Andrei Zvyagintsev (‘El regreso’, ‘Elena’) es uno de esos directores, de esos autores, que parecen mejores de lo que son (por lo menos por ahora). Un aprendiz de Tarkovski que, gracias al brillo de su ampulosa retórica, es capaz de enmascarar discursos con menos trascendencia y carga de profundidad de lo que aparentan.
‘Leviatán’ no hace sino confirmar esta impresión. La película, una de las favoritas junto a ‘Ida‘ en los Globos de Oro y Oscar de este año, es una mezcla de drama familiar y judicial, moderadamente emotivo y narrado de forma eficaz. Una historia de amor que transcurre entre el ruido de las batallas legales que enfrentan a un modesto mecánico rural y al corrupto alcalde del pueblo, y entre los vapores del vodka que ahoga los miedos y la desesperación de los contendientes.
Hasta aquí todo perfecto. El problema surge cuando el director pretende elevar este drama particular a metáfora política general. Ahí es cuando Zvyagintsev aprieta la tecla Bloq Mayús y empieza a poner todo en negrita. La película se carga de solemnidad expresiva pero artificiosa, ironía saludable pero facilona, simbolismo impactante pero grandilocuente y crítica necesaria pero demasiado evidente.
«¿Sacarás tú a Leviatán con anzuelo, o sujetarás con cuerda su lengua?». La metáfora bíblica, tan potente como obvia, le sirve al director para hacer un retrato de la Rusia contemporánea, de su miseria moral y espiritual. El protagonista, un moderno Job, lucha contra la adversidad en forma de monstruo de leviatán al que dan de comer los políticos corruptos y los eclesiásticos sin escrúpulos. El icónico plano del esqueleto de la ballena es un ejemplo perfecto del tipo de escritura que practica Zvyagintsev: impresiona su caligrafía pero decepciona su contenido. 6,6.
