Hasta otro ratito, Ariana Grande: también hay que saber parar

La noticia de que Ariana Grande iba a «dar un paso atrás de la visibilidad» fue bastante shock al principio. El comunicado utilizaba un lenguaje tan contundente que por un momento parecía que Ariana iba a convertirse en la nueva Greta Garbo. Que si desaparecer, que si retirarse de la vida pública… ¿Ariana Grande escondida en un bosque durante los próximos 10 años? Pues no exactamente.

Después de terminar sus 10 conciertos en el O2 de Londres, última parada de una gira ‘eternal sunshine‘ que ha sumado 41 fechas, Ariana se ha despedido del público entre lágrimas y con palabras de enorme agradecimiento. Ha descrito la gira como «una de las experiencias más bonitas y extraordinarias» de su vida y ha asegurado que siempre atesorará lo vivido con sus fans.

Días antes, Ariana había querido matizar su anuncio. Explicó que no se trataba de una decisión reactiva o impulsiva, sino de un plan que había tomado en silencio hacía tiempo. Y dejó una frase bastante significativa: «multiple things can be true at the same time». Puede adorar actuar, querer a sus fans y considerar la gira una experiencia maravillosa y, al mismo tiempo, necesitar alejarse durante un tiempo del escaparate.

Y qué bien que pueda hacerlo. Porque retirarse un poco a tiempo debería ser algo bastante más normal en el pop. No hace falta esperar a estar completamente quemado para decidir que ha llegado el momento de bajar el ritmo. Casos como el de Britney Spears nos recuerdan lo que puede ocurrir cuando la maquinaria alrededor de una estrella continúa funcionando mucho después de que esa persona necesite parar. Pero hay muchos artistas que, de una manera u otra, han tenido que aprender la misma lección a base de golpes.

En los últimos tiempos hemos visto a integrantes de KATSEYE apartarse temporalmente para cuidar su bienestar, a CA7RIEL & Paco Amoroso hablar abiertamente del desgaste que puede producir el ritmo de trabajo que acompaña a un éxito repentino, o a Valeria Castro plantearse un año sin conciertos. Lily Allen también ha contado recientemente hasta qué punto la presión de su carrera y de la exposición pública había terminado afectándole. No todos son casos comparables, por supuesto, pero todos nos recuerdan que una carrera no tiene por qué mantenerse a toda velocidad todo el tiempo.

Y quizá esto sea todavía más importante en la época de las redes sociales. Las relaciones parasociales entre artistas y público son cada vez más intensas (un saludo a Taylor Swift), y a veces parece que una estrella le debe algo a la gente que la sigue. Que tiene que contestar, aparecer, promocionar, actuar, compartir su vida, sacar discos y estar disponible todo el rato. A nadie le puede extrañar que Frank Ocean se haya mudado a Japón y pase de todo esto.

Ariana acaba de publicar ‘petal‘, todavía tiene pendiente promocionar ‘Focker-In-Law’, la nueva película de ‘Los padres de ella’ que llegará en noviembre, y seguirá siendo una persona enormemente famosa. No se va a esconder en un búnker. Lo que ha hecho es bajarse durante un tiempo del carrusel de escenarios, entrevistas, promociones y obligaciones que implica ser una estrella pop de su tamaño. También ha renunciado a ‘Sunday in the Park with George’, el musical de Stephen Sondheim en el que iba a debutar en el West End junto a Jonathan Bailey, quien también ha abandonado finalmente el proyecto.

Después de tantos años dándonos canciones, actuaciones, discos, películas y momentos pop, es momento de dar un paso atrás. Y qué bien. Porque también hay algo bonito en que un artista sepa decir «hasta aquí» antes de que el cansancio pase factura de verdad. Ojalá más artistas pudieran retirarse a tiempo. Que Ariana descanse y que vuelva cuando le apetezca. Si le apetece. Y si resulta que se retira para siempre, solo quedaría entonar el «thank you next» más bonito que nadie haya cantado.

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Publicado por
Jordi Bardají