Rosalía sacrifica espectacularidad por belleza e historia del arte en ‘LUX Tour’

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Rosalía sacrifica espectacularidad por belleza e historia del arte en ‘LUX Tour’

Sabes que un concierto es un evento de primer nivel cuando el periódico más leído del país moviliza a su redacción para que prepare el típico artículo sobre cuántas horas pasaron los fans haciendo cola bajo el calor o la lluvia. Se manda a un fotógrafo a hacerles fotos. Se cuentan cuántos se disfrazaron de su ídolo, en el caso de esta era de Rosalía, portando hábitos de monja -o intentos caseros del mismo- o un pelo teñido en forma de halo.

Esto de imitar a tu artista se ha visto muchas veces, pero ninguna en 30 años yendo a conciertos en el antiguo Palacio de los Deportes, había visto a gente intentando colarse tan a la desesperada. Una pareja, chico y chica de unos 30 años, lograron burlar la seguridad a pocos minutos de que se iniciara el show, con tan mala suerte de caer en la zona de prensa, que aún no estaba tan abarrotada como las demás: les localizaron y les pillaron enseguida. Fue corta su aventura, pero también bonita. Imaginad desear tanto acudir a un concierto para el que se agotaron las entradas de manera instantánea, como para gastar la tarde en presentarte en el recinto pertinente, a ver si el personal de seguridad tenía un descuido. Los Bonnie & Clyde del mundo Motomami tuvieron que abandonar el recinto de aquella manera, topando cabizbajos con el siempre hostil Barrio de Salamanca, pero lo hicieron de la mano, dejando una romántica estampa tras de sí.

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Rosalía levanta pasiones entre un público variado que va desde la post-adolescencia a gente de la edad de Almodóvar, que por supuesto no quiso perderse el show. ‘Lux’ ha sido un disco diferente, en el que lo más interesante no es tanto su búsqueda religiosa, como el modo en que incorpora lo que se daba en llamar «alta cultura» a lo que podemos considerar la música pop de hoy.

Tal obra exigía por tanto una presentación en vivo diferente, que contrasta en todos los sentidos con lo visto en el anterior tour para ‘Motomami’. Si en aquella gira no había casi músicos sobre el escenario, en esta una orquesta se sitúa en el centro de la pista. Si aquella gira se componía de vídeos y selfies verticales como ideados para TikTok, en esta lo que predomina es un recorrido por la historia del arte a través de otras disciplinas, no tanto la música, como por ejemplo la pintura. En esta era, menos disfrutona, parece que lo que busca Rosalía es un lugar en los museos.

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Dispuesta a sacrificar cualquier cosa de su carrera por el concepto actual de ‘LUX’, Rosalía comienza este tour interpretando el disco en riguroso orden, hasta que llega el turno de ‘Berghain’. A partir de ahí hará concesiones, incluyendo por ejemplo las pistas que más le encajan de ‘Motomami’, como aquella que aseguraba que «el mejor artista es Dios». Pero ‘LUX’ sonará casi al completo, incluso recurriendo a un par de temas exclusivos de la edición vinilo.

En el primer acto, se viste de bailarina de ballet, seguramente en representación del sacrificio que supone elegir entre dos mundos, que es de lo que habla ‘Sexo, violencia y llantas’. Rosalía emerge entonces del interior de una caja en medio de una escenografía muy austera, en la que apenas destacan un par de escaleras, y que está recibiendo comparaciones con el «teatro pobre» de Grotowski y los cambios de escenografía visibles al espectador de Bertolt Brecht. Nada que ver con la pompa de una Katy Perry, las plataformas voladoras de una Dua Lipa o las pirotecnias de unos BTS. Ni hubo grandes sorpresas escénicas ni mucho menos confeti.

Sharon Lopez

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El show de Rosalía se esfuerza en su lugar por abrir el camino de las interpretaciones por un lado, y por otro por mantener una estética cohesiva. Respecto a lo primero, el show se divide en varios actos que van explorando temáticas como el nacimiento (representa a una muñeca inmóvil durante ‘Reliquia’), la espiritualidad (sus primeros planos en ‘Mio Cristo piange diamanti’ son impresionantes), el pecado (‘Saoko’ y ‘La combi Versace’, más adelante ‘Bizcochito’ seguida de ‘Despechá’), el perdón («Rumba»), y finalmente la muerte con ‘Magnolias’. Tras su imagen abandonando el escenario una vez terminada esta última canción, bellísima, es evidente que no habrá bis con ‘Malamente’ ni absolutamente nada procedente de ‘El mal querer’, porque habría roto todo el «momentum». En cambio, de ‘Los Ángeles’, sí le encaja ‘El redentor’ dentro del concepto.

Un concepto en el que, en cuanto a estética, destaca la recreación de esculturas o cuadros insignes, como ‘El Aquelarre’ de Goya, ‘La Venus de Milo’ o, de manera muy divertida, la ‘Gioconda’ de Leonardo Da Vinci durante la versión de ‘Can’t Take My Eyes Off You’ (también hay guiños a Dido y Eurythmics en otros puntos del concierto). Durante el clásico de Frankie Valli, Rosalía se sitúa detrás de un marco mientras sus seguidores le hacen fotos y vídeos, produciendo una estampa muy cómica, nunca de engrandecimiento de sí misma.

Que el humor es importante en este show en principio tan místico, que no en vano ha caído en Madrid en plena Semana Santa, se constata con tres momentos especialmente divertidos: el confesionario junto a Soy Una Pringada antes de ‘La perla’, con Esty narrando su peor experiencia amorosa. Luego, el «artcam» en el que varios asistentes enfocados tienen que imitar la pose de un cuadro muy famoso, como ‘El grito’. Y el recorrido por las primeras filas que realiza Rosalía durante ‘Dios es un stalker’. Ahí Vila tiene tiempo de hacer cantar a sus fans alguna frase, de firmarles un CD o de fijarse en alguna seguidora en concreto. La agraciada ayer fue una tal Eugenia. Esta se había apañado antes para que todo el estadio la escuchara chillándole a la cantante: «¿Sabes por qué no tienes vicios? ¡Porque el vicio eres tú!». Tras la carcajada generalizada, Rosalía pudo bajar a darle un abrazo durante «Stalker».

Hay varios momentos muy medidos y especialmente vistosos en ‘Lux Tour’, como ese en que un bailarín cae al suelo por cada «I’ll fuck you till you love me» de Yves Tumor durante ‘Berghain’… solo para resucitar durante la rave tecno. O aquel que nieva en ‘La yugular’, antes de que veamos a Rosalía arrodillada en una plataforma transparente, en busca del amor de su Dios. O ese en el que se sube a un piano para interpretar ‘Sauvignon Blanc’, mientras se toma una copa del mismo. Sin embargo, es claro que la artista no ha querido sumarse a la moda de producir espectáculos cada vez con más brilli brilli, más efectos especiales y hits cortados a la mitad para que le quepan todos. De nuevo, y como los más grandes, ha querido ofrecernos… otra cosa. 9.

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