Audio/Visual: El uso de la música en el cine de Xavier Dolan (II)

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Audio/Visual: El uso de la música en el cine de Xavier Dolan (II)

Laurence_Anyways“La música fue la única voz del cine durante la época del cine mudo… ¡está en la propia naturaleza del cine! Si hay gente que piensa que hay demasiada música en mis películas, lo entiendo. Pero yo no lo pienso. Para mí, la música es el alma de la película”. Continuamos la serie de artículos en los que abordaremos la particular relación del director canadiense Xavier Dolan con la música, con motivo del próximo estreno de ‘Matthias & Maxime’. Ver primera entrega. Ojo: se revelan detalles de la trama de ambas películas.

‘If I Had a Heart’, de Fever Ray (‘LAURENCE ANYWAYS’, 2012)
Si me preguntan cuál es mi película favorita de Dolan, mi respuesta es doble: ‘Mommy’ es la mejor, y ‘Laurence Anyways‘ mi preferida. Así que, sin hacer trampas, supongo que sería ‘Laurence’. Reconozco los fallos que tiene, pero admiro su ambición (él la definía como “mi Titanic”) y todo lo que pretende contar y transmitir – consiguiéndolo en gran parte, en mi opinión. La película se abre con una secuencia que, tras mostrarnos habitaciones vacías de un hogar, mezcla planos subjetivos (en los que gente mira “a cámara” con recelo) con otros donde se da un halo de misticismo a alguien que desconocemos. Resulta que esa gente miraba a una persona que se abre paso con aparente seguridad por una calle. Todo esto mientras suena ‘If I had a heart’ de Fever Ray, reforzando el aura mística de la que hablamos – no en vano, el tema fue usado luego para el opening de la serie ‘Vikings’. El caso es que esta persona desconocida se para y justo acaba la escena (y nos retrotraemos a una década antes) cuando va a darse la vuelta y revelarnos su identidad. La identidad es el gran tema de la película, junto al amor. O quizás ambos, como desarrollaremos más adelante. Porque la propia canción, además de la lectura obvia sobre las concepciones de lo trans que podría tener Dolan (“If I had a heart I could love you / If I had a voice I could sing”) se relaciona bastante con nuestros protagonistas, Laurence y Fred, y con la relación que a lo largo del metraje intentan salvar (sin éxito), intentan evitar (sin éxito), intentan revivir (sin éxito), intentan… sin éxito. This will never end cause I want more / more, give me more, give me more.

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‘The Funeral Party’, de The Cure (‘LAURENCE ANYWAYS’, 2012)
“Two pale figures ache in silence / timeless in the quiet ground / side by side in age and sadness”, nos decía Robert Smith en una canción dedicada a sus abuelos fallecidos. Hay dos aspectos que se le han criticado a ‘Laurence Anyways’ en este tiempo: uno es su forma de abordar la transición de una mujer trans (vista hoy, muchas cosas nos chirrían, aunque luego recuerdas el bochorno de ‘La Chica Danesa’, posterior y con mucho más reconocimiento, y ‘Laurence’ parece hasta adelantada a su tiempo) y otro es su duración. Con casi tres horas de metraje, es la cinta más larga de Dolan, y él lo sabe. Y lo explica: “si quieres hablar de una historia de amor como ésta, no puede ser en menos dos horas; no hubiese recortado metraje ni aunque me lo hubiese dicho Harvey Weinstein (!) porque es importante conectar con Fred y Laurence, conocer sus rituales, sus bromas internas, ver cómo todo eso cambia, sentir la fuerza destructiva del tiempo. Ahí es donde está la emoción.” No parece casual, pues, que el canadiense seleccionase esta canción de The Cure para, tras una conversación aparentemente banal entre ellos, presentarnos oficial y fogosamente a la pareja: primero disfrutan de su libertad en una discoteca, y luego se comen la boca en un callejón, junto a ropa tendida. El viento agita esa ropa, pero no llega a hacer que vuelve por los aires. De momento.

‘Pleurs dans la pluie’, de Mario Pelchat (‘TOM EN LA GRANJA’ (Tom à la ferme), 2013)
“Si sigo interpretando, puedo convertirme en un gran actor” decía Dolan al presentar ‘Tom en la granja’. Tras ver ‘Matthias & Maxime’, puedo decir que tenía razón, pero que eso no era aún cierto en ‘Tom en la granja’, y que quizás la decisión de protagonizarla no fue acertada – él mismo lo pensaría, porque se tiró tres películas sin actuar. Este thriller con gotas de melodrama y de terror no fue muy bien acogido: el Dolan director acierta con la atmósfera opresiva de la historia, pero el Dolan actor parece estar en otro tono. La identificación con los personajes y la transmisión de emociones, tan lograda en sus anteriores películas, es mucho más difícil aquí… con algunas excepciones. Una de ellas es la escena en que suena este tema de Mario Pelchat (curiosidad: Pelchat tiene un dueto con Céline Dion, hola ‘Mommy’), donde se intercala el presente del funeral con el pasado del karaoke… precisamente una escena que se sale del tono de thriller y se acerca al ya explorado por Dolan en el pasado. “Y si lloro frente a ti / será mi último grito / pero no lo oirás / ¿quién puede ver lágrimas en la lluvia?” le canta, botellín en mano, Tom a Guillàume en ese recuerdo de un pasado añorado y quizás también idealizado.

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‘Fade to Grey’, de Visage (‘LAURENCE ANYWAYS’, 2012)
Tan amado como odiado, a veces el argumento que usan sus críticos para cuestionarle coincide con el que usan sus admiradores para alabarle. Uno de esos casos es la gran presencia de la música y la forma de comportarse de sus personajes, que digamos que es lo contrario a minimalista. “Pero es que me da igual, estamos obesionados con el acting minimalista, y en la vida real tú no actúas como Bill Murray en ‘Broken Flowers’ todo el rato, ¿dónde estaría la diversión?”, se defendía él en una entrevista a Slant, donde también hablaba sobre las canciones: “escucho una e inmediatamente pienso “es perfecta para esto”, a veces incluso escribo escenas a raíz de canciones. ¿Por qué debo atarme y poner menos canciones?”. Y, si de exceso y barroquismo se trata, nada mejor que la fiesta a la que acude Fred, nada mejor que un temazo ochentero, y nada mejor que ambas combinadas: ‘Fade to Grey’ suena mientras Fred aparece cual Sr. Burns Alien y, en una secuencia parecida a la que abre la película, todos los asistentes de la fiesta -¡incluido un cameo del propio Dolan!- la miran… al contrario que en su realidad, donde el cuidado continuo a Laurence ha acabado dejando su propia identidad en un segundo plano. Pero aquí no. Aquí ella es la protagonista. “Y ‘Fade to grey’ es tan gloriosa y tan sexual que es perfecta para que ella haga su entrada”, contaba el realizador.

‘Going to a Town’, de Rufus Wainwright (‘TOM EN LA GRANJA’ (Tom à la ferme), 2013)
‘Tom en la granja’ tiene un halo de ‘El Ángel Exterminador’ PERO PARA MAL: no entendemos qué pasa, por qué no se va Tom, parece que todo se alarga sin sentido. ¿Una fuerza sobrenatural le impide huir? Pues más o menos. Quizás el Dolan actor está en otro tono y eso hace difícil que entendamos a su personaje, pero es muy interesante lo que hay detrás: la homofobia interiorizada, la masculinidad tóxica y su relación con el maltrato en una pareja de dos hombres, todos ellos temas de los que se habla bastante más ahora que en 2013. La homofobia interiorizada impide que Tom le haga frente a Francis (que a su vez expresa así la suya) y le hace pasar por alto las infidelidades (y a saber qué más) de Guillàume. “You took advantage of a world that loved you well (…) tell me, do you really think you go to Hell for having loved? / I’m so tired of you, America”: la fantástica ‘Going to a town’ adquiere ahora una doble o triple lectura. En un principio, ‘Tom en la granja’ no iba a tener siquiera música de ambiente; finalmente, Dolan cedió en esto, pero se mantuvo en limitar las canciones, y de hecho ésta suena cuando salen los créditos – pero, ojo, la peli no ha terminado. “I’m going to a town that has already been burnt down / I’m going to a place that has already been disgraced”: después de ordeñar vacas tres semanas, Tom vuelve a Montréal lleno de dudas: mientras va viendo las luces de la ciudad, se pregunta si ahora siente libertad pero también soledad, si en la granja no tenía compañía aunque fuese enferma. Si puede amar y ser amado de forma sana. Si puede no esconderse. El semáforo en verde y su actitud dudosa nos dejan libre interpretación respecto a si dará la vuelta o continuará su camino. Pero, si atendemos a Rufus, está claro lo que va a hacer: I’ve got a life to lead, America.

‘A New Error’, de Moderat (‘LAURENCE ANYWAYS’, 2012)
Una de mis secuencias favoritas de la filmografía de Xavier Dolan. ‘A New Error’ no tiene letra, por lo que tenemos tres minutos de solo música e imágenes. Decía Dolan que en esta película abordaba “la relación imposible entre dos idealistas que se están haciendo adultos”. En este punto de la película, Fred (Suzanne Clement) y Laurence (Melvil Poupaud) se han reencontrado años después de romper y de “rehacer sus vidas” junto a otra persona. Laurence no quiere que se quede en un polvo y le anima a irse con ella, algo que Fred ve como una locura. O quizás no tanto, como va quedando claro en su juego de miradas. Tomada la decisión, ambas huyen haciendo volar a su paso esa ropa que estaba tendida y, con ella, los roles de género y cualquier prejuicio sobre lo que pueden y no pueden ser como pareja.

‘Let’s Go Out Tonight’, de Craig Armstrong (‘LAURENCE ANYWAYS’, 2012)
Los dos temas principales de ‘Laurence Anyways’ son la identidad y el amor. El amor de esa pareja, pero también el amor por uno mismo, el amor por tu propia identidad. Dolan pone ambos en una balanza, y ésta se mueve durante el metraje, durante toda esa década de amores e identidades. Porque Laurence ama con locura a Fred, ¿pero tanto como para renunciar a su identidad? Y, es más, ¿es justo que tenga que hacerlo? Y lo mismo ocurre con Fred: quiere con toda su alma a Laurence, pero llega un punto en que estar con ella le supone perder su identidad (en otro sentido), y sus propios objetivos vitales. Anteponer el amor por alguien a tu propia identidad no es que no sea sano, es que perjudicará a la larga esa relación, y eso es lo que les acaba pasando. Pero ellas lo intentan una y otra vez. No pueden no intentarlo; se aman demasiado. Tanto como para hacer lo que acaban haciendo: huir de una despedida fría y así seguir manteniendo la ilusión de esa llama que saben que no va a ninguna parte, pero que no quieren apagar del todo. Si a esto que ocurre en la escena final le añades un flashback de cómo se conocieron (“c’est Laurence, anyways”, perfecto después de todo lo que hemos visto) y, para colmo, suena esta preciosidad de Craig Armstrong… sí, termina la película y tus lágrimas te mandan el mensaje de que Dolan es un poquito hijo de puta. Pero le queremos.

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