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Liam Gallagher / C’MON YOU KNOW

Lo mejor: 'More Power', 'C'mon You Know', 'Moscow Rules', 'Diamond in the Dark'
Te gustará si te gustan: Primal Scream, Johnny Marr, Ian Brown, el Twitter de Liam Gallagher
Escúchalo: Youtube

Escuchar la voz de Liam Gallagher cantando cualquier cosa es reencontrarse con una de las voces más carismáticas de los 90. Cierras los ojos y casi puedes verle detrás de un micrófono con un anorak de corte Brit Pop, las manos a la espalda, inhalando aire y escupiendo cada fraseeeee, como si le fuese la vida en ello. Sin ser un «crooner» de la escuela de Morrissey, siempre tuvo un timbre muy particular, reconocible y canalla.

En Oasis Noel se quedó la interpretación de baladas como ‘Don’t Look Back In Anger’, dejando que Liam ejerciera de voz del pueblo hooligan. Cuando intercambiaban en vivo algunas de sus canciones, Noel le daba por ejemplo a ‘Wonderwall’ un punto más sentimental y bonito. En Liam sonaba más áspera y desafiante. ‘Live Forever’ en boca de Noel era un canto a la esperanza. En boca de Liam, aquello de «vamos a vivir para siempre» sonaba casi una amenaza.

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Por todos los recuerdos que trae, por todo lo que significa su pasado para una generación, cada lanzamiento de Liam es un acontecimiento de carácter nacional en Reino Unido y parte del extranjero. Aunque todo el mundo sabe que no fue el compositor de los años dorados de Oasis, a nadie parece importarle, y tanto prensa como público han decidido darle un trato reverencial. Vende discos como rosquillas, llena estadios como si finalmente fuera un Beatle. Sin embargo, su talento parece más equiparable al de Johnny Marr, un guitarrista icónico, como Liam es un cantante icónico; ambos en cambio muy poco hábiles en la composición de canciones.

Pese a esa benevolencia con que la crítica -sobre todo la británica- mira su música, presa de la nostalgia, sus álbumes tienden a ser un remedo de ideas ajenas, algo a lo que no escapa este tercer disco en solitario. Por un lado, ha de sostenerse en compositores habituales de los campamentos de composición como Andrew Wyatt y Emile Haynie. Cuando le da por firmar un tema en solitario, como es el caso de ‘World’s In Need’, se le ven todas las costuras: más que a blues rugoso, suena a los Primal Scream de ‘Movin’ on Up’ mezclados con los U2 de ‘Desire’.

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Contaba el artista hace unos meses a Apple Music que este nuevo álbum tendría un 80% de cosas raras y un 20% de clásicos, pero Liam no convence plenamente ni en un registro ni en otro. Cuando se pone baladesco, el autor de ‘Little James’ puede ser bastante ñoño y ahí está esa canción de guitarra crepuscular llamada ‘Too Good for Giving Up’, que solo resultará medio potable en Navidad. Y entendiendo ‘Better Days’ como parte de lo experimental, lo cierto es que recuerda muy tristemente a ‘Tomorrow Never Knows’ de los Beatles, resultando demasiado similar por tanto al trabajo de Noel Gallagher con The Chemical Brothers.

Por el contrario, hay un par de canciones diferentes para Liam que sí funcionan aquí. Se trata de la apertura ‘More Power’, aderezada con coros infantiles y mensajes para su padre, que les abandonó, como se narraba en el famoso documental sobre Oasis. Y más adelante está la impredecible ‘Moscow Rules’. Si nadie es capaz de adivinar qué pinta Tove Lo en los créditos de ‘Better Days’ y solo podemos alzar las cejas al intuir cómo se ha desperdiciado a Danny L Harle como consejero en ‘I’m Free’ (y no, no quería ver a Liam haciendo hyperpop, pero sí más llevado hacia sus extremos, del rock al dub); ‘Moscow Rules’ está mucho mejor acabada. Una canción en la que Ezra Koenig de Vampire Weekend ha tocado el piano, el saxo y el sintetizador, Ariel Rechtshaid el melotrón, Eliza Marshall la flauta y cuatro personas extra el chelo, todos ellos al servicio de una letra misteriosa, de las pocas entre un buen puñado de generalidades sobre la vida.

‘C’MON YOU KNOW’ es capaz a veces de llegar a buen puerto, como en el single ‘Everything’s Electric’, co-escrito por Dave Grohl; o de quedar a medio gas, como la final ‘Oh Sweet Children’, que parecía una de esas canciones de cierre épico de Oasis… hasta que se corta demasiado pronto, para encima dar paso a los bonus tracks. Es innegable que el álbum ha desplegado su par de encantos, su par de aciertos; como también probable que en poco tiempo termine en la misma cubeta que aquellos álbumes de Beady Eye que ya nadie quiere mencionar.

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