- hacia esa etapa reciente de nuestra historia como es la posguerra, es la misma que para Miguel. Siendo el protagonista de ‘Los surcos del azar’, se ve en la encrucijada de exponer a Paco Roca, por medio de entrevistas que a menudo se alargan, un pasado del que hace años no quiere saber y del que quedan flecos por resolver. Tal vez este recurso de la entrevista a Miguel -de lo escaso ficticio en esta obra- nos recuerde para bien a ‘Maus’ de Art Spiegelman. Un planteamiento que, en las manos de Paco Roca, potencia un relato que, para aliciente del lector que no tenga afinidad por estrategias bélicas, encuentra en los abundantes detalles dolorosos y sentimentales un tesoro del que ser guardián. 9,5.
