Guille Galván: «Que todo el mundo quiera ver caer a alguien no nos lleva a nada positivo»

-

- Publicidad -

Guille Galván: «Que todo el mundo quiera ver caer a alguien no nos lleva a nada positivo»

Guille Galván es uno de los dos compositores principales de Vetusta Morla. Escribió por ejemplo ‘Te lo digo a ti’, ’23 de junio’ y ‘La deriva’. Aprovechando el parón temporal de la banda principal que le llevó a ganar varios discos de platino, el artista publica su debut en solitario. Un trabajo de cantautor, influido por la muerte de su padre, aderezado con arreglos a veces inesperados.

Tímido incluso después de audiencias y públicos tan millonarios, Galván nos cuenta que hasta ahora, con su voz, no había pasado de hacer coros en Vetusta. «Cuando era niño tenía vegetaciones, tenía una voz súper fea y me pasaba lo que le pasa a todos los niños cuando se escuchan: me daba mucho apuro porque yo pensaba que mi voz era la que yo oía y no la que oyen los demás». Aún se define como una persona «muy vergonzosa», pero lo que quería hacer con ‘Nadie con ese nombre vive aquí’ lo tiene claro.

- Publicidad -

No sé si te estarán preguntando mucho por qué no has dejado estas canciones para Vetusta Morla, pero la verdad es que nada que ver. Este es un disco que tiene que ver más con Sabina, con Aute, con Nick Drake. Es de cantautor, ¿no?
Había un «a priori»: partir de un lugar que no tuviera nada que ver con una banda. Cuanto más desnudo fuera, me sentía más cómodo, y tenía la impresión de tener una voz más creíble y comunicativa. Solo podía hacerlo desde algo muy básico: guitarra y voz. Y tiene que ver con cómo me llegó la música, a través de mi padre cantando con una guitarra. Mis primeros recuerdos musicales son eso.

¿Algún disco que te haya inspirado?
Me encanta ‘Pink Moon’ de Nick Drake, ‘Nebraska’, el primero de Bon Iver, cosas del «Disco Blanco» de los Beatles. Me gustan los discos donde te tienes que imaginar lo que falta.

«Me gustan los discos donde te tienes que imaginar lo que falta»

- Publicidad -

Sorprendentemente la voz no es como te imaginas que va a ser la voz de un «no cantante»: súper tratada y demás.
Te lo agradezco: ha sido el gran reto. Al principio cometí todos esos dejes cuando empecé a hacer demos: doblarme la voz, poner mucha reverb, distorsionarla… Todo lo que hiciera mi voz menos reconocible. Me daba pudor escucharme. Luego fui pillando soltura. Yo quería hacer un disco que fuera guitarra y voz simplemente. Tuve que parar de grabar cuando falleció mi padre. Y luego vi que había llegado a un tope con la guitarra y la voz. Hablé con Campi para mantener la idea de intimidad, de estar en una habitación, pero decorando esa habitación, sin llenarla de músicos. No quería quitarle intimidad. Quería jugar con la idea de cantautor, pero quería que fuera más abstracto, como una banda sonora.

¿Qué te ha dicho la gente de tu voz? Tus compañeros de grupo. ¿Alguno ha escuchado el disco?
Sí, sí. A los primeros a los que les dije que iba a hacer un disco fue a ellos. Como lo hice en casa y en petit comité, en un momento donde estaba bastante alejado de todo y nadie se estaba enterando de que estaba haciendo un disco, eso me liberó bastante. Me dicen que hay mucha sensación de verdad, más allá de lo técnico o no técnico. Estoy contento, intento que sea de verdad, bueno, malo, o regular. Que la manera en la que me enfrento a agarrar la guitarra y cantar sea honesta y no detrás de un montón de florituras. Por eso quise salir con ‘En qué momento dudé de ti’, que es la canción más desnuda del disco. También tenía la sensación de que con esa canción ya contaba un montón de cosas que ahora cuento las entrevistas, pero que a la gente le llegaban sin tener que leer una nota de prensa.

- Publicidad -

¿Nadie en Vetusta Morla te ha dicho «ahora tenemos dos cantantes»? Como, yo qué sé, Triángulo de Amor Bizarro.
(risas) No, no, yo creo que en las bandas es importante saber cuál es el rol de cada cual. Y cuanto más definido esté eso, mejor la salud de la banda, porque como empecemos a meternos en los terrenos de los otros…

«Es importante saber cuál es el rol de cada cual. Y cuanto más definido esté eso, mejor la salud de la banda»

¿Sabes Wolf Alice? Me encanta ella, pero mi canción favorita es una que canta el batería en el último disco…
El otro día estaba viendo Rufus T Firefly en la Riviera y cuando salió a cantar Julia, la batería, o cuando ves a Arcade Fire y canta Régine… creo que es bonito sorprenderte con la voz del secundario que aparece por ahí. Pero no sé. Había algo en la manera de grabarlo, como de experiencia también personal. Digo «si voy a hacer esto, lo voy a hacer como si estuviera tocando aquí para diez personas y quiero estar delante del micro y sentir eso».

Me hablabas de la producción del disco y lo que dices se aprecia mucho en ‘La botella’, con ese final tan loco lleno de efectos. ¿Te referías a eso, no?
Más que de efectos, quería que los colores que hubiera en el disco no estuvieran directamente relacionados con la idea que tenemos de una banda. O de electrónica. Intentaba pensar en cuando he hecho bandas sonoras: qué necesita esta canción en esta secuencia. Como si fueran escenas. ‘La botella’ sí que es la canción que canto de una manera más parca, sin demasiada definición melódica: está cantada de una manera muy seca y ese final con elementos del folk -porque aparece una armónica y es una guitarra tenor de cuatro cuerdas muy chiquitita que tengo-, se va como engorilando y entrando en un bucle con un bombo a negras. Para mí es como si poco a poco algo hiciera crac y vas entrando en algo más íntimo, más personal y más relacionado con el intento de poner en valor cosas: a gente, hablar del amor, de la belleza, de cosas que a veces no te atreves a decirlas porque suenan muy grandes, pero que son realidades.

No sé si era Chomsky quien decía que la tecnología de un cuchillo podía servir para lo mejor y para lo peor. Sirve para cortar la carne y comer, pero también para asesinar a alguien. Y me hacía gracia la dualidad de las botellas, que puede servir para celebrar, para brindar, para inaugurar un barco, pero también de cóctel molotov. Me parecía que tenía una urgencia adecuada como arranque del disco.

«Está todo el mundo que si le dieras un cóctel molotov lo lanzaría cada uno contra lo primero que tuviera a mano, sin pensar en qué va a pasar al día siguiente»

En esa canción terminas diciendo «quiero veros caer». ¿A quién quieres ver caer, por ejemplo?
Esa canción es la que hablo más en plural. El disco está como muy en primera persona, pero esta es como si fuera una sensación colectiva. Es el hartazgo de que todo el mundo quiere ver caer a alguien o piensa que la culpa de todo la tiene alguien, y quiere que desaparezca o que acabe en la cárcel, o que muera. Esa sensación creo que al final tampoco nos lleva a nada positivo más allá de la rabia y de la víscera. Porque aunque todos tengamos rabia de cómo están las cosas, creo que los medios para canalizar esa rabia y construir algo mejor son muy diferentes. Está todo el mundo que si le dieras un cóctel molotov lo lanzaría cada uno contra lo primero que tuviera a mano, sin pensar en qué va a pasar al día siguiente.

Cuántos años de entrevistas con Vetusta Morla te han servido para esquivar una pregunta. Qué maravilla, es fascinante…
(risas)

El disco de cantautor implica a veces contenido político. Antes hablaba de Sabina, aquí aparecen «tiranos», «colapso». ¿Hay un componente sociopolítico en el disco?
Yo creo que siempre está en tanto que somos seres políticos y que vivimos en sociedad. Quizá este disco lo hago en un momento donde estoy intentando protegerme de lo de fuera y relacionarme con mi gente. Paro con Vetusta, dejo de girar después de mucho tiempo, dejo prácticamente de salir, de ir a conciertos. Tengo como necesidad de resguardarme, de protegerme y desde ahí encuentro la manera de escribir sobre la gente que me ha hecho ser quien soy: mi familia de origen, que me ha protegido, que me quiere, mi pareja, mis hijos… Algo que no me había pasado nunca y que en este momento, de repente, tenía cierta necesidad.

Eso me lleva a pensar que es un disco que es muy personal y que está alejado de lo de fuera, pero es imposible. Yo creo que siempre hay un equilibrio entre lo íntimo, lo privado y lo que te hace relacionarte con los demás. Y creo que hay canciones como ‘La botella’, ‘Los motivos’ o ‘Huellas en el aire’, que tiene un toque un poco más naif, casi de canción infantil, donde se habla del colapso, pero con una mirada un poco más divertida. Decía que era la canción divertida del disco porque es donde se cuela el mundo (risas) El mundo siempre se cuela incluso en un disco más personal o íntimo.

A veces, cuando te entrevisto, no me pareces la misma persona que leía en Twitter o veo en conciertos. Vetusta Morla habéis dicho cosas muy fuertes, por ejemplo de Cristina Cifuentes, que ahora hasta parece una persona moderada. ¿Tú eres una persona política?
Yo sí. De hecho, todos somos personas políticas, aunque unos se pongan más de perfil o menos de perfil, independientemente de que seamos músicos, periodistas o de la profesión que tengamos. No solo porque votemos cada cuatro años, sino porque de lo que hacemos entre medias, depende la convivencia de las sociedades o el futuro para nuestros hijos, para nuestros iguales, para los que vienen detrás… Siempre he dado valor al legado que nos han dejado, quién ha luchado por nuestros derechos, por una educación pública, una sanidad pública y un sistema que no solo beneficie a los que más tienen, sino que intente beneficiar a todos por igual.

«No estoy de acuerdo con eso de que todos los políticos sean iguales y «la culpa de todo la tienen todos». Todos lo mismo, no»

Por lo que decías del cóctel molotov… ¿crees que para evitar la crispación que hay ahora mismo, ¿debemos dar cierto paso atrás?
No, no, no… A veces cuando hablamos de crispación parece que es igual a equidistancia. No: para nada soy equidistante. No estoy de acuerdo con eso de que todos los políticos sean iguales y «la culpa de todo la tienen todos». Todos lo mismo, no. Que estemos quemados de un montón de cosas no quiere decir que todas las soluciones sean iguales. Yo creo en defender ciertas cosas. Y no me parece que justifiquen el odio, o volver a traer a la agenda cosas que estaban absolutamente superadas desde hace décadas.

«La muerte de mi padre me ha hecho relacionarme de otra manera con mi gente cercana, con mi pasado, con cómo era de crío»

Pero ahora estás en una etapa más familiar.
Con la enfermedad de mi padre, que ha fallecido, eso me ha hecho relacionarme de otra manera con mi gente cercana, con mi pasado, con cómo era de crío… y he encontrado un lugar que es más íntimo. En ‘La botella’ o ‘Los motivos’ es poroso el mundo tal y como lo percibo yo.

Pero la política no está tanto en el disco.
No, no hago hincapié en eso porque el disco tiene que ver con otro tipo de necesidades. Aparece en forma de pinceladas.

Hay un momento que también dices «hoy celebro las arrugas». Está el tema de tu paternidad. ¿Qué significa el paso del tiempo para ti? ¿Cómo lo ves?
Mis hijos son muy grandes ya. ‘Túnel de la M-30’ la escribí un día que veía a mi hijo, a punto de entrar en la adolescencia, tristón. Y me dijo que le daba miedo hacerse mayor porque tenía la sensación de que los mayores éramos más aburridos, y que le daba miedo olvidarse de todo lo bueno que había vivido de niño. Le dije «mira, somos como los árboles, nos vamos haciendo mayores y nos vamos ensanchando, pero todos los circulitos del tronco los llevamos dentro y aunque te olvides de cosas o desaparezca gente que ha estado y que te ha querido, a toda esa gente la llevas dentro». Intentar vivir el paso del tiempo como un fin en sí mismo que conecta con lo que me decías de las arrugas. Es algo que, cuando eres más joven, jode aceptar. Llega un momento que a lo mejor el espejo no te devuelve lo que tú quisieras, pero es lo que toca…

¿Te ves muy mayor ¿En serio? ¿Pero de qué arrugas hablas?
Sabes a lo que me refiero (risas) Con un hijo adolescente, una cosa es tu percepción cuando estás haciendo entrevistas y otra cosa es cuando desayunas por la mañana y te sientes mucho más mayor de lo que eras la noche anterior.

En ‘Pulso y belleza’ hay una tensión en las cuerdas muy interesante entre «pulso» y «belleza», ¿no?
La guitarra está afinada de una manera muy grave, casi como al borde de la desafinación. Esa canción la hice con Marcel Bagés y David Soler. Les dije que quería que fuera como estar en una habitación y que la parte final fuera como si despegáramos de esa habitación y nos fuéramos a otro sitio. Y cada uno lo entendió de una manera. Me decía David: «Con «pulso y belleza» te refieres a la música: todo es pulso y belleza». Y Marcel me decía otra cosa, y yo lo había escrito por otra, pero al final se trata de que una canción te haga sentir vivo o te emocione. La parte final, que era más corta, me parece de los pasajes más hermosos del disco. Me gustó tanto que, aunque iba a ser la última, no la quise dejar para el final: la dejé como de transición entre la cara A y la cara B.

Campi también produce y hace cosas parecidas con Jorge Drexler, Valeria Castro… discos que parecen de cantautor pero no lo son…
También ha sido productor de los tres últimos discos de Vetusta. Había un compromiso bastante grande con decir «la canción va de esto, pero no vamos a llenar todo de músicos». Tiene un punto de productor contemporáneo, de no hacer un disco cantautor, quería que fuera un disco de 2026, aunque el origen en algún momento pudiera sonar a un disco de finales de los 60. Las cuerdas, por ejemplo, de Marcel y de David, están hechas con samples, no están tocadas con un cuarteto. Tienes a una persona cantándote como toda la vida, y luego un trabajo también de tecnología. La propuesta es llevar las canciones por sitios sin que dijeras «esta canción no es de este disco».

¿Por qué ‘Figurantes’ de Vestusta tuvo una vida tan corta en listas?
La fecha del parón ya la teníamos prevista desde un año antes. Ese disco se grabó en un momento en que ya habíamos decidido parar. El disco salió en mayo, y los conciertos duraban hasta septiembre. Nos parecía muy raro sacar el disco y a los tres meses decir que lo parábamos. Por eso decidimos hacerlo al revés, para que la gente fuera consciente de que iban a ser esos conciertos y ya. Veníamos de cinco años desde la pandemia sin parar prácticamente, haciendo sitios gigantes. Queríamos que esa gira fuera pequeñita y parar.

Te preguntaba más por la acogida del público o si es de tus favoritos.
No suelo reescuchar los discos que hago. Tendría que volver a escucharlo, pero sí que lo recuerdo desde un lugar de libertad, de decidir que tuviera una vida más corta, porque es lo que necesitamos y eso está bien. Independientemente de que sea mejor o peor. Creo que tiene canciones muy acertadas de las que estoy orgulloso, pero es verdad que es un disco que se trabajó mucho menos que otros porque no podíamos hacerlo de otra forma.

¿Qué canción te gusta de ese disco?
‘Catedrales’.

Lo más visto

No te pierdas