Tres brillantes novelas gráficas hechas por mujeres

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Tres brillantes novelas gráficas hechas por mujeres

‘Malas ideas’, por Carlota Juncosa

‘Malas ideas’ es un curioso relato documental sobre el grafiti y el arte urbano callejero. Ya se percibía un estilo propio en el primer trabajo de Juncosa, ‘Carmen de Mairena. Un intento de biografía’, y aunque ‘Malas ideas’ es su tercer trabajo, es el primero que se presenta en formato gráfico al 100%. En ‘Malas ideas’ la autora recurre a dos recursos para moldear el relato: por un lado a las entrevistas, y por otro a su experiencia personal en la Barcelona de los años 90. Ambos caminos permiten reflexionar y proporcionar recuerdos bastante divertidos a los grafiteros más ilustres; y a los profanos, un paseo lleno de conocimientos muy jugosos.

En su contra, un dibujo poco llamativo, que recuerda al de Liv Strömquist y que puede que espante a los más prejuiciosos. A favor, un sentido del humor y una habilidad para hacer accesible un tema que podría resultar árido, lo que es de agradecer y nos deja atentos a futuros proyectos. 7,5.

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‘Santa carencia’, por Cecilia Vårhed


Es justo reconocer a La Granja Editorial esta primera publicación de la sueca Cecilia Vårhed. Entre otras cosas, por la audacia de retratar a una nueva generación pletórica de sensibilidades. Sin tintes autobiográficos, recoge cómo interactúan un grupo de amigos, cómo deambulan en el ámbito social y sentimental, donde las vivencias individuales se convierten en colectivas.

‘Santa carencia’ nos habla de citas fallidas y procrastinar, de cierta dependencia entre colegas. Entre los personajes, un experto en citar podcasts y marcas deportivas sin interesarle el deporte lo más mínimo. Una flipada en internet que dice que tirar comida “le da glamour”. Una amante poliamorosa que decreta lo que es feminista y lo que no. Y Amor, la protagonista, una veinteañera que busca trabajo y acaba de romper con su novio. Con humor y nostalgia, presenciamos situaciones absurdas y otras que producen vergüenza ajena.

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Es inevitable la conexión, en cuanto a chispa narrativa, con Simon Hanselmann, sin llegar a su alto voltaje. Y en cuanto a la paleta de colores, con la reciente ‘Fungirl’ de Elizabeth Pich. Pero su carta ganadora es sin duda su potencial gráfico: la utilización de las deformaciones corporales exageradas de sus protagonistas, los paisajes psicodélicos, la luz en precisos encuadres y los referentes al manga convierten ‘Santa carencia’ en gracia bendita. 8.

‘En vela’, por Ana Penyas


La valenciana Ana Penyas, Premio Nacional del Cómic 2018 por ‘Estamos todas bien’ -por primera vez entregado a una mujer tras 11 entregas anteriores masculinas– busca dar respuesta en esta nueva entrega a una pregunta que siempre nos ronda: ¿Qué nos quita el sueño?

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Cerca de un episodio de ‘Equipo de Investigación’ por Glória Serra, la autora trata la precariedad laboral, la hiperconexión digital, las desigualdades económicas y por supuesto el consumo de barbitúricos por la sociedad actual. Lejos de un titular de prensa amarilla, ‘En vela’ aborda todas esas problemáticas con pocos textos y viñetas sutiles, porque la imagen vale más que mil palabras. Evita así la sobrecarga de testimonios, manteniendo al lector conectado con la historia.

El trabajo de Penyas está estructurado en seis noches y un día. Entre medias, dos páginas mudas nos muestran cómo dormían nuestros antepasados o distintas capas sociales. Las representaciones visuales de los personajes demuestran un dominio milimétrico del medio, a la par que innova y evoluciona respecto a su obra anterior ‘Todo bajo el sol’. El uso de tonos oscuros le dan un punto único, y los momentos oníricos sirven para desatar la experimentación y la creatividad de la autora. 8,2.

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