The Sophs no tienen ningún miedo de dar rienda suelta a sus pensamientos intrusivos. O inquietudes artísticas. El sexteto estadounidense (Ethan Ramon, Sam Yuh, Austin Parker, Seth Smades, Devin Russ y Cole Bobbitt) prueba de todo en su álbum debut, ‘GOLDSTAR’, desde pop punk y rock hasta bluegrass y vodevil, con acordeón y todo. ¿Por qué no?
La historia de The Sophs no comienza con la formación de la banda en Los Ángeles, sino en el instituto de Arizona en el que se conocieron Ethan y Sam. Después de tratar de buscarse un hueco en la salvaje escena californiana, la suerte llegó con un elaboradísimo email que Rough Trade Records no pudo ignorar. Al día siguiente, ya estaban firmados.
En las vísperas de su primera gira, que les llevará por Norteamérica y Europa, coincidiendo con el Primavera Sound de Barcelona, nos juntamos a charlar con Ethan Ramon y Sam Yuh. Hablamos sobre la búsqueda inútil de la originalidad, los pensamientos negativos, la gestión de un sexteto y conseguir un sello a la antigua usanza.
¿Qué te lleva a escribir una canción titulada ‘THE DOG DIES IN THE END’?
Ethan: Llegas a casa y ves a alguien paseando a su perro y piensas: ¿Sabes qué? Puede que esté en el escalón más bajo de la sociedad, pero podría ir ahora mismo y matar a ese perro si quisiera. Es una especie de intento inútil de agarrarte al control. Controlar lo que puedas por sentir que el resto de tu vida está fuera de control.
¿Por qué hay tantos pensamientos intrusivos en este disco?
E: Creo que quería coger una parte de mí mismo de la que no me sintiese necesariamente orgulloso, exagerarla y convertirla en un personaje. Al final, acabó siendo el narrador de la mayor parte del álbum.
Definitivamente, no es que sea muy buena persona.
E: No, no lo es, pero es una persona que vive dentro de todos o de casi todos nosotros. Eso creo yo.
Creo que la música es la mejor manera de expresar esos pensamientos y evitar que se conviertan en algo realmente dañino.
E: Creo que es una especie de exorcismo. Pones esos pensamientos en una vía de escape como el arte o la música para que no te sobrepasen y no se conviertan en ti. Muchos de esos pensamientos intrusivos, esas partes de ti que te avergüenzan, son mucho más manejables cuando tienen un nombre, una cara y se pueden definir. Y una gran forma de definir pensamientos y sentimientos es convertirlos en música, al menos para mí.
Eso está en ‘DEATH IN THE FAMILY’, por ejemplo. El narrador es una especie de «attention seeker» en esa canción, ¿no?
E: Sí, totalmente. Creo que esa canción trata mucho sobre la vergüenza y la paranoia. Y creo que puedes llegar a obsesionarte mucho con cómo te perciben, y con la falta de control que conlleva ser percibido, porque no sabes qué pasa por la cabeza de nadie cuando te miran. Creo que sentir la necesidad de controlar eso provocando lástima en los demás es lo que puede llevar a alguien a esperar o incluso desear que le ocurra algo trágico a él o a alguien cercano. Al mismo tiempo, también sientes vergüenza por tener esos sentimientos, porque no es una forma agradable de sentirse y lo sabes.
«Si tus acciones tienen un efecto enormemente positivo en el mundo o en tu comunidad, quizá lo que pasa dentro de tu cabeza no sea tan importante»
¿Y ‘GOLDSTAR’?
E: ‘GOLDSTAR’ es como alguien que da un paso atrás y pregunta, o le grita al cielo: ‘¿Dónde está lo mío? He hecho todas estas buenas acciones. Me dijeron que el karma vuelve. ¿Dónde está mi buen karma?’. Es interesante porque plantea la pregunta: si tienes la idea de que vas a recibir una recompensa simplemente por estar vivo y ser bueno, ¿eso invalida tu bondad? Y la verdad es que no sé la respuesta, pero sí quería plantear esa pregunta.
Supongo que si haces el bien solo por recibir algo a cambio, tan bueno no será.
E: Eso creo. Aunque depende, porque si tus acciones tienen un efecto enormemente positivo en el mundo o en tu comunidad, quizá lo que pasa dentro de tu cabeza no sea tan importante. Pero depende de cada caso, así que no estoy seguro.
¿Qué tal la experiencia de hacer un álbum?
E: Nos encantó. La mayoría de estas canciones nos sentimos casi obligados a escribirlas en el plazo de unos tres meses. Así que fue algo muy, muy natural. El proceso se sintió muy orgánico. Teníamos un mensaje y un tema que queríamos transmitir, y como ese mensaje era tan claro y consistente, nos permitimos jugar con el sonido de todo, explorar un montón de géneros distintos, ponernos un montón de sombreros distintos… Fue una pasada.
Os he oído hablar de tomar cosas de otros artistas y de reciclar, en cierto modo, la música. ¿Cómo encaja eso en vuestro proceso?
E: Creo que acabas tomando prestados y apropiándote de estilos de otros músicos quieras o no. Siendo una banda de Los Ángeles, hemos visto a muchos otros artistas intentar esconder la mano y ser copias descaradas, o recrearse en la nostalgia de forma obscena y luego intentar ocultarlo y actuar como si no fuera eso lo que estaban haciendo. Toda la estrategia de marketing era: «Somos los nuevos Blink», y realmente jugaban muchísimo a eso. Yo quería responder a eso. Pensé: estamos en un entorno musical en el que casi nada de lo que escribas va a ser cien por cien original. ¿Qué pasas si juego con eso de verdad? ¿Y si lo hago de forma irónica, con todas las cartas sobre la mesa? Tanto es así, que hasta la portada de nuestro disco es una reproducción de un cuadro de Magritte titulado ‘Not to be reproduced’.
«Estamos en un entorno musical en el que casi nada de lo que escribas va a ser 100& original. Por eso, la portada de nuestro disco es una reproducción de un cuadro de Magritte titulado ‘Not to be reproduced'».
¿Creéis que, a estas alturas, ya no existe nada cien por cien original?
E: Cien por cien, probablemente no. Creo que la espontaneidad artística es… ni siquiera sé qué aspecto tendría o cómo sonaría, porque siento que para crear arte tienes que estar inspirado por algo. Tiene que haber una especie de punto de origen para que realmente quieras crear arte. Y no creo que haya ninguna vergüenza en eso.
Sam: De hecho, creo que reconocerlo te permite no esconderte de ello. También puedes perderte intentando no sonar como tal o cual artista. Especialmente porque nuestra cultura, como gente joven, está obsesionada con la nostalgia. O sea, la gran moda en Instagram ahora mismo es simplemente subir fotos tuyas de 2016. Eso se traslada a la música, a la moda… todo el mundo está intentando ser «los nuevos» de tal banda.
Para vosotros, ¿cuál fue esa chispa que os hizo querer hacer música?
E: Para mí fue Elliott Smith, porque la primera versión de The Sophs éramos solo Austin y yo, guitarra acústica y voz, y yo era una copia total de Elliott Smith en cuanto a la forma de cantar y de escribir letras. Y por suerte no saqué nada de eso, porque era bastante descarado, pero emularle me ayudó a desarrollar una voz propia.
«Ni siquiera sé que aspecto tendría o cómo sonaría la espontaneidad artística»
¿Cómo funciona una banda de seis personas?
E: Por suerte, todos empezamos siendo amigos y compañeros de copas antes de ser compañeros de banda. Y creo que eso fue enorme, porque no solo somos mejores amigos y nos queremos muchísimo, también confiamos unos en otros como profesionales, como músicos, como personas. Y por eso nunca te rebajarías a resentirte, discutir o ser mezquino con alguien a quien quieres y en quien confías, porque no tendría ningún sentido. Está ese entendimiento de que todo lo que hacemos lo hacemos por el bien de la canción, por el bien de la banda y para mejorar la banda. En el local todo fluye muy bien.
S: Creo que eso también se refuerza por el hecho de que, si hicieras una encuesta entre los seis sobre nuestra música favorita, lo que escuchamos y nuestras influencias, todo sería completamente diferente. Hay una confianza artística en el gusto de los demás, y cuando alguien se emociona mucho con algo o trae una idea que quiere poner sobre la mesa, todo el mundo se viene arriba enseguida y está listo para llevarla a cabo.
Da la sensación de que no tenéis ningún problema con todos los aportes creativos del grupo.
E: No, ningún problema en absoluto. Sinceramente, creo que todos somos lo bastante buenos músicos como para saber a qué suena una buena canción y saber cuándo tenemos una buena canción.
Vale, volvamos al principio, porque vuestra historia no es nada común. Tengo entendido que enviasteis unas demos a Rough Trade.
E: Sí, enviamos un email.
¿Las escucharon y os llamaron?
E: Sí, tal cual. Fue una locura. La música que estábamos haciendo se estaba volviendo demasiado buena como para no salir ahí fuera y que la escuchara la gente, pero yo quería representación porque ya no estaba simplemente haciendo esto desde mi dormitorio en la universidad. Tenía que tomármelo en serio. Junto con nuestro director creativo, Eric, al que conozco también desde el instituto, preparé un paquete con cinco demos que luego acabaron en el álbum; un manual de marca, que era básicamente una recopilación de todo, desde la tipografía que queríamos usar hasta la paleta de colores, estilismos y demás; fotos de prensa que nos hizo Eric y luego una especie de carta de presentación con un párrafo explicando quiénes somos, qué queríamos hacer, de dónde venimos, etc. Metí todo eso en un email y lo mandé como a treinta sellos independientes.
Al día siguiente, ya tuve noticias de Rough Trade y montamos un concierto juntos. Nunca habíamos tocado en directo, pero uno de los cofundadores estaba en la ciudad con Pulp unos diez días después de que yo enviara el correo. Así que improvisamos totalmente, conseguimos hueco en un cartel un viernes en un pub de Pasadena porque nuestro bajista pidió un favor al portero, nos encerramos en un local de ensayo, reunimos a unos cuarenta amigos cercanos y lo hicimos realidad.
Suena facilísimo.
E: Ha habido mucho… Los momentos más difíciles son los que paso sin hacer nada. Ya sabes, es conocido que la industria se toma un pequeño descanso en diciembre y enero. Esa fue probablemente la parte más difícil para mí, porque en cuanto tengo las manos quietas me empiezo a volver loco.
Esta manera de acabar fichados por un sello…
E: No, no es común. Creo que lo debería ser más, y creo que habla muy bien de Rough Trade y de la gente de allí, que simplemente son amantes genuinos de la música, pero es algo muy de la vieja escuela.
Para no haber tocado nunca en directo cuando os ficharon, ahora os espera una gira bastante grande.
E: Sí, vamos a estar girando durante la mayor parte del año. Ahora ya estamos bastante curtidos, y en realidad sí que habíamos tocado antes en directo con otras bandas cuando éramos más jóvenes.
¿Esperáis algo de todo esto? La vida en la carretera, por lo que me han contado, no es fácil.
S: No es fácil, pero por suerte todos somos músicos con algo de experiencia en mini giras, con distintas bandas. También hemos descubierto que girar entre nosotros es mucho más fácil que girar con otras bandas, porque nos llevamos mejor. Y todo el mundo ayuda. No hay ningún eslabón débil ni nada así.
