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Las 40 mejores canciones de Robyn

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Las 40 mejores canciones de Robyn

Este mes de junio Robin Carlsson, más conocida como Robyn, cumple 40 años. De los cuales ha dedicado más de 25 a la música pop, atravesando distintas etapas hasta convertirse en lo que es a día de hoy: una estrella transversal que goza de tanto fervor (no podemos llamarlo éxito exactamente) del público como de la crítica, con un papel destacado en carteles como los del reciente Primavera Sound o el inminente Mad Cool 2019. Por eso, y porque es una de las artistas que más cariño guardamos en nuestra web y a la que con más atención hemos seguidos desde nuestro nacimiento, celebramos el «mes Robyn» en JENESAISPOP escogiendo en un ranking las 40 mejores canciones de su carrera, que iremos agrupando de 5 en 5 (a razón de dos entregas cada semana) hasta completar el listado y su correspondiente playlist. Además de sus primeros álbumes de mediados y finales de los 90, su posterior giro electro y modernización, su conversión a estrella del alt-pop y su posición actual como un icono del pop electrónico más refinado –con el fantástico ‘Honey‘ con el que regresaba el pasado año–, hemos considerado canciones de EPs –junto a Royksöpp o con La Bagatelle Music– y colaboraciones en las que se ha implicado en el plano compositivo, y no simples featurings. Comenzamos…

1
Dancing On My Own
2010

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“Estoy en la esquina, mirándote besarla, oh / Estoy dando el máximo / pero no soy la chica que llevas a casa, oh / Sigo bailando sola”. ¿Quién diantres no ha vivido exactamente esa situación al menos una vez en su vida? ¿Cómo no empatizar con esa Robin semioculta en la pista de baile, dándolo todo para que la persona de sus sueños se gire hacia ella y se acerque? Quizá por eso ‘Dancing On My Own’, el single principal de ‘Body Talk’ y que ya se incluía en el primer EP de la saga, ha terminado por convertirse en el gran himno de la artista sueca, una canción de esas más-grandes-que-la-vida, que provoca cuando suena en sus conciertos que el público, como si fuera ya una suerte de ritual cómplice, cante el estribillo completo mientras Carlsson y su banda guardan silencio, erizando el vello y haciendo realidad esa expresión permanentemente ligada a Robyn de “bailar con lágrimas en los ojos”.

Un concepto que, evidentemente, no inventó ella, pero sí que era exactamente lo que perseguía cuando ella y Åhlund escribieron la canción con Patrik Berger: en una entrevista de la época citaba como referentes himnos “disco gay” de Sylvester, Donna Summer y, atención, ‘Dancing With Tears In My Eyes’ de Ultravox. Curiosamente, esta fue la primera y última colaboración de Robyn con Berger, que entonces venía de trabajar con Kylie Minogue (‘In Your Eyes’), Hillary Duff y una estrella británica del perfil de la primera Robyn, Billie Piper. ‘DOMO’ también cambió para siempre la carrera del productor y autor sueco, que desde entonces tuvo y tiene un estatus estelar, trabajando en éxitos de Lana del Rey, Charli XCX o Icona Pop, aunque manteniendo un perfil alternativo que le ha llevado a colaborar también con Santigold, Peter Bjorn and John, Those Dancing Days, Ariel Pink o Mura Masa. Y cabe destacar también su imperdible proyecto BC Unidos.

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En un primer contacto, ‘DOMO’ pudo parecer una suerte de revisión de ‘With Every Heartbeat’, con la que no solo parece compartir alguna secuencia de acordes sino que coincide también en ser una estructura in crescendo a partir de un reconocible sintetizador. Pero lo cierto es que son dos temas muy distintos porque, allí donde el tema con Kleerup suena saturado de arreglos, en este tema, sin ser minimalista, sus elementos gozan de un mayor espacio, respiran más, dejando brillar pequeños detalles. Como los golpes de claves que suenan al inicio del segundo verso –justo después de que se haga un silencio y Robyn cante “I’m just gonna dance all night”– o ese tecladillo que suena de fondo en el momento previo al puente. Un puente que, como sucede en ‘Be Mine!’, es una cumbre particular dentro de la canción, al trasladar al lenguaje musical el momento en el que “las luces se encienden, la música muere” y ya no hay manera de esconder las lágrimas en la oscuridad y la mascarada de las luces estroboscópicas. Es entonces cuando, de nuevo, se hace el silencio y la parte vocal del estribillo regresa a capella para, con un redoble digital, hacer que irrumpa la instrumentación con toda su fuerza y emoción. Emoción –pura y genuina– es, de hecho, la palabra que va inevitablemente ligada a ‘Dancing On my Own’.

Esa emoción fue trasladada perfectamente a su también icónico vídeo, dirigido, cómo no, por Max Vitali. El realizador sueco y pareja de la artista pone en contraste dos tipos de plano: unos a cámara lenta en los que, entre claroscuros rojos, se dibuja la imagen de Robyn en un club, mientras todo el mundo baila a su alrededor; y otros, perfectamente iluminados, en los que, exultante, Robin Miriam baila desinhibida, mirando directamente a la cámara, llena de pasión y, por momentos, se diría que al borde del llanto. Todo esto propició un nuevo éxito para Robyn: no logró repetir el número 1 en Reino Unido de ‘With Every Heartbeat’ (se quedó a las puertas, en el 2) pero sí le valió alcanzar un nuevo número 1 en su país, Suecia. En nuestra web fue el número 4 en nuestra selección de Mejores Canciones 2010, y honra a nuestros lectores haberla elegido como canción del año. ’Dancing On My Own’ incluso sonó en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel de 2010.

2
With Every Heartbeat
2007

Pocas cosas nuevas se pueden decir sobre este clásico, así que voy a empezar por una curiosidad que revelaron Mark Graham del NY Post y Bex Schwartz de VH1: poneos los primeros diez segundos de ‘Wildest Dreams’ de Taylor Swift, y ahora los diez primeros de ‘With Every Heartbeat’. Yo también flipé al darme cuenta, sí. Pero es de lo poco que no sepamos a estas alturas: el tema, segundo single de ‘Robyn’ y primero del debut de Kleerup, es uno de los más míticos de la sueca, y se convirtió en un hit bastante mayor que su predecesor ‘Konichiwa Bitches’, un hit que poca gente se esperaba, entre otras cosas por lo extraño de su estructura (no hay un estribillo clásico y el larguísimo outro es casi más estribillo que el supuesto estribillo).

‘With Every Heartbeat’ nos sitúa en ese punto en el que una relación no tiene ya salvación posible, por mucho que quieran los miembros de la pareja, por mucho que duela y por mucho que Robyn tarde en darse cuenta. La esperanza y la desesperanza están juntas en su voz durante toda la canción, pero librando una batalla que, cuando el tema comienza, parece que se inclina por el lado de esperanza. Ésta se resiste a perder (el primer «maybe we could make it alright» lo dice de hecho con un tono optimista), pero a cada paso se va debilitando, al igual que la voz de Robyn se va haciendo más amarga, y, finalmente, cambia también la letra: desde el «just a little bit better / good enough to waste some time / tell me, would it make you happy, baby?» se va abriendo camino la imposibilidad de arreglar la relación («we could keep trying but things will never change»). Robyn tiene que seguir su camino, aunque se muera «con cada paso que da». Lo acepta y no mira atrás… y entonces llega ese lastimero «and / it / hurts / with / eve-ry / heart-beat» entonado como verdaderos latidos de un corazón que ya no tiene fuerzas. Pablo Tocino.

3
Do It Again
2014

La producción de ‘Do It Again’ es quizás la mejor fusión conseguida entre los estilos de Robyn y Röyksopp -los tres parecen una única entidad distinta-: ninguno de los subidones suena barato y desganado sino al revés, tenemos el uso de la cadencia rota en el puente, el outro que es todo lo contrario, etc. Pero, más allá de eso, ‘Do It Again’ encierra además uno de los mejores ejemplos de las dotes interpretativas de Robyn a la hora de cantar. La canción narra el magnetismo entre dos personas que, aunque intentan alejarse porque saben que no es lo correcto/porque la relación es tóxica/porque uno de los dos (o los dos) tiene pareja/etc, vuelven a caer una y otra vez. Pueden intentar autoengañarse todo lo que quieran, pueden pensar que es posible jugar con fuego sin quemarse, que la línea es muy delgada pero no invisible… pero la realidad les sacude como nos sacuden los sintetizadores de esta canción.

Así, Carlsson llena su interpretación de pequeños detalles: empieza casi animal, entregada al placer sin ningún tipo de arrepentimiento tanto en la primera estrofa como en el doble estribillo y en el inicio de la segunda, con una petición («one-more-time / let´s do it again!») que luego se tornará súplica. Porque Robyn intenta dar marcha atrás, su voz va cambiando en un maravilloso puente cuyo final es igual de maravilloso: ese «if you’ll stay around, we’ll just…» empieza como una advertencia madura, pero el grito en «…do it AGAIN!» puede entenderse como un énfasis a dicha advertencia… y también como una rendición ante lo prohibido, un «mira, qué cojones, ven aquí». Es entonces cuando le toca al amante empezar a darse cuenta del peligro, y querer apartarse y «hacer lo correcto». Pero Robyn ya no quiere, y llega ese outro con los «again, again / again!» que oscila entre el llanto y la súplica por parte de la sueca, cuya voz se infantiliza pareciendo por momentos una niña pequeña a la que se le ha acabado el tiempo de juego. Todo funciona como un reloj en ‘Do it Again’, que hace que no puedas dejar de bailarla en ningún segundo de sus cinco minutazos. Ni tampoco de sentirla. Pablo Tocino.

4
Be Mine!
2005

Si ‘Call Your Girlfriend’, ubicada en este top un par de puestos por debajo de este texto, hablaba sobre “La Otra”, esta ‘Be Mine!’ que fue escogida como primer single de ‘Robyn’ –y fue, por tanto, su carta de presentación al mundo desde la perspectiva independiente y alternativa que tomó tras abandonar la industria multinacional– está entonada por parte de la engañada, la abandonada. Porque, aunque lo parezca por el énfasis que da el signo de admiración, su título no se lee en realidad como un imperativo “¡se mío! Su estribillo da el contexto correcto: “nunca fuiste y nunca serás mío”. “La lluvia es algo bueno porque oculta las lágrimas de tus ojos / Igual que las cosas buenas maquillan el dolor”, arranca Carlsson cantando mientras el rasgar de un violonchelo –constante en un tema que brilla en buena lid por sus emocionante cuerdas– esboza una pauta rítmica marcada por una caja asincopada.

Con apenas estos mimbres –a los que luego se suma un bajo y los violines, arreglados por el jazzman sueco Joakim Milder, que aportan un extraordinario dramatismo– Robyn y Åhlund construyen una de las cotas de su trabajo conjunto, un (otro; y van…) himno para bailar con lágrimas en los ojos, que alcanza su zenit cuando, en el puente, Robyn se dirige de forma directa a su amado (que hace tiempo que, con toda frialdad, no la escucha), hablando: “Te vi en la estación. Tenías los brazos alrededor de cómo-se-llame. Llevaba la bufanda que te regalé / y te agachaste para atarle los cordones / Parecías feliz, y eso es genial / Es sólo que te echo de menos, eso es todo” son, quizá, los versos de rendición más dolorosos que se hayan bailado jamás. De forma curiosa, ‘Be Mine!’ tuvo un primer vídeo más abstracto (pero también más emocionante) en el que parece querer transformarse desesperadamente en aquello que, se figura, su amante desea. Dos años después, habiéndose convertido ya en un nuevo éxito en los países nórdicos, su novio Max Vitali dirigió un nuevo clip menos metafórico, en el que Carlsson, con su ya característico pelo corto, vive un encuentro fortuito con su ex, de manera menos imaginativa.

5
Missing U
2018

Robyn empezó a escribir ‘Missing U’ en 2014. Le recordaba a Kate Bush y a la música “dulce y templada” que sus padres escuchaban en los 80, pero sobre todo le recordaba a cosas no tan dulces. “La canción me hacía sentir cada vez más deprimida: era sobre mierda bastante dura, y yo ni siquiera lo sabía por el momento”, cuenta, “intenté acabar esa letra durante dos años y no podía”. El bache que atravesaba entonces la sueca era doble, y bastante relacionado con la temática de la canción. Por entonces se había separado de su hasta-entonces-inseparable Max Vitali, y había tenido otra separación forzosa: la del productor Christian Falk, uno de sus mejores amigos, fallecido de cáncer. Carlsson dejó reposar la canción, y volvió a retomarla años después con la ayuda de Joseph Mount de Metronomy (quien introdujo unos arreglos de arpeggio que pretendían hacer la canción “emocionante aunque fuese dolorosa”), y con un concepto claro en mente: “cuando la gente desaparece es como si, paradójicamente, pudieses verles de forma más vívida y clara, porque les ves en todas partes”, comentaba, y esta frase está casi que tal cual en dos de los versos. “Can’t make sense of all the pieces of my own delusions” y “I keep thinking you’re still right beside me”.

En ‘Missing U’ Robyn se sirve de letras diarias y mundanas (para bien) en su misión de describir toda esa “heavy shit” que tenía en la cabeza: desde algunas más generales, como “all of the plans we made that never happened”, “there’s this empty space you left behind now you’re not here with me / I keep digging through our waste of time, but the picture is incomplete” o “this part of you, this clock that stopped / this residue, it’s all I’ve got” a otras tan concretas que duelen: “the space where you used to be / your head on my shoulder (…) now your scent on my pillow has faded” pasando por esa pausa en un final de estribillo tan sencillo como potente, ese “cause I’m missing you / …I miss you” que entona una Robyn más triste que nunca. ‘Missing U’ fue promocionada en directo en televisión, pero es el único lead-single de Robyn que no tiene videoclip como tal, sino un corto en el que una versión extendida de la canción se oye de fondo mientras ella y sus fans charlan y celebran su regreso. ¿Le resultaba demasiado duro hacer un videoclip con la historia real tras la canción? Yo diría que es bastante probable, y el peso de esa razón está en un verso en concreto que, conscientemente, no he mencionado aún, y que justifica por sí mismo el puesto de ‘Missing U’ en esta lista. ¿No es “all the love you gave me still defines me” uno de los homenajes más hermosos que habéis escuchado en una canción?

6
Call Your Girlfriend
2010

Como en aquel capítulo de Los Simpsons donde la cara de Homer aparecía frente al término “estúpido” en el diccionario, si un manual recogiese “sad bangers” podría tener perfectamente la cara de Robyn al lado. ‘Dancing On My Wwn’ es la que todos tenemos en la cabeza, y de hecho es la que cité cuando, hablando de ‘Stranger’ en la reseña de ‘Blue Lips‘, quería describir eso de “bailar llorando” (algo que Tove Lo y Robyn manejan a la perfección). Pero, tanto en su mayor éxito como en ‘Be Mine!’, en las futuras ‘Because It’s In The Music’ o ‘Ever Again’ o incluso en ‘With Every heartbeat’, Carlsson tomaba el papel de la persona a la que dejan. En ‘With every hearbeat’ es algo más complejo, pero no llega a ser directamente el rol que toma aquí: La Otra. Más que nada porque no es un rol que suela tomarse mucho entre las cantantes; claro que hay grandes clásicos contados desde ese punto de vista, pero generalmente con una intención melodramática, donde La Otra llora porque con quien se queda a dormir él es con su mujer, o sufre porque está haciendo algo malo, o incluso lo cuenta de una forma tontorrona y humorística (“hey-hey-you-you, I don’t like your…”, ya sabéis). Incluso, por citar un ejemplo reciente y de sobra conocido, claro que muchas canciones de Lana del Rey han tenido esta temática, pero precisamente por eso había un trasvase al resto de su identidad, creando una figura bastante reconocible.

Robyn toma este rol sin adoptar una figura particular ni buscar una carga especialmente dramática o especialmente cómica: ofrece un personaje con un papel bastante más activo, que parece decir “esto ha pasado, no es algo agradable, pero ha pasado, somos adultos y esto es lo que deberíamos hacer para continuar haciendo el menor daño posible”. Una letra madura y honesta, donde la rubia aconseja a su pareja para causar el menor daño posible sabiendo exactamente dónde tiene que dar (“tell her not to get upset second-guessing everything you said and done”, “tell her the only way her heart will mend is when she learns to love again / and it won’t make snese right now but you’re still her friend”) y dónde no: demoledor -y real, quizás precisamente por eso- aquello de “don’t you tell her how I give you something that you never even knew you missed / don’t you even try and explain how it’s so different when we kiss”. Por si hiciesen falta más conexiones con el megahit ‘Dancing On My Own’, el videoclip de ‘Call your girlfriend’, que sucedió como single a dicha canción, muestra a Robyn dancing on her own en una maravillosa coreografía grabada en una sola toma (corregidme si es un falso plano secuencia, pero si es así, el engaño es perfecto), y donde el giro melódico que pasa del grito al caos electrónico está aún más potenciado gracias a las imágenes. Escrita junto a Klas Åhlund y Alexander Kronlund, con Billboard echando un cable en la producción, y nominada al Grammy 2012 como Mejor Grabación Dance, Robyn parece decirnos precisamente que no hace falta adoptar ninguna figura particular porque todos podemos ser, en algún momento, La Otra. Y que somos humanos y estas cosas pasan pero, una vez que pasan, hay que intentar dejar atrás el miedo a la confrontación (y un poquito también el individualismo liberal de nuestra sociedad) y cuidar un poco a la gente. Porque un día puedes ser la persona de ‘Call Your Girlfriend’ y otro día puedes ser la de ‘Dancing On My Own’. Pablo N. Tocino.

7
Honey
2018

Coproducida con Joseph Mount de Metronomy -además de con su amigo Klas Ahlund-, es probablemente la canción más sensual (y sexual) de Robyn. Ya sea más sutil («every breath that whispers your name is like emeralds on the pavement», «and the waves come in and they’re golden / but down in the deep the honey is sweeter») o menos («let it soak up into the flesh / never had this kind of nutrition», «at the heart of some kind of flower / stuck in glitter, strands of saliva / won’t you get me right where the hurt is?»), el caso es que su letra y su hipnótica producción te hacen sentir la persona más sexy del planeta durante cinco minutos. En general hemos asumido que ‘Honey’ habla del sexo oral y, en concreto, de que te coman el coño (o el culo, que esa interpretación parece más tabú), y ciertamente el tono erótico está confirmado por la propia Robyn, que de hecho llega a animar a su amante a que siga («can you open up to the treasure, suck it up inside like a treasure / let the brightest place be your passion»). Pero la canción habla también de otra relación íntima, y es la que Robyn tiene con la música: grabada entre Suecia, París y Los Ángeles (y las tomas vocales de TODAS las sesiones acabaron pasando el corte, ojo), ‘Honey’ le da título al álbum porque es una de las canciones más importantes para la sueca. Cuenta ella que el tema ha significado muchísimo en este hiato: “la letra habla sobre ir a un lugar sensual, del mismo modo en que hablo yo de hacer música: me hace sentirme bien, y, si lo hago de la forma adecuada, me cura”. Para la autora de ‘Body Talk’, ‘Honey’ describe «un estado mental, el poder disfrutar de nuevo de hacer música» después de la época tan difícil que pasó. No sé vosotros, pero yo ahora entiendo más que, frente a lo que se oyó en ‘Girls’, aquí haya apostado por el minimalismo, y por una versión más serena y, a la vez, directa. Robyn puede sentirse perdida a veces, pero sabe qué es lo que le hace encontrarse a sí misma y le pone de nuevo en funcionamiento. Come get your honey… y que «honey» sea lo que tenga que ser. Pablo N. Tocino.

8
The Girl and The Robot
2009

A finales de la pasada década, el dúo Röyksopp estaban en la cima del pop electrónico bailable, con su mezcla de house, tecno y synthpop reminiscente de los 80. El dúo noruego, crecido tra sla popularidad de sus dos primeros discos ‘Melody A.M.’ (2001) y ‘The Understanding’, se lanzaba a publicar un trabajo doble dividido en dos discos, ‘Junior’ y ‘Senior’ –un disco ambient, sin partes vocales–. En el primero de ellos destacaba la que fue el primer paso de una fructífera colaboración artística con Ribyn, ‘The Girl and The Robot’. Segundo single del lanzamiento tras ‘Happy Up Here’, se trata de una auténtica cumbre del pop de la pasada década, y también, por supuesto, en las respectivas carreras de sus autores e intérpretes: construida sobre un ácido bajo sintético y una mezcla de coros artificiales y reales, la base típicamente tecnopop cobra una dimensión más potente cuando, con la voz de Robyn, irrumpe el bombo house, haciéndola ya irresistiblemente bailable. Todo conduce hasta un estribillo con una monumental melodía de armonías crecientes, inolvidable. Además, la producción es todo un prodigio de detalles (ese post-coro, los drops sin que se pierda ritmo, la outro con la sección de cuerdas) y calidad sonora. Dance pop de alto octanaje. Además, el lanzamiento se coronó con un icónico vídeo (con intrigante prueba de embarazo final) que plasmaba esa compleja relación entre “la chica y el robot”, evidentemente una metáfora de un “workaholic” que pone el amor en segundo plano.

9
Hang With Me
2010

La versión de ‘Hang With Me’ que apareció en el tercer disco, el culminante, de ‘Body Talk’, no fue la única que existía. Y no, no me refiero a la toma a piano y voz que aparecía al final del primer EP de esa serie, sino a que Klas Åhlund ya había prestado esta canción a la artista sueca de origen chileno Paola, de apellido Bruna hasta que lo cambió por Åhlund. Efectivamente, fue esposa de Klas. El también miembro de Teddybears produjo y compuso gran parte de ‘Stockcity Girl’, su debut multinacional en 2002 –a día de hoy es su único álbum, aunque acaba de reaparecer con 2 singles–. Y entre las canciones de ecléctico pop rock alternativo que incluía estaba, además de la estupenda ‘Above the Candystore’ –tema principal de la BSO de ‘Spun’, peli independiente del hoy reputado director Jonas Åkerlund–, ‘Hang With Me’. Aunque, eso sí, en una versión muy diferente, más intimista (con un bajo muy ‘La chica de ayer’, curiosamente), e incompleta. Porque por entonces no contaba con ese pre-coro y estribillo que, como muestra una escucha contrastada del tema, es el gran hallazgo de la composición, ese subidón que nos da cuando Robyn canta “no caigas temeraria y locamente enamorado de mí / porque nos llevará al desamor, benditamente doloroso y loco / (Pero) si estás de acuerdo / Cuélgate de mí”. Una maravillosa declaración de amor a pesar de las terribles consecuencias que pueda traer que emociona y enardece a caballo de su ágil ritmo de electropop espacial, otro de esos “sad bangers” que tan bien domina nuestra heroína.

10
Show Me Love
1997

De manera más que curiosa, la canción más memorable de la primera etapa de Robyn no estaba en la versión original de su debut, ‘Robyn Is Here’, ni fue el single más exitoso del disco, aunque sí uno de ellos. De hecho es, al menos a fecha de hoy, su último top 10 en el Billboard Hot 100 yanqui. ‘Show Me Love’ fue una de las dos canciones del debut de la sueca que contaron con la colaboración de Max Martin (y Denniz Pop, no le olvidemos), pero esta no estaba en la primera edición lanzada en Suecia. Se incluyó en la edición norteamericana de 1997 en sustitución del insulsillo medio tiempo ‘Where Did Our Love Go’ –con inapreciables coros de un tal Joe Watts–, y desde luego la decisión no pudo ser más acertada. Como sucede con ‘Do You Know (What It Takes)’, Martin parecía estar perfeccionando la fórmula de hip hop + R&B + pop, esa que culminó un año después en ‘… Baby One More Time’ y que marcó drásticamente la ética y estética del final de siglo. La sinuosa línea de bajo, la guitarra funky con wah-wah, la caja de ritmos con chisporroteantes hi-hats, los coros herederos del doo-wop… todo estaba ya dispuesto para matar con ese estribillo memorable en el que una adolescente Carlsson pide que le enseñen el amor, la vida, “de qué va todo”… pero de una manera mucho menos perversa que lo hicieron Spears y Aguilera poco después, más blanca. Casi tan reconocible como su superpoblado videoclip fue su aparición en los títulos de crédito del éxito cinematográfico sueco de la época, ‘Fucking Åmål’, primer largometraje de Lukas Moodysson que llegó a las pantallas de todo el mundo. De hecho, en los países anglosajones se censuró el título y ¿adivináis cómo se conoció la película allí? Efectivamente, ‘Show Me Love’.

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