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‘Lo de Évole’ incomoda y no sólo por Miguel Bosé

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‘Lo de Évole’ incomoda y no sólo por Miguel Bosé

En uno de sus singles más conocidos de los años 90, Miguel Bosé cantaba a la «luna» sobre el pesar de haberse quedado «solo como la noche». La canción se llamaba ‘Muro’, la había escrito Carlos Varela sobre Cuba y el Malecón, de la misma manera que Aute, Silvio Rodríguez o Fito Páez eran los autores de otros temas del álbum que la contenía, ’11 maneras de ponerse un sombrero’; pero para mí aquella letra siempre versó más sobre la soledad que sobre la libertad. «Luna, algo está sucediendo. Estoy sintiendo que esta vez me están dejando solo», decía el estribillo. «Al menos solo, como la noche», matizaba después, como para consolarse.

Que Miguel Bosé vive más solo que la una en México, junto a sus hijos, es algo que los medios de comunicación llevan tiempo retratando. El País le dedicó un artículo. Ahora el programa de Jordi Évole en laSexta ha emitido un especial sobre el artista dividido en entregas -2, que esto no es Telecinco- para ahondar en su pasado en la primera, y hablar de su deriva negacionista en la segunda. Están corriendo ríos de tinta sobre lo adecuado o no de dar voz a las teorías de la conspiración frente a una audiencia millonaria -exactamente una media de 2,6 millones, sumamente elevada para esta cadena-, que no siempre tiene tiempo, formación o los recursos para informarse adecuadamente. Y justo cuando las vacunas AstraZeneca y Janssen están en el punto de mira por unos aislados casos de trombos que han logrado dejar en un absurdo segundo plano la cantidad de muertes diarias que sigue produciendo la covid-19 en todas partes. Dar voz a Bosé en medio de este berenjenal ha sido la crítica más común durante los últimos días, pero no el único momento en que ‘Lo de Évole’ ha incomodado.

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Jordi Évole está justificando la realización de estos especiales, para los que se ha desplazado en avión a México junto a su equipo, explicando que el programa «no va a provocar que la gente se haga negacionista». Decía el viernes en Al Rojo Vivo, como recoge Vertele: «Hay un punto de paternalismo cuando decimos que algo no se le enseñe a los espectadores no vaya a ser que se les convenza de algo. Tenemos unas audiencias muy bien formadas (…) La manera que tenemos de hacer las cosas es esta: coger al protagonista de una corriente de opinión, en este caso el negacionismo, y ponerle frente a su espejo y sus contradicciones. Su discurso no lo silenciamos porque le escuchamos, pero después vamos a ver una contrarréplica para que la gente saque sus conclusiones».

La imagen de Miguel Bosé que nos ha devuelto ese espejo es bastante incómoda de ver para el espectador medio. El primer capítulo del programa mostraba a un Bosé que luchó por ser él mismo frente a su padre torero, que sufrió por desamor hasta el punto de caer en la drogadicción, que ha perdido la voz también por un mal de amores, que sufrió el estigma de «drogadicto y maricón» durante los 80 y los 90, que tuvo que lidiar con el rumor de su propia muerte por sida, en directo, en ‘Queremos saber’ de Mercedes Milá, y que abanderó aquella lucha en tiempos de desinformación, como estos en que vivimos, cuando un porcentaje escandaloso de la población no tiene aún la menor idea de qué significa ser indetectable.

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El segundo capítulo muestra a un Bosé que rechaza radicalmente las vacunas, sobreactuado, a veces fuera de sí, riéndose, haciendo bromas y arrastrando sus manos por la mesa a destiempo, cabreándose cuando vuelve a salir el tema de la pandemia y, en última instancia, nada menos que arrebatando a un periodista su ordenador portátil para que no contacte con un científico que hable a la audiencia. Un toma y daca, el de ese ordenador de Apple, que nadie quería ver, principalmente porque la base de esta entrevista era la amistad entre el entrevistador y el entrevistado. Pues menos mal, podríamos plantear.

Hay un momento que ha pasado desapercibido pero es especialmente incómodo y se produce cuando Miguel Bosé se pone a elucubrar sobre si lo que está diciendo va a ser emitido por Évole o censurado por laSexta. Este responde que a él en su cadena nadie le censura y en ese momento es fácil imaginarse a toda la redacción del programa frontándose las manos con el bruto: un artista de primer nivel diciendo «seguro que esto lo censuráis» y la respuesta inmediata del presentador, desmintiéndolo. La emisión de estas palabras, que obviamente se produjo, valida inmediatamente el montaje del programa, pues elimina la sospecha de que el resto haya podido estar editado a conveniencia, cuando de hecho lo está y con un relato muy concreto: el primer episodio comenzaba con un Miguel Bosé que confesaba la enorme cantidad de drogas que se había metido entre pecho y espalda, y en el segundo vemos a un artista, en una palabra, ido. Bosé cayó bien en la primera mitad, pero en la segunda «le hemos perdido».

El relato que subyace es que Miguel Bosé se ha quedado en un cuelgue, y no solo es la teoría de Lucía Etxebarría en su Instagram, sino que la mismísima Ana Pastor, una de las mayores inspiraciones para todos los periodistas del país, comenzaba anoche su programa en directo ‘El Objetivo’ con una afirmación similar. Plantada a última hora por Rocío Monasterio de VOX (gracias, Rocío, ya habíamos tenido bastante para la jornada de supuesto descanso dominical), la presentadora arrancó su entrevista a Mónica García, candidata por Más Madrid a la Comunidad de Madrid en esas elecciones autonómicas que parecen el apocalipsis, pese a que de hecho en sólo 2 años, hay otras iguales, preguntándole por Miguel Bosé. García arguyó algo sobre la «incongruencia» de no escuchar a los científicos pero decir que «esto no es con ellos»; y Pastor añadía inmediatamente después, citando a «alguien en Twitter» así en general: «él mismo ha hablado del consumo de drogas, y seguramente este sea uno de los efectos».

Ahí es donde precisamente ‘Lo de Évole’ ha terminado de decepcionar como entrevista en profundidad, como mínimo porque esperábamos más de este excelente programa. En primer lugar, porque da la sensación de que para protagonizar una entrevista de estas características el artista tenga que estar muriéndose o en un punto de liarla muy fuerte. En segundo, porque la entrevista ha tenido una serie considerable de tabúes sobre la vida personal del artista (orientación sexual, expareja, custodia de sus hijos). En tercero, porque se ha pasado de puntillas también sobre los méritos artísticos de Bosé (ni se ha mencionado el enorme éxito de ‘Libre ya de amores’, un tema suyo de 2014 que ha arrasado, y no es tan fácil lograrlo casi a los 60 años). Y sobre todo porque si realmente Bosé tiene un comportamiento errático -que lo tiene- debido al consumo pasado de drogas, en estos tiempos de concienciación sobre salud mental, el asunto es lo suficientemente serio como para haber sido abordado, aunque fuera tímidamente, y ya que el artista ha reconocido bordear la depresión en distintos puntos de su carrera. Como parecía plantear el programa, nadie en su sano juicio puede negar que las muertes en las residencias de ancianos han caído desde que están inmunizados… pero la pregunta del millón es si Miguel Bosé está en su momento más sano, lo suficiente para hablar en público, o si no le hemos puesto un espejo demasiado grande delante para retratarle frente a una audiencia monstruosa y ávida de cancelaciones, cuando no procedía.

Hubo un momento en el programa de anoche en que Miguel Bosé trató de ser divertido. Fue cuando le pusieron ‘El negacionista’, una canción de este año de Los Planetas en la que la banda de Jota se burla del carácter negacionista de Miguel Bosé. Este, que se reconoce como tal, tarareó el tema con una media sonrisa. Los artistas tienen grabado a fuego que tienen que sortear las críticas, afrontarlas y ante todo reírse de sí mismos de vez en cuando. «No llegarás a ningún lado en el mundo del pop si no te ríes de ti mismo» es un mandamiento fundamental para aquel que quiera resistir años en esto, como él lo ha logrado. Pero algo había en sus ojos que decía que la sonrisa era impostada. Pocas veces una entrevista dejaba, en definitiva, tal sensación de tristeza.

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