Juana Molina: «La inteligencia artificial es decepcionante»

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Juana Molina: «La inteligencia artificial es decepcionante»

Tres décadas después de dejar su papel protagonista en la popularísima serie de sketches argentina ‘Juana y sus hermanas’ para dedicarse por completo a la música, Juana Molina continúa siendo una artista fascinante. A finales del año pasado presentaba su noveno álbum, ‘DOGA’, un trabajo nocturno y juguetón, que como toda su música, crea un universo tan único y propio que nadie más podría firmarlo.

En JENESAISPOP tuvimos la ocasión de hablar con ella en una videollamada desde su casa de Buenos Aires, en la que conversamos sobre su particular proceso creativo, que es pura intuición musical, su dificultad para escribir letras o la llegada de la inteligencia artificial.

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Hacer ‘DOGA’ ha sido un proceso muy largo, he leído que de unos seis años, y en ese tiempo has creado, además, tu propio sello, ¿en qué se ha diferenciado este proceso respecto a tus discos anteriores y en qué momento, con todo el material que grabaste, supiste que ya tenías el álbum?
Bueno, no fueron seis años. Fue más bien que estuve seis años sin hacer un disco; el disco en sí me llevó un año. Lo que pasó es que hubo muchas etapas en las que grabé distintas cosas y luego las abandoné porque no me terminaban de convencer. Llegó un momento en el que tenía tanto material que me mareé y ya no sabía qué tipo de disco hacer, porque había cosas muy dispares. No tanto en estilos, sino en intenciones: había posibilidad de hacer un disco muy ruidoso, otro más mántrico… había material para varios discos distintos, según el momento en el que grabé cada cosa. Finalmente, decidimos llamar a alguien que me ayudara a ordenar todo eso. Yo elegí todo lo que me gustaba dentro de esa enorme cantidad de grabaciones, se lo mostré a Emilio Aro, y él eligió lo que le gustaba. Al final trabajamos en lo que nos gustaba a los dos, pero ya con el material mucho más reducido. También recurrí a ideas menos elaboradas, grabaciones muy básicas en las que ya estaban la armonía, la melodía y el ritmo, pero no el tema construido. El proceso más largo fue decidir qué hacer. Una vez decidido, todo se desarrolló con más rapidez y naturalidad.

Entonces, cuando empiezas a hacer un álbum, no tienes en mente un concepto, sino que es algo que va apareciendo…
No me gusta nada la idea del concepto, del preconcepto. Me parece que ya intelectualiza algo que no tiene que ver con la intelectualización, como la música o cualquier arte. Uno empieza a tocar algo y se empieza a fundir el que lo hace con lo que es hecho, y una cosa lleva a la otra, como que entre los dos se va formando. Como ser guía y turista al mismo tiempo.

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¿También pasa con las letras? Escuché una entrevista tuya de 2009 en la que decías que nunca partías de una historia previa. ¿Cómo funciona tu lenguaje?
Lo que no hago es pensar. Nunca tengo una letra previa a la música. A veces aparece una palabra o una pequeña frase casi sin querer, y eso ya me da una pauta de lo que puede ser la canción. Pero muchas canciones que no tienen nada, que solo tienen la melodía, con esa especie de cantar (letras inventadas), como en la canción ‘rina soi’, que es la última del disco, que tiene su propio vocabulario original. Las canciones todas suenan así al principio. Y en ‘siestas ahí’ también hay parte de la letra-no-letra original. Cuando no hay nada, me cuesta poner una letra porque siento que baja la canción de su estado flotante y la baja a tierra, la ancla y la fija en un lugar. Eso es lo que no me gusta de las letras, pero al mismo tiempo, tener letra me ayuda a apoyarme al cantar. Algunas letras se forman con el tiempo, a medida que las voy tocando, por ejemplo la canción ‘¡Ay, no se ofendan!’ de ‘Wed 21’. Hay canciones que en el disco no tenían letra y luego la fueron adquiriendo. Cuando llegan las palabras adecuadas, ahí ya me parece que vale la pena.

O sea, que entiendes las canciones como una especie de organismo vivo.
Sí, absolutamente. Algunas, otras nacen como fraguadas y otras son como marsupiales: van creciendo después de nacer.

«Al hacer música, si pienso, se corta la magia inmediatamente»

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Al escuchar tu música, da la sensación de que disfrutas mucho jugando con el lenguaje. ¿De dónde te viene esta manera de experimentar con las palabras?
De mucho trabajo, porque la música me sale de un tirón y muy fácilmente. Esto no quiere decir que todo sea una genialidad, sino que me sale, me fluye. Después digo, no, esto no sirve para nada. Hay muchas cosas que no son buenas, o que yo no considero buenas, ni me dan ganas de presentarle a la gente, pero con las letras no. Las trabajo mucho porque no es algo que me venga espontáneamente. Una vez que tengo una palabra o una idea de lo que puede tratar la canción, intento que la letra se disfrace de melodía. Es decir, que eso que canté al principio con ese idioma inventado suene igual cuando tenga letra. No puedo decir cualquier palabra: si dije algo muy suave, con ciertas vocales, no puedo poner algo que suene completamente distinto. Tiene que tener el mismo tipo de sonido y, al mismo tiempo, sentido. También la longitud de los versos, la cantidad de sílabas… donde hay una “a” tiene que haber una “a”, donde hay una “i” tiene que haber una “i”. Adaptar la letra a esa melodía inicial es un trabajo muy arduo, y a veces me sale mejor que otras.

Tu música es muy atmosférica. ¿Piensas en localizaciones concretas o te influye el entorno donde compones?
No. He hecho discos en lugares muy dispares y me sumerjo tanto en el universo musical que lo que está afuera no me afecta. La música tiene sus propios espacios, su propia geografía, sus propias imágenes, completamente abstractas. Por eso durante mucho tiempo me negué a tener vídeos o imágenes en los shows, porque sentía que contradecían las imágenes que la música propone. Cada persona imagina cosas distintas, y eso es lo más valioso. Un videoclip o una imagen fija la canción en un lugar del que ya no se puede mover. Por eso me interesa mucho la música sin palabras: el jazz, la música clásica… incluso el math rock, que a veces me cansa pero me gusta, donde la palabra no interviene y sin embargo el mundo que se crea es riquísimo. También la música psicodélica de los 60 y principios de los 70 proponía mundos musicales mucho más vastos, con momentos instrumentales largos en los que uno puede sumergirse.

¿Qué puedes decirme sobre la portada del disco y la simbología animal presente en el álbum?
Lo lindo es que al final parece que hubiera un concepto, pero viene al final, se autodefine. No es algo que yo dijera, “voy a hacer un disco que hable de animales”. No pude haberlo pensado cuando las letras vinieron el último mes antes de terminar el disco. En general los discos se retrasan porque viene la parte que tengo que escribir las letras, y eso me lleva un tiempo enorme. Y si no me gusta la letra no lo voy a cantar. Hay cosas que he cantado apurada en otras ocasiones, y lamento muchísimo que eso exista plasmado en una grabación que ya está en el mundo. De todos modos las letras también las cambio, así como aparecen letras después de editados los discos si me parece que aparece algo mejor.

Sobre la tapa [del disco], trabajo hace muchísimos años con Alejandro Ros. Él tiene ese poder de bajar a la tierra, o a la imagen, lo que oye de tu música. Me dijo: mandame fotos, mandame lo que tengas. Una de las fotos que le mandé fue esa, y apareció con otro perro, pero apareció eso. Otra vez lo logró. En general hacemos juntos las tapas, pero esta la hizo un poco más él. Después de 30 años, es más rápido también el proceso. Me encantó la expresión del perro y la combinación con ese perro. Y lo nocturno. En general, siento que los discos míos son un poco nocturnos, quizás porque los grabo más que nada a la noche, pero si bien en este disco grabé muchas cosas de día, las ideas iniciales fueron plasmadas de noche.

Sí, tus discos son muy nocturnos y misteriosos.
Claro, sí. La noche tiene una paz que el día no tiene. Hay menos interrupciones. En ‘Segundo’, que yo considero mi primer disco, grababa solo por la noche porque mi hija era muy chiquita. Entonces ese disco es totalmente nocturno. Yo empezaba a grabar a las 8 o 9 de la noche, y me iba a dormir a las 4, 5, a veces 6 de la mañana, después estaba medio sin dormir, pero estaba tan entusiasmada con lo que estaba haciendo que hay cosas en ese disco (y en este también) que las hice medio dormida. O sea, tan cansada, tan cansada que estaba con los ojos cerrados, y tocaba y se me mezclaba con los sueños. Un estado muy extraño y muy genial, porque yo siento que lo importante cuando hago música es estar en tal conexión que no hay pensamiento de ninguna especie. Nunca. Nada. En cuanto pienso, se corta la magia inmediatamente.

Es un proceso muy intuitivo, ¿no?
Sí, intuitivo, íntimo. Cuando grabo con otras personas también salen cosas buenas, pero son un poco más superficiales. No es algo negativo: lo superficial también es necesario, porque toda profundidad necesita una superficie arriba.

«La música tiene sus propios espacios, su propia geografía y sus propias imágenes»

Llevas ya muchos años en esto. El mundo y la forma de hacer música ha cambiado muy rápido. Por ejemplo, la inteligencia artificial ahora nos tiene a todos un poco locos, ¿Qué opinas de la IA en la música? ¿la ves como una amenaza real? Y, ¿piensas que la música experimental, la música que no encaja en moldes como la tuya, ahora es más importante que nunca en estos tiempos de algoritmos?
No sé si más importante, pero creo que yo no podría hacer otra cosa. La inteligencia artificial es, más que nada, decepcionante. Porque, por ejemplo, ves un video. Hay algo que te llama la atención y te gusta, pero en cuanto sabés que es inteligencia artificial, hay una decepción inmediatamente. Hay dos cosas que me hiciste recordar. Primero el tema de que alguien saca algo, e inmediatamente hay 10.000 videos de otras personas haciendo la idea que tuvo otro, como si ahora el desafío fuera hacerlo igual. Eso, por un lado, pero lo de la inteligencia artificial me deprime, porque lo lindo es que cada uno pueda ponerle su personalidad a las cosas. Quizás estamos en una etapa en que la inteligencia artificial todavía está muy poco desarrollada. Hay un tipo que yo sigo en Instagram que se llama The Vape Noise, que al principio hacía unos dibujos muy increíbles, crea unos pedales que suenan horribles pero son preciosos de ver, y está todo el tiempo haciendo un documental de él también muy interesante. Y después empezó a hacer unos dibujos con inteligencia artificial. Pero sigue teniendo su sello, porque él tiene una idea. Lo resuelve con la inteligencia artificial, pero lo que resuelve sigue siendo único, por eso creo que más allá de que la inteligencia artificial nos va a dominar y toda esa idea, que puede suceder, creo que si vos usás bien la herramienta, no deja de ser una herramienta que quizás a alguien le sirva. Todavía no tengo una opinión formada, solamente que las cosas que veo que me parecen aburridas cuando descubro que son hechas con inteligencia artificial.

Tienes toda la razón. Pierdes el interés.
Sí, lo pierdes instantáneamente. Cuando yo veía a la gente que hace parkour, que los ves saltar esos techos… No puedo creer que arriesguen su vida de ese modo constantemente. Hay una fascinación en ellos y verlos hacer esas cosas, pero si de golpe me ponen un tipo con IA saltando ¿qué sentido tiene? Si la inteligencia artificial puede hacer cualquier cosa. O la estupidez artificial, porque no sé si es tan inteligente…

Será interesante ver cómo esto evoluciona, yo creo que la IA nunca va a poder reemplazar lo que un artista dice con su música.
No sé… Yo no sé si los números que manejan las plataformas son reales o qué, pero aparentemente hay un montón de artistas de inteligencia artificial que tienen millones de escuchas, qué sé yo. Depende de lo que busque la gente con la música también, porque muchas veces no es lo que la música te puede ofrecer lo que la gente busca, sino videos, bailes, una estrella a quien admirar… Hay como otro objetivo.

Tu trayectoria es muy curiosa, porque tú siempre habías querido hacer música y te hiciste actriz de televisión para conseguirlo. Cuando más éxito tenías, lo dejaste para dedicarte a la música ¿Qué te inspiraba en ese momento? ¿Cuál era la música que tú soñabas con hacer? ¿La que estás haciendo ahora?
No sabía que iba a hacer lo que hago ahora. De hecho, mis primeras canciones, compuestas con mi hermana cuando éramos adolescentes, eran unas melodías sin letra con arpa y guitarra. Ella tocaba el arpa, yo tocaba la guitarra y teníamos montones de cassettes grabados. En una de las mudanzas se perdió esa caja y daría cualquier cosa por poder escuchar esas grabaciones porque nos quedábamos muchas horas tocando y corrigiendo partes y después hacíamos las canciones. En ese momento no escuchábamos mucha música porque estábamos en Francia y nuestros discos y todas nuestras cosas habían quedado acá en Buenos Aires y entonces, bueno no teníamos con qué escuchar música.

Yo escuchaba en París especialmente Radio France, France Culture y FIP. Creo que las tres siguen existiendo. FIP me gustaba porque tenía una cantidad de música completamente ecléctica y pasaban absolutamente de todo. Había un programa en que pasaban en cada episodio música de distintos lugares del mundo. Eran cosas a las que en esa época de otro modo no podías acceder. No había no había posibilidades de que te llegara la música como te llega ahora. Creo que las generaciones realmente jóvenes no pueden ni imaginar el hecho de que no existiera internet, lo que era vivir sin internet sin toda esa información. Entonces mi cultura musical y mis cassettes que grababa eran todas esas radios. Había de todo: desde música clásica, pasando por música de las Islas Salomón, por canciones de cuna de China, etc. Además tenía un novio que era pianista y ellos escuchaban muchísima música clásica. Ahí descubrí montones de autores y compositores que no conocía tanto, por ejemplo a Beethoven. Quiero decir creo que [mis influencias en esa época] eran un abanico de música de rebote. Era bossa nova, jazz y clásico. Tuve unas influencias muy diversas y muy profundas también en el sentido que a mí me gustaba un disco y lo escuchaba dos o tres meses solamente. Ese disco, solo ese disco. Una y otra y otra y otra y vez hasta que por ahí llegaba otro disco, me gustaba mucho y pasaba lo mismo. Entonces no eran tantos discos, pero sí los conocía muy a fondo.

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