‘Néboa’ es un whodunit rural que deslumbra en lo estético, pero patina en lo narrativo

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‘Néboa’ es un whodunit rural que deslumbra en lo estético, pero patina en lo narrativo

Anoche La 1 de TVE estrenaba una de sus mayores apuestas de ficción de esta temporada televisiva: ‘Néboa‘. Se trata de una ficción policíaca ambientada en la Galicia rural, concretamente en la pequeña isla (ficticia, por cierto) de Néboa, situada hipotéticamente en la costa coruñesa. Allí, una joven es asesinada durante la noche del entroido –el carnaval tradicional gallego– en circunstancias misteriosas que aluden a otros crímenes cometidos allí en el pasado, que los habitantes del aislado territorio relacionan con una criatura mágica, el Urco. La teniente de la UCO Mónica Ortiz (Emma Suárez) es enviada a la isla para esclarecer el caso, viéndose obligada a ser acompañada por su hija (interpretada por Alba Galocha; normal que os suene, porque puso actuó y cantó en el hit de Novedades Carminha ‘Te quiero igual‘). Allí, se ve inmersa en un mundo aislado en el que la tradición y la superstición lo llenan todo.

Seguramente el anterior párrafo ya te haya hecho sentir un ligero déjà vu, y no te equivocas. Porque, a todas luces, el argumento de la serie recuerda muchísimo al de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo –bastante bien trasladado al cine, además–. Alguien debió pensar en el ente público que eso, trasladado al mundo de las meigas y combinado con la fiel ambientación y producción de ‘Fariña‘ y un toquecito de flashbacks de la finada por cortesía de la era digital, era una jugada claramente ganadora. Pues bien, no lo es tanto. Porque a su falta originalidad se suma que falla torpemente en algo fundamental: lo narrativo. Como mínimo, en su primer episodio.

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La serie es una creación de Alberto Guntín, Xosé Morais y Victoriano Sierra Ferreiro, conocidos por series para Televisión de Galicia como ‘Matalobos’, ‘Serramoura’ o ‘Viradeira’. Un tándem tan experimentado que lo grueso de su desempeño sorprende aún más: el carácter de los personajes está apenas esbozado, sin profundidad alguna, resultando poco más que figurantes… lo cual sería razonable si no implicara también a algunos de los protagonistas. Solo el interpretado por la estupenda Isabel Naveira –Carmela, una guardia civil local que tiene una triple relación con el caso– parece más nítido, obligados por el propio guión. El casting es en cualquier caso magnífico, lleno de buenos actores gallegos (Antonio Durán «Morris», María Vázquez, Denis Gómez) que dan mayor credibilidad al asunto con sus ademanes y su acento –misteriosamente, Nancho Novo lo va perdiendo a medida que avanzan los minutos– y sus ademanes a la ambientación… Aunque, claro, lo verdaderamente creíble hubiera sido, ya que hablamos de un lugar aislado, que como poco se hablara galego en la intimidad.

Parece evidente que esas faltas se derivan de un claro esfuerzo por dejar que mande la intriga, una historia que avance vertiginosa y no dé respiro. Podrían pasarse por alto si así fuera, pero lo cierto es que en ese afán también hay una falta de finura que va pasando por las escenas atropelladamente, dejando tantos clichés como cabos sueltos. Algo necesario en un whodunit, sí, pero son tantos que deja serias dudas de que puedan atarlos todos en sus ocho capítulos. Y así se desarrolla todo el primer capítulo hasta que, ya al final, nos sueltan un giro de guión de campeonato que cercena el que parecía uno de los pilares de la historia, abriendo más incertidumbre y casi obligando a volver a ver ‘Néboa’ la semana que viene (que es de lo que se trata, al final).

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Pero, tan importante como ese inesperado cliffhanger es el aspecto técnico de la serie. Un fabuloso trabajo de fotografía, realización (esos espectaculares planos cenitales son claramente deudores de ‘La isla mínima‘ y el ‘True Detective’ de Fukunaga) y ambientación –aspecto al que también contribuye la banda sonora, obra de un viejo conocido en esta web, Remate– que hacen que el visionado de ‘Néboa’ sí merezca la pena. Por eso cabe no tirar la toalla con este thriller rural y aguantar como poco a su segundo episodio. No sería la primera serie que, tras un piloto imperfecto, consigue remontar. 6,5.

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