20 años de ‘I’m a Slave 4 U’ en los MTV VMA: Britney Spears baila a través del peligro

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20 años de ‘I’m a Slave 4 U’ en los MTV VMA: Britney Spears baila a través del peligro

Hoy 6 de septiembre se cumplen 20 años desde que Britney Spears interpretó ‘I’m a Slave 4 U’ en la gala de los MTV VMA de 2001. Britney estrenó en dicha gala el primer single de su tercer disco, ‘Britney‘, que saldría al mercado unos meses después, e hizo historia con una de esas actuaciones musicales televisadas que han seguido en boca de todos con el paso de las décadas.

En 2001, Britney está en el pico de su carrera: viene de publicar dos álbumes superventas, es la estrella pop más relevante del momento y su talento se ha refinado aunque la crítica del momento no lo sepa apreciar: sus coreografías son más sofisticadas que nunca, su voz adquiere matices más maduros, la cantante presume un estómago-tableta capaz de partir una roca por la mitad y, en lo musical, el contenido de ‘Britney’ lleva el sonido teen-pop de antaño al futuro. En una época sin redes sociales en la que la televisión y los tabloides son las principales fuentes de cultura pop, ver a Britney en acción es ver a una superheroína en control absoluto de sus poderes. Y su actuación de ‘I’m a Slave 4 U’ en los MTV VMA la convierte en una grande del espectáculo.

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Ambientada en una «jungla tecno distópica futurista», la «performance» de ‘I’m a Slave 4 U’ en los MTV VMA de 2001 supone el estreno de la canción, que sería lanzada oficialmente a finales de ese mismo mes. El equipo de arquitectos Stufish diseña la producción junto a Britney y elogia la visión de esta, quien en sus palabras «mostró un alto nivel de conocimiento y sofisticación en lo que a producciones teatrales se refiere y en cuanto al espacio en que se debía alojar esta actuación». La propia Britney idea el concepto de la performance buscando crear «una versión abstracta del mundo natural», mientras «las jaulas y el resto del atrezzo pretenden evocar sensaciones de cautividad, tentación y sexualidad», si bien la idea de usar animales exóticos -una serpiente y varios tigres- en la actuación proviene de su coreógrafo Wade Robson (el mismo cuyo testimonio aparece en el documental ‘Leaving Neverland‘).

Por supuesto, la idea de usar serpientes en la cultura pop no es nueva. En 1996, Salma Hayek se convierte en el mito erótico de toda una generación gracias a su famosa escena con una serpiente en ‘Abierto hasta el amanecer’ de Quentin Tarantino, y en abril de 2001, unos meses antes que Britney, Aaliyah aparece con una serpiente pitón en el videoclip de ‘We Need a Resolution’. Pero el concepto de posar o bailar con animales exóticos se remonta a siglos atrás, a la época dorada de los circos. Especialmente las mujeres artistas de circo de la época que se codean con animales exóticos como serpientes atraen a las masas como la miel a las abejas. Como recuerda este interesante artículo sobre la actuación que nos ocupa publicado en 2016, la portada de una conocida revista circense de 1946 captura a una artista posando con un tigre encima de los hombros: casi parece Britney con la pitón encima y con un «outfit» muy parecido.

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Unas cuantas décadas después, Britney llevó este concepto de inspiración circense, también plasmado en el atuendo que viste en la performance, de inspiración «danza del vientre», a su terreno e integró una serpiente pitón en una coreografía de alto nivel, y en el contexto de unos premios televisados, logrando que la actuación fuera desde el primer momento indisociable de la canción. La cantante aparece en escena dentro de una jaula acompañada de un tigre blanco, sujetado, por cierto, por Doc Antle, a quien recordarás si has visto ‘Tiger King‘; y procede a ejecutar una coreografía francamente salvaje, valga la redundancia; llena de movimientos sensuales y agresivos que se convierte en icónica desde el segundo cero. Cuando es momento de coger a la pitón, Britney no duda y realiza con ella parte de la coreografía, dando unas cuentas vueltas, antes de devolvérsela a una bailarina, terminar el baile y proceder a subir por las escaleras de una plataforma, desde donde regala al público una mirada desafiante.

En la época, la actuación de Britney es aplaudida por la prensa pero también provoca críticas negativas desde el sector más mojigato de la población estadounidense, que cuestiona su rol como «modelo a seguir». Ante la imagen cada vez más sexualizada de Britney, la esposa de un gobernador declara en televisión que «dispararía a Britney si pudiera». La cantante, que apenas cuenta 19 años, hace gala de una madurez insólita para su edad y afirma que no ve «por qué tiene que pedir perdón» y que, simplemente, es «una chica de 20 años que está creciendo y no nay nada de malo en ello». Es un momento en el que Britney se debate entre dar una imagen virginal y entre expresar su sexualidad tal y como la siente, una dicotomía que marcará el inicio de la crisis de identidad que mostrará solo seis años más tarde, cuando será capaz de entregar su disco más importante pero no de reavivar, como performer, el fuego de antaño.

Tampoco se puede pasar por alto que la histórica actuación de ‘I’m a Slave 4 U’ en los MTV VMA probablemente no sería posible hoy. La performance ha seguido dando que hablar no porque Britney baile como nadie o porque la canción, una joya de funk producida por los Neptunes, sea buena, sino por el morbo que supone ver a una persona tan joven enfrentarse al peligro de actuar con animales exóticos. Hoy este concepto nunca sería aprobado por respeto al bienestar de los animales (en la actuación estaban probablemente sedados) y aunque Banana, la pitón, vivió unos cuantos más después de la actuación, hoy se optaría por recurrir a la tecnología en lugar de animales reales. Sin embargo, lo que pasó en 2001 es una fantasía cuya visualización sigue poniendo los pelos de punta, protagonizada por una Britney que se muestra poderosa, indomable y decidida a hacer historia. Aunque Britney siempre separó a su yo performer de su yo «real», aquí nos entregó una pieza de ficción que, 20 años después, nadie ha olvidado.

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