El nuevo álbum de Interpol se publica este viernes 28 de agosto bajo el nombre de ‘This Mirror Weighs a Ton’, con el desafío de hacernos reflexionar sobre un mundo en el que la realidad se confunde con «fake news» e inteligencia artificial.
Pero corren aún los primeros días de julio cuando me reúno con Paul Banks en un hotel madrileño, porque el grupo está a punto de actuar en Mad Cool. Paul pregunta de vez en cuando la hora, muy preocupado por llegar a tiempo a su prueba de sonido, pero en general tiene ganas de hablar y cuando le propongo eliminar o bien una pregunta sobre masculinidad tóxica o bien otra sobre música pop, me dice que le da tiempo a responder las dos. ‘This Mirror Weighs a Ton’ suena desesperanzado en muchos de sus momentos, aunque cuidado al detalle bajo los mandos de Andrew Wyatt, y aquellos que temen que el mundo se desintegre antes de lo que nos explicaron, deben aprovechar cualquier altavoz, cualquier oreja amiga.
Como artista, en este punto de tu carrera, ¿intentas hacer algo distinto al enfrentarte a un nuevo álbum o simplemente hacer las mejores canciones posibles?
La idea de este álbum era que, para componer buenas canciones, debíamos hacer algo diferente. En el disco anterior no pudimos componer juntos en un mismo espacio, porque ahora vivimos en países distintos, así que para este álbum tomamos la decisión consciente de reunirnos y tocar juntos. Además, decidí dejar de tocar el bajo y dejárselo a Brad, nuestro bajista de gira. Yo me limité a la guitarra y a cantar. Eso aportó una nueva dinámica al proceso creativo. Por último, decidimos trabajar con Andrew Wyatt con la expectativa de que aportara un toque diferente a las canciones.
Al mismo tiempo, creo que en todos los proyectos en los que he participado nunca he abordado el trabajo pensando: «Tengo que hacer algo diferente». Se trata más bien de componer las mejores canciones posibles. No descartas una canción porque no sea lo suficientemente distinta: al menos nosotros no lo hacemos. Si la canción tiene vida propia y lucha por abrirse hueco, sigues ese camino. Entiendo perfectamente a un artista que dice: «Tengo que hacer algo diferente», en el sentido de decidir no usar guitarras y componer solo con sintetizadores y en Sol menor, por ejemplo. Respeto esa postura, pero no es lo que hacemos nosotros.
Hablando de guitarras, siempre hay tensión en las canciones de Interpol, por ejemplo en este disco, en ‘Wings on Wire’ y ‘Wake Up’. ¿Lo ves más como una identidad, o un poco como una esclavitud? En plan, «tenemos que hacer esto; si no, no va a sonar a Interpol».
Tendría que ver qué guitarra dices, si es el riff de ‘Wake Up’ (tararea)… no me encargo de lo que Daniel (Kessler) toca, pero no creo que se sienta obligado a sonar de ninguna manera. Simplemente creo que él suena de una manera muy concreta. Pero eso no es porque él sienta que tiene que hacerlo. Es sólo el modo en que escribe música. A veces se sienta al piano, y la progresión de acordes me sigue sonando muy Daniel.
Acabo de pensar en The Edge y en cómo U2 se hicieron más electrónicos en los 90, para luego volver a su sonido de siempre, para siempre. Es como si se hubieran arrepentido de aquello. ¿Crees que siempre hay que volver a los inicios?
A veces te arrepientes de cosas porque todo el mundo las critica duramente, pero luego te das cuenta de que tenías razón, y los demás también se dan cuenta de que tenías razón, y al final no está tan mal. Quizás ese sea el caso de U2. O está claro que, para llegar a ser quienes son ahora, tuvieron que hacer aquello. Así que simplemente forma parte de su proceso y bien por ellos por hacer lo que hicieron. Por eso no creo que uno deba arrepentirse realmente de ese tipo de cosas. En realidad, no creo que nada sea un paso en falso tan grave, siempre y cuando tu vida creativa sobreviva y sigas avanzando en tu trayectoria artística.
Sobre U2, puedo imaginarme a Bono diciendo «vamos a hacer esto porque es lo que todo el mundo está haciendo», pero Interpol no es ese tipo de banda. Nadie puede renovar todo de golpe. La única manera de hacer un cambio consciente es dejar que este chico escriba una línea de bajo y que Andrew Wyatt venga y nos ayude a dar forma a estas canciones.
Hay muchas texturas en el disco, sobre todo en ‘Bird and the Serpent’, ‘So Rides the Reindeer’ o las cuerdas de ‘Evert the Actor’. ¿Ese tipo de detalles son cosa vuestra o de Andrew Wyatt?
En esos casos, se trata sobre todo de Andrew Wyatt, que mete flautas, teclados, arreglos… En Interpol nunca habíamos trabajado realmente con un productor que estuviera presente desde el principio. Hemos trabajado con ingenieros que también producen y aportan un gran componente sonoro, pero nunca habíamos colaborado con un productor desde el inicio mismo del proceso de composición. Y con Andrew Wyatt no es que supiéramos exactamente qué esperar, porque, de repente, igual te mete un oboe en una canción y no buscábamos eso al querer trabajar con él. Se trataba más bien de permitir que el productor desempeñara su papel real: ayudarnos a probar un método nuevo y dejar que actuara como suelen hacerlo los productores con las bandas, es decir, ayudándonos a dar forma al conjunto de las canciones. Además, como Andrew Wyatt era amigo personal de Daniel, de Brad y mío, nos sentimos cómodos dando ese paso y dejando que alguien entrara a formar parte del proceso con ese rol, tratándose de un buen amigo.
Yo había trabajado con él en un tema de Banks and Steelz llamado ‘Wild Season’. Ahí vi que era un genio total con el que divertirse. Desde el primer día lo vimos con ‘Iron City’, cuando metió unas campanas en el estribillo haciendo «ding, dong, bonking, bonking». Moló un montón. Suena increíble. Gran melodía. Y gracias a eso se me ocurrió una idea vocal para el estribillo. Fue no solo un colaborador musical, sino también una fuerte presencia, amiga y cercana, que ayudaba a dar forma y cohesionar las canciones.
«Entiendo perfectamente a un artista que dice: «Tengo que hacer algo diferente». Respeto esa postura, pero no es cómo funcionamos nosotros»
Mi canción favorita es ‘Enemy’. Me encantan los coros, pero no tengo aún los créditos. ¿De quién son? ¿Es un tema en el que hablas contigo mismo o algo así?
Se puede interpretar así… Es mi esposa quien canta, también sale en el tema ‘This Mirror Weighs a Ton’ y estuvo en el disco anterior. Y no es porque sea mi esposa en absoluto, sino porque me encanta cómo suena. Es que entona mejor que yo y me corrige cosas. Su afinación es absolutamente perfecta. Tiene un talento natural. ‘Enemy’ es interesante por otro motivo: es la única del repertorio de Interpol en la que Daniel compuso la melodía vocal, al presentar la línea de piano. Así que escribí la letra basándome en eso.
¿Entonces por qué esta tu mujer (NdE: Juliet Seger-Banks) en este tema, y no en otro?
A veces simplemente es algo que me viene a la cabeza. Cuando empecé a componer con ella, solía ser para añadir una capa en una octava más alto de lo que yo estaba haciendo. La incorporaba en maquetas tras oírla afinar tan bien en la cocina y decía: «¡Es que tiene una afinación excelente! ¡Es que suena increíble!». No es tanto que quiera una voz femenina o que quiera específicamente que sea ella, sino que simplemente necesito una voz en ese tono.
Lo que me hace confiar plenamente en mi instinto al incluir a mi mujer en las canciones es que no quiero que participe en todas. Cuando se me ocurre que una parte quedaría bien con una voz femenina, es porque sé que el resultado será excelente. ‘En Enemy’ ni siquiera había una decisión consciente basada en la temática del «enemigo» o la dualidad entre dos personas, pero funcionó de maravilla gracias a esa cualidad de «yin y yang».
«A veces te arrepientes de cosas porque todo el mundo las critica duramente, pero luego te das cuenta de que tenías razón, y los demás también se dan cuenta de que tenías razón»
¿’See Out Loud’, cantada mano a mano con Daniel, tampoco es un diálogo? Me resulta curioso que le menciones tanto, tenía entendido que los artistas solo hablan de sí mismos, pero tú mencionas mucho a Daniel. Eso es que os lleváis bien….
Es más un codo a codo en grupo, dirigiéndose hacia la otra parte, prácticamente restregándose contra unos manifestantes, en un forcejeo cuerpo a cuerpo.
Hay un sentido social en las letras, pero no es tan explícito. El disco va oficialmente sobre «estar en negación» en contraposición a la realidad, sobre el modo en que navegamos la realidad. ¿Qué canciones en el álbum irían sobre esto?
¿Específicamente? (piensa) ‘Wake Up’, ‘Ever the Actor, ‘Enemy’, ‘Bird and the Serpent’…
¿Qué te preocupa?
Creo que básicamente estamos ante el fin de un mundo, y me parece aterrador. Siento que estamos como en un funeral o en un acto conmemorativo. Es importante que empecemos a hacer un balance real de esa cultura de humanidad que está desapareciendo y que no volverá. Me parece lamentable que exista una división en la realidad, alimentada por la política —al menos en Estados Unidos— o por esas narrativas de la derecha que parecen basarse simplemente en romper la realidad, en decir cosas como que «abajo es arriba». Esa es la situación. Hay tanta gente que ahora acepta realidades y hechos alternativos… No sé si realmente hay vuelta atrás, tal y como van las cosas en el mundo. Es algo a lo que parece que debemos decir adiós, o bien nos dirigimos hacia un gran cataclismo que lo reiniciará todo. Pero es una lástima que hayamos llegado a este punto simplemente por el trastorno que sufre un solo individuo.
Creo que sí hay cierto deseo de honrar las formas de comunicación y las maneras de compartir la realidad que teníamos. No creo que sea vivir en el pasado decir que deberíamos guardar todo eso en una especie de bolsa hermética, sellada al vacío, para que no se erosione con el paso del tiempo. Tenemos una imagen clara de cómo era la vida antes de que ya no se pudiera confiar en los vídeos, antes de no saber si alguna puta IA había pasado por ahí y los había alterado. Porque, claro, han modificado todos los vídeos de YouTube, aunque sea mínimamente, sin que nadie se diera cuenta. Ya nadie sabe qué es real.
«Es una lástima que hayamos llegado a este punto de la historia simplemente por el trastorno que sufre un solo individuo»
Es deprimente el lugar al que podemos dirigirnos en pocos años. Pero también hablas de Nueva York, que puede representar esperanza. ¿De qué va ‘Iron City’ y cómo ves la ciudad a día de hoy?
No he vivido allí desde la pandemia. Nueva York era un poco como alguien que hubiera pasado toda la noche despierto: al día siguiente tiene el pelo revuelto, está hecho polvo y te quedas pensando: «¿Pero qué demonios ha pasado aquí?». Durante un tiempo tras la pandemia, la ciudad parecía bastante maltrecha. Pero siento que realmente se ha recuperado. En las visitas que he hecho últimamente, percibo que la energía sigue ahí, quizá incluso con más fuerza que nunca. Me gusta el impacto social que está generando. Últimamente, el baloncesto en Nueva York ha brindado momentos realmente positivos y esperanzadores que han fomentado la unidad. Considero que es una gran ciudad, un símbolo de Estados Unidos y de lo que el país puede llegar a ser. Creo que Nueva York es fundamental y que, en este momento, atraviesa una buena etapa. Por eso, me parece algo muy positivo y alentador.
«Nueva York es un símbolo de Estados Unidos y de lo que el país puede llegar a ser»
Estaba leyendo que ‘This Mirror Weighs a Ton’ iba sobre el maníaco en tu cabeza, y me ha venido a la cabeza si tendría algo que ver la masculinidad.
Bueno, depende de cómo oigas la palabra «maníaco». Estaba la canción de «She’s a maniac, a maniac» (tararea)
¡Touché!
Me refiero a esa parte indómita y salvaje de tu alma que funciona a diario con normalidad, pero que alberga también una faceta capaz de hacer una locura. No en sentido negativo, sino simplemente algo que va en otra dirección, una especie de naturaleza salvaje. Sí, siento que es algo bastante neutro en cuanto al género o, como quieras llamarlo, unisex. No estaba pensando en un asesino con un hacha.
«Merece la pena destacar el valor de Andrew Wyatt en el estudio, es una forma de belleza auténtica que no siempre se ve en el mundo»
¿Has escuchado el trabajo más pop de Andrew Wyatt con Charli XCX o Rosalía?
También ha trabajado con Miley Cyrus. Es un genio.
¿Por qué lo tienes tan claro?
Si lo conoces… es el modo en que habla de cosas concretas, tiene una inteligencia muy especial. Y es extremadamente divertido. Cuando estás haciendo música puedes ir de A a F en un milisegundo. Yo puedo llegar a la F pero me puede llevar un mes literal. Y hay otra gente que toca una cosa, toca otra y ya está allí. Una de las cosas que me encantó de Andrew es cómo entiende los micrófonos, cómo microfona baterías para sacar un sonido concreto: lo hace parecer más intuitivo y menos técnico que otra gente con la que he trabajado. Es un proceso mucho más rápido y espontáneo, pero el resultado es, simplemente, impresionante.
Si escuchas mis discos en solitario, encontrarás algunos efectos algo extraños, puedo generar ideas para sonidos densos, atmosféricos, humeantes… y que a la vez resulte deconstruido. Pero no soy capaz de crear con facilidad lo que escucho en mi cabeza. En cambio, puedes sentarte detrás de Andrew media hora en el estudio y ves cómo surgen sonidos increíbles que moldea hasta crear algo extraordinario. Todo sucede muy rápido y es algo realmente impresionante. Pienso mucho que vale la pena destacarlo, porque es una forma de belleza auténtica que no siempre se ve en el mundo.
