Andaluces, levantaos (y II)

Por | 29 Nov 18, 23:59

Tras la primera parte de este artículo centrado en el trato de la cultura andaluza en el resto de España, continuamos hablando con Dellafuente, Mala Rodríguez, Zahara, Lin Cortés, Mimi Doblas, Anni B Sweet, Mimi Barbz, Antonio Arias, Warmi y Roberto Leal. En esta segunda entrega las declaraciones de todos ellos son las protagonistas absolutas, y tratarán temas como sus dificultades al empezar, la andaluzofobia interiorizada, los complejos con el acento y comentarios que han escuchado incluso en su vida profesional, el doble techo para los gitanos, la relación entre estereotipos andaluces y el capitalismo, el centralismo Madrid/Barcelona y, como decíamos al final de la primera entrega, habrá menciones a Alberti y Lorca, a la serie de animación ‘Bandolero’ y hasta a “un Bad Bunny maricón”. No os perdáis las anécdotas que nos cuentan, y aprovechad para coger papel y boli, porque también les pedimos que nos recomienden artistas andaluces menos conocidos por el público.

“Yo lo quiero contar y a la vez no quiero meter a nadie en un follón…” me empieza a decir Dellafuente. “He dado lo más puro de Andalucía referente al flamenco, en cuanto al baile concretamente, en una prueba, y la persona en cuestión dijo que por qué no se hacía con alguien de Barcelona. Es como si se quisiera mostrar al gran público la pureza de Andalucía pero quitándole la pureza real, estandarizándolo. A mí cosas así me han pasado muchas, y me han sentado súper mal, tío. O sacar algo andaluz y por huevos que me lo subtitulen. Que dices tú “¿por qué no lo subtitulamos en inglés y así lo entiende el resto del mundo también?”. Y son cosas contra las que estoy luchando constantemente”. Antonio Arias de Lagartija Nick me cuenta que él ha tenido una experiencia distinta, “quizás por haber empezado en los años del punk y la Movida, haber tocado en el País Vasco con mi hermano Jesús… pero sí, estoy totalmente convencido de que por lo general al andaluz no se le da el mismo trato”. Zahara me cuenta que, en la época de ‘La Fabulosa Historia de…’, cuando vivía en Barcelona: “había muchos promotores o salas que no querían contratarme o que directamente no se interesaban por mí porque decían, ya no que yo fuera andaluza, sino que mi nombre sonaba andaluz y que por lo tanto tendría que hacer flamenquito o algo así y que no les cuadraba. Por supuesto, sin escucharme”. De esa asociación del músico andaluz con un solo estilo me habla también Mimi Doblas: “las tres andaluzas de ‘OT 2017’ somos un reflejo de la variedad cultural que hay en Andalucía: Mireya toca los palos del flamenco, Marina es una niña de soul y a mí me gusta lo urbano”. “De aquí solo se esperan merches, niñas pastori… que están muy bien, pero no es solo eso, hay muchas alternativas”, me dice Warmi, malagueño y uno de los pocos traperos abiertamente gays en España. “Con ese tema noto más techo de cristal aún, noto que si fuese hetero tomarían más en serio lo que estoy haciendo. Porque no hay un Bad Bunny maricón, vaya”.

¿Este “doble techo” del que nos habla Warmi, y del que nos hablaba antes Anni B Sweet, existe también con los artistas andaluces gitanos? “Sí, el tema de los prejuicios raciales lo veo clarísimo”, me responde sin atisbo de duda Lin Cortés. “Hay muy buenos artistas gitanos que cantan y tocan de puta madre, y la mayoría de festivales los hacen otros que no son gitanos, y yo creo que eso tiene que ver con el racismo. Los programadores, ya sabes… es verdad que el gitano tiene una bohemia, pero forma parte del flamenco, en los músicos de jazz buenos también estaba eso. No somos oficinistas, somos artistas, y la bohemia es lo que tiene. Pero los gitanos no están a la sombra por eso. Me da pena decirlo, pero España sigue siendo un país muy de derechas. Ellos siempre han querido a sus gitanitos para que les canten, para que animen sus fiestas, pero ya está, nunca se ha valorado al gitano, ni tampoco se ha valorado al flamenco como una música de verdadera calidad hasta que el flamenco pegó fuera. Entonces dijeron aquí “¡hostia, el flamenco es bueno!” Pero hasta hace poco el flamenco era pa que se divirtieran los señoritos”. Le pregunto si ve algún avance al respecto y me responde que, aunque hay cambios, también tiene una mala sensación respecto a lo que está por venir, un posible retroceso: “estamos viviendo en una época muy decadente, tío, una época en la que la derecha y la ultraderecha está triunfando en todos los países, en todos lados… y eso desde luego moderno no es, más bien paleto, antiguo. Lo moderno debería ser más igualdad, y no tener que reivindicar tanto cosas que deberían darse por supuestas, como la lucha contra el racismo”. Lin sostiene también que ha notado más valor a su arte fuera de Andalucía: “he tocado muchos años con Raimundo Amador y en el norte a Raimundo lo adoraban, y en cambio aquí no se le valoraba tanto”.

¿Tiene esto que ver con ese complejo del que hablábamos al principio, esa “andaluzofobia interiorizada”? “Lo del complejo es cierto totalmente” opina Dellafuente, “mira, dentro del mundillo, cuando se habla de alguien de fuera de Andalucía… quizás si es de Extremadura no porque es un caso parecido al nuestro, pero si el tío viene de Madrid o de Barcelona, o de Galicia, ya piensas que lo va a hacer mejor, que va a ser mejor profesional, solo por el hecho de ser de allí, que van a tener más medios… que esto último es totalmente cierto, tienen más medios”. ¿Se pone de manifiesto este complejo, por ejemplo, al intentar ocultar el acento? “Cuando ha venido gente de fuera de Andalucía a trabajar aquí, a los que somos de aquí nos transmitía siempre la sensación de “Dios mío, qué profesional es, qué bien habla, ¿no?”, y creo que eso tiene mucha relación con todo este complejo”, me comenta Roberto Leal. Dellafuente también responde afirmativamente: “Es verdad que cuando hacemos entrevistas y tal en Madrid o en Barcelona me cohibo, tío, intento hablar más correctamente de como yo hablo en mi vida diaria, porque si no es como que tu palabra importa menos, que tiene menos validez, tan solo por tu acento y tu forma de expresarte”. Zahara también sentía complejo de su acento: “asociar el andaluz a hablar mal es algo con lo que he convivido siempre. Eso unido a mi facilidad para que se me peguen otros acentos hizo que poco a poco fuera perdiendo el andaluz. Ahora, aunque quiero recuperarlo, solo me sale cuando hablo con mi familia de Úbeda”, lamenta la autora de ‘Santa’. Esto coincide con lo que nos contó Roberto Leal, que coincidió con ella en el concierto de OT del Bernabéu: “a mí también se me había olvidado que era andaluza. Pero, hablando con ella, le salió el acento, y a mí también, y me pareció algo muy guay, ¿no?, es como que lo llevas ahí, salen tus raíces”. A él mismo también le ha pasado: “cuando empecé a trabajar, que estaba en los informativos de Telecinco, no es que me lo mandaran, pero yo mismo me impuse ese mecanismo: si hablaba de sucesos, de temas serios, cambiaba mi acento… estaba más pendiente de cómo decía algo que de lo que decía, y me di cuenta de que no podía seguir así. Si estás pendiente de “ay, que aquí va la zeta, aquí mejor la ese”… acabas siendo una marioneta de ti mismo”. “Es lo típico escuchar al de al lado hablando en un castellano bueno y luego escucharte tú y decir “madre mía, qué cateta estoy sonando”. Es que se nos machaca desde niños con eso”, piensa Mimi Barbz. “Yo recuerdo de pequeña ver los dibujos, todos en castellano, y pensar que era yo la que hablaba mal. Luego veía los dibujitos de ‘Bandolero‘ y decía “ah bueno, mira, éste habla como yo”, y era un alivio”, concluye.

“A mí lo que me da más rabia es lo de que somos catetos, con la larga trayectoria de poetas, actores, músicos, artistas andaluces en general”, se queja Mimi Doblas. Su tocaya malagueña se detiene especialmente en el concepto de “cateto”: “el talento y la cultura se pueden tener de muchísimas formas. Puede que en Andalucía haya en porcentaje más zonas de campo, menos desarrolladas, pero ojo, menos desarrolladas en el sentido de estudios universitarios y tal, porque te puedes encontrar familias que han trabajado en el campo toda su vida y eso no quita que sean menos ni que dejen de tener cultura. Nadie sabe de absolutamente todo, yo a lo mejor de lo mío sé muchísimo, pero tú me preguntas en qué época crecen las naranjas y no tengo ni puta idea. Y así cualquier persona, dependiendo del tipo de vida que haya tenido… yo sé de unas cosas y la otra persona sabe de otras, no tiene que ser inculta por eso”.Barbz pone de ejemplo al mismísimo Lorca: “tú ves sus escritos originales, y yo no he visto una cosa con más faltas ortográficas en mi vida. Y no te hablo de andalucismos, sino de faltas. Y, madre mía, si ahora resulta que Lorca era inculto y cateto, yo me mato. Yo abogo por la ortografía, claro, pero eso no condiciona lo otro”. Mala Rodríguez también hacía hincapié en esa larga lista de artistas: “soy andaluza, sí, como Alberti, como Lorca, como Lola Flores… ha habido tanta gente tan máquina en Andalucía que si no los mantenemos nosotros vivos, ¿quién los va a mantener?”. Finalmente, Antonio Arias sentencia: “pocas civilizaciones fuera de Inglaterra o EEUU han aportado tanta música al mundo como la andaluza. Y además para quedarse”.

¿Es aún más difícil si estás empezando? ¿Es posible triunfar fuera del binomio Madrid/Barcelona, y especialmente en Andalucía? “Está imposible en general”, lamenta Arias, “cómo coño consigue un grupo pagarse instrumentos, grabaciones, tener la ilusión para seguir… es una cuestión de escenas de influencias para que los vean… de derechos de autor olvídate, de que te paguen lo que te pagaban antes olvídate, etc”. Warmi y Mimi Barbz, que de nuestra lista son los que más encajan en esta categoría, tienen claro que si: “si quieres llegar a algo, te ves obligado a ir a Madrid o Barcelona”, me dice el primero, aunque la segunda matiza “también es verdad que peor lo tiene alguien de un pueblo perdido de Castilla La Mancha”. “Sé de gente con ideas muy buenas que estaba aquí, se fue fuera y allí le funcionó, hizo contactos, había medios… a mí mismo me pasa”, me confiesa Dellafuente acerca del centralismo. Él ha pensado muchas veces en irse allí, “porque en una semana que me tiro en Madrid entre reuniones y tal avanzo en mi carrera lo que un año en Granada, es exageradísimo. Aunque hables por Internet con marcas y tal, como el frente a frente… como eso no hay nada. Y eso en Andalucía no lo podemos hacer”. “Yo misma me tuve que ir a Madrid por eso”, me cuenta Mimi Doblas, “aunque poco a poco veo más cosas por Andalucía, al menos en cuanto a festivales y propuestas culturales”. “Ahora que estamos tontos perdíos y no importa tanto cómo cantes sino cuántos seguidores tengas en Instagram, ahí da un poco más igual si eres andaluz o de Honolulu… pero sí, siempre he tenido claro que si yo estuviese en Madrid trabajaría más. Si te mueves en Madrid te codeas con la gente por la noche, y te salen más cosas, que si conoces a un músico y te invita a su disco, que si a un periodista y te hace un artículo…” describe Lin Cortés, detallando un ambiente parecido al que satirizaban precisamente los andaluces Pony Bravo en ‘Mi DNI’. “Lo ideal sería tener un apartamentito en Madrid, pero no hay dinero pa tanto. A ver si se compra el Dellafuente ya una casa en Madrid y me prepara una habitación”, bromea Lin. Barbz, cuyo tema ‘Págame‘ trata precisamente el feminismo capitalista, cree que detrás del estereotipo también hay negocio: “a nivel de sistema está muy bien planteado y quieren que sea así: Madrid y Barcelona están para una serie de cosas y Andalucía está para otra serie de cosas. A España le viene de puta madre que la zona de Andalucía sea fiesta, cerveza, siestecita, playita y olé. Eso hace que mucha gente venga y en verano esto sea una auténtica mina. Tanto guiris como gente de Madrid y de otras partes de España, claro… porque oye, los andaluces serán unos catetos pero no veas qué playas tienen, una cosa no te va a quitar la otra”, ironiza. Turista, ven a Sevilla, ya sabéis.

“La Junta hizo una campaña para promocionar el talento creativo andaluz… y contrató a una agencia de publicidad de Barcelona. ¿Me entiendes? Es un poco eso”. Esto que me dijo La Mala me pareció especialmente clave: ¿hay industria musical aquí? Para Dellafuente, la respuesta es un rotundo no. “Hay gente con muchísimo talento aquí, pero no hay una industria, o igual la palabra no es industria, pero no hay un círculo sobre esto. Lo cual hace que a la hora de grabar algo necesitas que venga una productora de Barcelona para hacerlo en condiciones. Es la pescadilla que se muerde la cola”. En este sentido, su videoclip de ‘Me Pelea’ ha sido un hito, y así se lo hago saber al granadino, que me cuenta entonces lo chungo que ha sido el proceso y lo muchísimo que le ha costado llevarlo a cabo como quería. “Grabamos ‘Me Pelea’ hace más de un año, con la idea de fusionar la tradición y el folclore con lo moderno, y queríamos grabar un vídeo, pero el presupuesto no nos daba… he ido guardando hasta poder hacer algo en condiciones. Ahora estoy súper contento con el vídeo y lo que queríamos transmitir, aunque sí que es una putada que lo de Rosalía haya salido antes, o el de Tangana con la estética de la España Profunda, ¡en un puto mes han salido los tres vídeos!”, se ríe. “Y a este inconveniente se le une nuestra dificultad para saber vendernos: intentamos parecernos a los demás, a lo que vemos en las pelis y en la tele, pero es la hora de vender lo nuestro. Así que me parecen de puta madre el vídeo de Rosalía, el de Pucho, el de Mala, mi vídeo, todos los vídeos con este aire tan español, tan nuestro. Que lo ves y dices “esto lo he mamao”, podrás decir “no me gusta”, “lo odio”, pero dices “lo odio… pero es mío””, concluye el de Granada. ¿Somos conscientes de nuestra propia Historia? El autor de ‘Consentía’ tiene claro que no: “a raíz de la estrella de ocho puntas que yo uso me he dado cuenta de la impresionante riqueza arquitectónica y cultural que tenemos en Andalucía, un legado súper rico… y decimos “sí, qué guapa la Alhambra, ahí está”. Y ya. Pero tío, los catalanes saben valorar y vender estupendamente su Sagrada Familia y todo lo suyo, y nosotros… parece que tiene que venir algo de fuera para que nos demos cuenta, ha pasado recientemente con el vídeo de Rosalía, hemos dicho “coño, si es que es verdad”. Aunque también es la pescadilla que se muerde la cola, no puedes hacer algo sin industria. ¿Cuántos andaluces se han ido y se van fuera a buscarse la vida? Nos falta industria porque la gente se va de aquí, porque aquí no tiene nada que hacer”.

Al hablar de los problemas de los artistas andaluces para hacerse un nombre, les pido a los entrevistados si hay alguien que creen que encaje en ese perfil, alguien que ellos consideren que debería estar petándolo y, sin embargo, no ha alcanzado aún ese punto. Dellafuente habla de Pepe: Vizio o de Maka, y también del propio Lin Cortés, “’Gypsy Evolution’ es totalmente exportable a cualquier rincón, Lin tiene un recorrido increíble, pero es de Andalucía y no tiene alguien detrás potenciando eso”. No es la única coincidencia de recomendación: Warmi alaba, además de a La Dani, a la propia Mimi Barbz (que hace lo propio con él, además de recomendar a Josan Fame), y Mimi Doblas recomienda, además de a Raúl Gómez (“su estilo no se asemeja al de ‘Tu Canción‘, tiene un potencial increíble y una propuesta audiovisual muy guay”) al mismísimo Dellafuente (“si todavía queda alguien que no le haya escuchado, que lo escuche, por Dios”). Por su parte, Mala Rodríguez sugiere a María José Llergo (“tiene una pureza dentro increíble”) y Lin Cortés defiende la discografía de La Negra, “ponte el último suyo y escucha el rollo tan distinto a todo que hay ahí, la clase y la elegancia… y luego ponte Los 40 Principales a ver qué pasa”.

Pero, para concluir, ¿qué posibles soluciones hay para todo esto? A la llamada para crear industria de Dellafuente hay que añadirle la defensa del hermanamiento entre ciudades que hace Antonio Arias: “yo creo que las ciudades no están representadas. Una ciudad tan pequeña como Granada, lo que se haga tiene una repercusión tremenda, pero otras como Málaga o Huelva no están representadas en la repercusión de sus grupos. Y a mí cuando no me inspira Cádiz, me inspira Sevilla, cuando no me inspira Triana, me inspira la Sierra, me inspira Málaga, me inspira Almería, porque los Lagartija somos los juglares y los narradores de la Andalucía mágica. Hay que hermanarse, hay que hacer más colaboraciones, que la comunión entre grupos que hay en Granada se de entre otras ciudades andaluzas. En esta sociedad tan pro-individuo hay que quitarse la venda de los ojos, porque no eres nadie sin la gente, y eso pasa también por interesarse por lo que pasa en tu barrio”. En cuanto a la eliminación de los estereotipos y prejuicios, la televisión juega un papel clave, y también el hecho de que los personajes públicos muestren su origen andaluz sin avergonzarse. Hemos hablado del caso de Roberto Leal, y él mismo comenta que, aunque “en absoluto soy el primero, a mí me encanta escuchar por ejemplo a Antonio Banderas”, sí que le supone “una alegría que muchos compañeros me digan “qué guay que se escuche el acento andaluz en un prime-time”, y mi pena es que esto no sea visto aún como normalidad”. Suele haber un dilema con estas decisiones, y no ya solo con el tema andaluz, también se da con los casos de figuras públicas LGBT: el binomio entre quienes potencian esa representación y quienes argumentan su armario con un “soy artista, no activista”. “En mi caso, ni una cosa ni la otra: yo es que soy así, éstas son mis raíces, y ésta es mi forma de comunicar y de entender la vida. Quitar tu acento… eso sí que me parece un atraso. Y bueno, también es cierto que las personas de los medios tenemos una responsabilidad. No es que haya que ponerse a dar palmas y vestirse de verde y blanco, pero viene bien cuando sale la conversación dejarlo claro. Porque ya hemos aguantado bastante”.

Este artículo es solo un intento de contribuir a que la conversación se ponga sobre la mesa, porque no se puede arreglar ni solucionar un problema que no existe, y no existe lo que no es visible. Por supuesto, me quedo con las ganas de preguntarles a muchos otros artistas, pero por cuestión de extensión y de tiempo (¡demasiado he robado ya!), considerad esto solo una aproximación. Una aproximación que Roberto Leal se encarga de rematar, diciéndome: “yo creo que cuando más libre he sido y cuando más a gusto me he sentido es cuando he hablado con mi acento, con total libertad y sin miedo”. Quizás sea momento de levantarnos y hacer honor a nuestro himno (y de que no nos pongan tantos impedimentos para ello, claro). Si lo has visto es porque es, ¿no?

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