Para Valeria Castro, 2025 fue un año agridulce. En marzo lanzaba su segundo disco ‘El cuerpo después de todo‘, con el beneplácito de la crítica y una gran acogida entre el público. Sin embargo, las cosas se torcieron en octubre, cuando tuvo que tomarse un descanso y posponer varias fechas de su gira para priorizar su salud mental tras un periodo de enorme desgaste y agotamiento.
Ahora, en 2026, la cantautora canaria ha regresado a los escenarios con el que ha sido su concierto más multitudinario, agotando el aforo de 9.000 personas en el Movistar Arena de Madrid como parte del ciclo Inverfest. Enfrentarse a un público tan extenso no es en absoluto sencillo, sobre todo teniendo en cuenta esa baja laboral tan reciente. Además, la música de Castro es íntima por naturaleza, y en un recinto de esas características siempre hay riesgo de que esa intimidad se diluya.
No fue el caso de anoche, pues con cariño y con cuidado, la artista puso su corazón entero a disposición de todos los asistentes sin perder nunca el pulso. Con una puesta en escena sobria y rodeada de sus músicos, la cantante rompió el hielo con ‘La soledad’, abriendo paulatinamente su voz al público. Su emoción por estar allí y algunos nervios se colaban tímidamente entre los versos, pero lejos de ensombrecer la actuación, la hizo aún más especial. Solo ella sabe lo mucho que le ha costado llegar hasta ahí, y supo transmitir por encima de todo la importancia de ese momento, la valentía de entregar la fragilidad y vulnerabilidad de su arte ante miles de desconocidos.
El público se empezó a animar más con la preciosa ‘tiene que ser más fácil’, y justo después, en ‘honestamente’, ya se percibía a Castro completamente aclimatada sobre el escenario y segura de sí misma. La poesía de sus canciones y el tono calmado y agradable que imprimió durante todo el concierto, lograron momentos de gran intensidad emocional. Con los ojos vidriosos y agradecidos, la artista se hizo grande con su sentida interpretación de ‘el cuerpo después de todo’, una canción que, en sus propias palabras, todavía le duele. La herida, en cambio se hace menos profunda cuando la nombras, cuando la haces canción y la compartes.
Precisamente por ello, la artista quiso que la acompañáramos con nuestras voces con ‘Debe ser’, donde además invitó a una banda de mariachis. No fueron los únicos que la arroparon en el escenario, pues para una ocasión especial tenía que haber sorpresas. La primera de ellas fue la aparición de Tanxugeiras, con quienes cantó su colaboración ‘Hoxe, mañá e sempre’. La segunda, y la más inesperada, vino con la versión de ‘El universo sobre mí’. La canaria comenzó a interpretarla tras haber comentado antes que ella comenzó cantando canciones de otros artistas y por ello esa noche se cerraba un círculo. No lo entendimos plenamente hasta que, tras unos pocos versos, apareció la mismísima Eva Amaral, visiblemente emocionada, para cantar junto a ella. Fue un momento eufórico y catártico, de vivir, gritar y sentir.
También, Castro estrenó una canción nueva llamada ‘globo’, en la que, muy en la temática de su último disco y a colación de su parón laboral, habla sobre lo humano que es explotar cuando uno simplemente no puede más. La honestidad y transparencia de la cantante para poner sobre la mesa estos temas sobrevoló todo el concierto e hizo de él una emocionante experiencia colectiva. Canciones como ‘sobra decirte’, ‘la raíz’ o la cumbia de ‘sentimentalmente’ cerraron por todo lo alto un concierto que fue toda una celebración de humanidad, de sentimientos a flor de piel, y un rechazo conjunto a lo «perfecto», pues la belleza no está en la pulcritud, sino en la voz de Valeria Castro cuando se quiebra.
