William Orbit ha acudido a las redes sociales para desahogar su frustración por no tener la opción de volver a grabar un álbum junto a Madonna. El co-productor de ‘Ray of Light’ asegura tener un disco hecho que podría ser sucesor, y se queja de no obtener respuesta por parte de la cantante.
«Vamos a poner esta idea de Ray of Light 2.0 a descansar. Puede ser agotador y no va a pasar. Lo voy a explicar, porque me preguntan constantemente: tengo un álbum listo que de hecho es el sucesor de ‘Ray of Light’. Todo en el modo en que fue hecho y cómo suena dice eso desde los primeros compases. Lo he pasado. Se ha escuchado. No hay respuesta. Pasa una semana. Hablo con gente cercana a ella, incluida su familia, pero no hay una palabra de vuelta en más de dos décadas», dice el texto.
Orbit dice que no quiere sonar amargo y que está en una etapa de su vida muy dulce. Además, asegura que no tiene ningún rencor: «Solo tengo amor por esa mujer. De verdad. Ella me construyó una carrera. ¿Pero estoy llorando? Lloro de alegría y júbilo estos días. No hay quien me calle, chillando y gritando sobre la mesa llena de delicias musicales que tengo delante». Finalmente, el productor anuncia que escribirá un libro con su visión de la historia.
El post de William Orbit es tan tierno como lleno de contradicciones. Habla desde la conciencia de haber formado parte de la gran obra maestra de una de las mayores leyendas vivas de la historia del pop. Pero por otro lado, el productor dice que lleva «más de dos décadas» esperando una respuesta sobre tal disco, ignorando que solo hace 14 años que Madonna y William Orbit colaboraron en ‘MDNA’ con desiguales resultados. Salieron grabaciones interesantes de allí (‘Love Spent’), también otras con demasiado sabor a papelera de reciclaje (‘I’m a Sinner’).
El artista asegura que no quiere ser «amargo» pero lo resulta con creces, y lo que es peor, en un mundo en el que las mujeres artistas han pasado a primer plano como autoras y productoras, y ya no se toleran micromachismos en la asunción de créditos, ignora por completo que ‘Ray of Light’ es un disco firmado por Madonna, y no por él.
William Orbit no parece tener la menor idea de que no puede tener escrito un disco de Madonna sin Madonna. Aunque obviamente fue clave en su sonido y cohesión, Orbit solo co-escribió 6 de las 13 canciones del álbum. Ella ya había empezado a escribir el disco antes de encerrarse con William, y de hecho escribió ‘Frozen’, ‘Nothing Really Matters’ y ‘Sky Fits Heaven’ sola junto a Patrick Leonard. Sola junto a Rick Nowels, la artista escribió otros 3 temas del disco, incluyendo el hit ‘The Power of Goodbye’. La parte más puramente William Orbit de aquel álbum (‘Ray of Light’, ‘Substitute for Love’) tiende a construirse a base de samples.
Lo que quiera que tenga William Orbit en un disco duro será bueno o malo, pero desde luego no es un disco de Madonna. La artista es plenamente consciente de que ‘Ray of Light’ es su obra magna y así lo continúa expresando a día de hoy, cada vez que le preguntan, contradiciendo a los críticos que tienden a elevar ‘Like a Prayer’, pese a sus irregularidades. Pero es evidente que hoy por hoy está en otro momento vital y que su faceta espiritual es solo una de sus múltiples caras. Cuando está a punto de sacar un álbum que responde al título provisional de «Confessions Pt. 2», este parece el peor momento posible para plantear todo esto. Quizá habría tenido algún sentido hace 3 años, cuando Madonna decidió abrir su gira de 40º aniversario con ‘Nothing Really Matters’.
William Orbit ha sido en múltiples ocasiones un azote para los vaivenes de la Reina del Pop. Ha tenido razón en muchas cosas que ha dicho: que ya no cuida su sonido de directo, que no se puede ahondar en un álbum a las velocidades que trabajaron en ‘MDNA‘… pero si tiene verdaderas «delicias musicales» delante, su camino ha de ser el de publicarlas por su cuenta con otro artista o en solitario. Si Nile Rodgers pudo dejar su impronta en un hit del tamaño de ‘Get Lucky’ junto a Daft Punk, décadas después de su «prime», Orbit también podría conseguirlo. O como mínimo, intentarlo.
