Lana Del Rey, tu arte no es intocable

Por | 03 Ago 20, 15:06

Lana Del Rey ha lanzado esto días el audiolibro de ‘Violet Bent Backwards Over the Grass’, el poemario que publica el próximo mes de septiembre. Dicho audio no está en streaming, pero su autora sí ha avanzado uno de los cortes, ‘LA Who Am I To Love You’, y acaba de publicar un vídeo de sí misma recitando otro, ‘Salamander’.

El poema parece aludir a los críticos y es un misterio hasta qué punto buscan ser cómicas frases como «te quiero, pero tú no me entiendes, ¡soy una poeta de verdad! Mi vida es la poesía, ¡mi forma de hacer amor es mi legado! Mis pensamientos no hablan sobre nada en concreto, y son hermosos y gratuitos». El texto parece inspirado en el enfrentamiento entre Lana y la periodista Ann Powers del año pasado por la crítica de esta de ‘Norman Fucking Rockwell!‘, en la que Powers valoraba positivamente el disco pero a su vez ofrecía un análisis del «personaje» de Lana con el que esta no comulgaba en absoluto, y en el que se subrayaba el carácter anti-feminista y anti-político de este personaje que ha solido representar, en palabras de Powers, a una «chica mala a la que le pasan cosas malas». También escribía que las letras de Lana, al lado de las de Joni Mitchell, no estaban tan trabajadas. La autora de ‘Video Games’ contestaba entonces a Powers directamente en Twitter, afirmando que «puede que no haya hecho declaraciones políticas provocadoras antes porque mi don es el cariño con el que vivo mi vida y las reflexiones introspectivas que comparto generosamente».

En ‘Salamander’, Lana se dirige a una persona que analiza su arte para básicamente defender que el arte existe más allá de cualquier análisis. La artista llega a clamar que «no quiero vender mis historias nunca más, dejad de castigarme, algunas historias no deben ser compradas, algunas palabras no deben ser dichas» para inmediatamente añadir: «quiero dejar mis palabras debajo de la mesilla de noche para que sean olvidadas, o recordadas en caso que mis pensamientos se topen con ellas en mitad de la noche después de un largo día de playa… o se topen contigo, en una tarde después de trabajar, mientras las hojeas con tus cansadas manos». ¿Se refiere a Ann Powers? De hecho, ‘Salamander’ parece hablar de los críticos hasta el punto que incluye el verbo «evaluar» en una de sus frases: «las cosas que no pueden ser compradas no pueden ser evaluadas, y esto las hace inalcanzables para el ser humano: intocables, seguras y como procedentes de otro mundo».

Por supuesto, la contradicción en todo esto es que el audiolibro de Lana está en venta (cuesta unos 9 euros en Google Play), y lo estará también su poemario, y tampoco puede pasarse por alto el carácter naíf de este poema que habla del arte como si fuera un producto mágico que es corrompido y banalizado una vez es convertido en objeto de análisis. ¿Qué pensaría Lana si descubriera que de repente nadie está analizando su trabajo? ¿No agradecería una reseña, aunque no fuera del todo positiva, de ser una artista desconocida y no una superestrella global? Si tan celosa es de su trabajo, ¿por qué lo publica? Como seguidora de la literatura americana, ¿no está familiarizada con el concepto de teoría literaria? La respuesta fácil es que Lana, como muchos artistas, es adicta a la admiración que despierta su trabajo y no soporta un solo comentario negativo hacia el mismo, el cual derrumbaría la ilusión de que su arte no puede ser evaluado porque trasciende la propia condición humana.

La actitud de Lana hacia la crítica ha puesto en el punto de mira recientemente a Lizzo, Ariana Grande y Justin Bieber, tres estrellas del pop multimillonarias que han despreciado abiertamente a los periodistas musicales y devaluado la profesión misma. Aunque este debate es más viejo que el hilo negro, nunca está de más recordar que la capacidad crítica es inherentemente humana y que la crítica musical puede ser una vocación y es necesaria para mantener viva la llama del debate, el cual ayuda a entender el arte y por tanto el mundo que refleja. Como artista, Lana tiene todo el derecho del mundo a defender su trabajo, y de hecho se la percibe algo quemada después de haber sido vilipendiada durante toda su carrera por diversas razones, pero es ingenuo pensar que este no va a ser objeto de crítica y análisis una vez llegue a manos del público. Si Lana quiere que dejemos de hablar de su precioso arte, quizá debería hacer lo que no hizo cuando publicó aquella absurda carta sobre feminismo: abstenerse de compartirlo con el mundo.

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