El sábado, segunda jornada de Cruïlla en el Fòrum, llegamos justo a tiempo de ver a Jack Johnson en el Estrella Damm. El escenario apareció vestido con un aire típicamente hawaiano. Vasos, humo, carcajadas… Se oían diferentes idiomas y acentos porque Jack Johnson conseguía movilizar a personas de todas las partes del mundo. El cantante no se hizo esperar más, y se dirigió al público con un sonriente “Bona nit catalans!”. Empezaba el espectáculo.

Jack Johnson comenzaba con ‘Good people’, generando desde el primer momento un ambiente íntimo y relajado. ‘Flake’ y ‘Taylor’ fueron las siguientes de la lista. Un gran solo del pianista Zack Gill coronó ‘Sitting, Waiting, Wishing’ como una de las joyas de su interpretación. Su improvisación, su toque descarado y su actitud alocada dieron a la función el toque dinámico que avivan al a veces demasiado calmado Johnson. Durante ‘Upside down’, la percusión nos transportó al Hawaii más feliz, bailando y cantando al son del bombo y el charles. En ‘You and your heart’ e ‘If I had eyes’, Zack volvió a dar un toque picante a la interpretación subiéndose al piano, bailando, aumentando el ritmo cardíaco de las voces que cantaban cada letra de cada canción. En ‘Radiate’ hacía sonar la melódica a la vez que tocaba el piano, mirando a los asistentes de reojo, lo cual fue respondido por un alud de gritos. El bajo marcaba el ritmo, y llegó un momento en el que hubo una fusión donde todas las voces se juntaron hasta conseguir un orgasmo instrumental, alcanzando el clímax con el entusiasmo que transpiraban los miembros del público. Con ‘Bubble Toes’, volvimos a ver la actitud más seductora de Jack Johnson, y Zack volvió a mostrar sus dotes de improvisación, recorriendo el piano con sus dedos a una gran velocidad. El pianista fue una caja de sorpresas durante toda la tarde, ya que cuando nadie se lo esperaba empezó a cantar en ‘Wasting time’. Y su voz fue un torrente de agua que arrastraba a todos los oyentes a su paso. El sol empezó a caer con ‘Hope’, y Jack hizo subir al escenario a Eduard Estivill y a su mujer Montse Domènech, conocidos artísticamente como Falsterbo para cantar ‘I got you’. Es un ritual que ya ha hecho en otras ocasiones como en un Cruïlla anterior y que siempre consigue el efecto de enternecer a toda la audiencia cuando en el estribillo cambia la letra por “I aquí ets tu, ja ho tinc tot amb mi, ja hi ets tu, ja no em cal cap altre que tu”. Después del single de su álbum más reciente, siguió con canciones como ‘Tape deck’, ‘Banana pancakes’, y ‘Shot reverse shot’, donde se respiró un ambiente fiestero entre todos los miembros de grupo. El hawaiano se despidió con su canción más conocida, ‘Better together’. En medio de la multitud, una chica subida a hombros de su acompañante, con el pelo alborotado, una sonrisa de oreja a oreja, y con sus brazos dibujando un corazón era el vivo retrato del espíritu que habían conseguido contagiar Jack Johnson y su grupo.
No hay mejor momento que la noche para que Imelda May se sienta como en casa. Su vestido blanco y negro, ceñido con un cinturón rojo de cuero y su peinado lacado la convierten en una mezcla de Cruella De Vil y Elvis Presley, una combinación marcada por el descaro, la picardía y la seducción. No pudo empezar de otra forma que presentando su nuevo single ‘Tribal’, extraído de su nuevo álbum, del mismo nombre. El Escenario Deezer que había permanecido quieto durante la espera empezó pronto a sacudirse al ritmo de la irlandesa. ‘Wild woman’ fue la siguiente arma de su lista, donde la energía salió por su garganta como una bestia que lleva años en cautividad. Imelda dedicó la tercera canción a todas las mujeres del público: ‘Big Bad Handsome Man’. Un grito agudo resonó por todo el Fòrum, a lo que Imelda respondió con un fuerte aullido a la vez que invitaba al público a seguir el ritmo con las palmas. ‘Wicked Away’ fue una de las canciones más sensuales del concierto, acompañada por las luces azules de los focos. Aunque Imelda no coquetea. Imelda no insinúa. Imelda es una seductora nata, una femme fatale. Consigue lo que quiere cuando lo quiere, y eso se demostró en cada una de sus melodías. Si alguien tenía alguna duda sobre el espíritu rockero que corre por sus venas, quedó descartada con la actuación de ‘Five Good Men’. “¡Es Elvis!”, decía una chica del público. Como modo de introducción a ‘Hellfire Club’, Imelda explicó que el título de la canción que iba a continuación se refería a “una casa repleta de mujeres y bebidas” situada tras unas colinas de Irlanda. Tras este breve relato, vimos una Imelda agresiva, canalla, burlesca. A la vez que cantaba y bailaba, daba toques en su muslo con la pandereta siguiendo el compás. Con ‘Ghost of love’, ‘Round the bend’ e ‘It’s good to be alive’ los oyentes lo dieron absolutamente todo: parejas bailando swing, gente saltando con la mano alzada, risas de complicidad… era una gran fiesta. Volvimos a ver la parte más seductora de Imelda con ‘Gypsy in me’, esta vez con un toque más melancólico, más cercano al blues. En ‘Road Runner’ Imelda marcaba el ritmo con cada parte de su cuerpo: muñecas, talones, moviendo la cabeza, animando al público a seguir el ritmo con saltos y aplausos… cuando acabó, la audiencia respondió con una fuerte ovación y un fortísimo aplauso. Imelda sabe cómo bordar un buen final, y así lo hizo con ‘Johnny Got a Boom Boom’: todos los miembros del grupo sacaron a exhibir cada uno de sus instrumentos: trompeta, batería, guitarra, bajo… transmitiendo una energía que hizo vibrar a todos los presentes.
El escenario de Estrella Damm estaba a rebosar. No cabía ni un alma más para ver a Macklemore & Ryan Lewis y ellos supieron jugar con la tensión del momento. Después de 5 minutos de fuerte intriga, estalló la música, se encendieron las luces, y cayó la bandera de ‘The Heist’, mostrando a toda la banda, menos al cantante. El público enloqueció al ver a Macklemore salir finalmente a escena. La bandera catalana de fondo y la camiseta del Barça con el número 10 en la espalda del cantante presidirían el concierto. Entre las primeras canciones que sonaron estuvo ‘Ten Thousand Hours’. Era imposible no saltar con el público: el entusiasmo era contagioso. Macklemore cantaba y se movía con fluidez, creando una adicción cada vez mayor a cualquiera que estuviese escuchándole. Al acabar, Macklemore hizo una reverencia que llegó hasta el suelo, entregándose a su devoto público. “He estado esperando toda mi carrera tocar aquí en Barcelona. Y finalmente estamos aquí. ¡Hola, Barcelona!”, bramaba en inglés Macklemore. Este interactuó con el público de forma constante, cercana, divertida. Y así fue como introdujo uno de sus hits: “He oído cosas de las playas de Barcelona, de las chicas y he oído cosas de «Thrift Shop»». Al oír esas últimas dos palabras ya nada pudo parar al auditorio: Macklemore nos había sumido en el éxtasis. No quedó ni un pie en el asfalto. ‘Can’t hold us’ fue otra de las canciones en sonar. Y no, tampoco hubo persona que se quedara quieta. Palabra por palabra, todos los presentes cantaban a voz en alto, eufóricos. El grupo no dejó de tocar ‘Wing$’, canción que fue in crescendo, motivando cada vez más a cada uno de los miembros de la estrada. En ‘Neon Cathedral’ el cantante sacó su parte más contestataria, introduciéndola con frases como “I believe in no state, no religion, no institute, no government”. Su espíritu crítico también se vio reflejado en canciones como ‘Same Love’, donde invitó a los asistentes a pensar sobre la importancia del amor y del derecho que tenemos todos y cada uno a amar a quien queramos, sin importar la condición sexual. Siguiendo con ese momento íntimo presentó a cada uno de los miembros del grupo con comentarios cargados de fresca ironía. Pero cuando se paró a hablar de Ryan Lewis, puntualizó que durante estos años se había convertido en su mejor amigo y en su compañero de viaje, momento en el que el artista dejó los cascos y se acercó para dar un abrazo a Macklemore. Los asistentes cantaron a coro “Ryan Lewis” hasta que este regresó a su mesa de mezclas. Para volver al espíritu desenfadado del espectáculo, Macklemore sacó el “showman” que lleva dentro con ‘White Walls’: otra vez las manos en alto, los pies en el aire, y los empujones para poder estar más cerca. Macklemore parecía contento, fueron dos las veces en las que se lanzó al público. Algunas de las manos fueron a partes no muy ortodoxas. Ese es el problema cuando en primera fila te encuentras con las groupies que gritan histéricas cada vez que Macklemore respira. Y el cantante se dirigía a sus oyentes una y otra vez: “Hemos sentido algo especial hoy. Nunca he oído a la audiencia gritar cada jodida palabra de las letras como hoy. Sé que no os conozco personalmente, pero lo que puedo decir es que hoy me siento como si fuéramos una gran familia. Puedo sentir el amor alrededor». Petardos, fuegos artificiales y confeti verde, blanco y naranja presentaron ‘Irish Celebration’, mientras Ryan Lewis agitaba la senyera. En esa canción se acabó de forjar una conexión difícil de explicar entre la audiencia y Macklemore. Antes de acabar con lo que fue un auténtico espectáculo, Macklemore regaló al público el bis de una de las canciones más aclamadas, ‘Can’t Hold Us’.

Nos encontramos en la recta final del Cruïlla Bcn, ya el domingo, con el concierto de Zaz, donde se pudo entrar en calor con canciones como ‘On Ira’, ‘Gamine’ y ‘Cette Journée’. Su actitud era juguetona, acercándose a cada miembro de la formación mientras seguía cantando entre salto y salto. En ‘Les Passants’ y ‘Comme ci Comme ça’ los oyentes la aplaudían, atraídos por el romanticismo y toque bohemio de la voz de la francesa. Durante varios momentos de su actuación Zaz se dirige al público en francés, pero sin querer sonar elitista, con la aparente intención de acercarse más a su público más fiel. Hablaba tan emocionada que muchas veces las palabras iban más rápidas en su mente que en sus labios. También habló en español, y en ese idioma presentaba ‘La révolution des Colibris’, canción en la que se cambió para vestirse con un vestido que cubría sus hombros con plumas de varios colores, transformándose en un auténtico colibrí mientras explicaba la historia de la pieza que iba a sonar. En ‘Éblouie par la nuit’ y ‘Si je perds’ también tradujo partes de su letra al español, donde confesó: “Nosotros, los seres humanos, tomamos conciencia de lo que tenemos cuando lo perdemos”. Después, devolvió el espíritu alegre con ‘J’ai tant escamoté’ mientras sonaba una caja de música que transportaba a un circo de París. Cerró su concierto con un enérgico ‘Je veux’, agradeciendo por enésima vez la asistencia de los presentes.

Fotos: rousgamonal.



Durante los últimos años, Saint Etienne se han tomado con calma cada uno de sus nuevos pasos artísticos, dejando pasar hasta 7 años entre su penúltimo y su último disco, dos de los mejores de su carrera: ‘Tales From Turnpike House’ y ‘

Conor Oberst 

Paso a paso, miles de personas de todas las edades se adentraban en el que iba a ser su hogar durante tres tardes y dos madrugadas. Crestas de colores mezcladas con triciclos se movían siguiendo la marea que les conducía a los conciertos de los artistas que harían de Cruïlla una peculiar obra de arte formada por estilos muy diferentes entre sí. 












‘Eez-eh’ es una macarrada de primera pero me gusta por diversos motivos. El primero, porque es realmente infecciosa, va directa al grano y no se anda por las ramas. El segundo es que desenmascara la excesiva simpleza de Kasabian desde sus inicios, por más que parte de la prensa británica y sus fans se hayan esforzado en demostrar que son una banda más rica e imaginativa de lo que en realidad son. Este tema fue el primer single de su quinto álbum de estudio, ’48:13′, publicado hace unas semanas y, tras el ameno ‘
Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, sigue aportando pequeños datos sobre el nuevo disco de la banda. Si hace unos meses 
No sabemos demasiado sobre el nuevo disco de Rihanna, pero sí que la cantante ha seguido el Mundial y lo ha ido comentando a través de Twitter. A pesar de su 




Unas ganas con las que algunos nos tuvimos que volver a casa, aunque sospecho que los que nos resistimos a los encantos de Crystal Fighters fuimos minoría. O eso, o el público aceptó de buena gana su propuesta con el convencimiento de que quedaba poco tiempo de festival. Quince segundos de ‘Solar system’ fueron suficientes para encender la mecha, que a estas alturas ya estaba empapada de combustible. Con su habitual parafernalia hippie, sus melodías de anuncio, las plumas y sus estampados tan de Desigual, los británicos dieron muestra de sus canciones a las que quizá les pese demasiado la voluntad de convertirse en himnos. El público pasó por el aro y coreó a gritos cada uno de los «oé oé» como si estuvieran animando a su selección en Maracaná. Aparentemente algo perjudicado, el cantante elaboró un discurso trasnochado sobre la luna, la percepción y la paz mundial, como si Aldous Huxley en persona se le hubiera aparecido en los camerinos. Su actuación sirvió de despedida porque a partir de entonces nada salió bien. Tras un silencio de diez minutos y un retraso de más de treinta, en el mismo escenario aparecieron Kill the hipster, que empezaron una sesión enlatada, absurda y sin gracia. Para colmo, el sonido salía sólo de los monitores que estaban situados en el escenario, aunque su «sesión» duró poco más de quince minutos, un detalle de la policía municipal, que acechaba al festival con un acoso policial de campeonato: controles en los accesos, multas por beber en la calle y por supuesto corte del sonido imperativo a las 3:30, ni un minuto más. 

La escritora sudafricana Nadine Gordimer ha muerto en su casa de Johannesburgo a los 90 años de edad. Gardimer recibió el premio Nobel de literatura en 1991, entonces la primera mujer en 25 años que lo lograba, y ha sido reconocida por su lucha contra el apartheid, los conflictos interétnicos y la pobreza a escala nacional e internacional. Gordimer llegó a ser miembro del Congreso Nacional Africano y fue una de las primeras personas con las que se reunió Nelson Mandela tras su elección como presidente de África en 1994.
Tras años de especulaciones, al fin 

La carpa Sony se quedó pequeña para Belako. Los bizkaínos volvían al festival después de su accidentada actuación hace dos años y consiguieron convertirse en una de las sorpresas del día. Interpretaron su hit más reconocible, ‘Southern Sea (Beautiful World)’, a las primeras de cambio y, aun así, supieron mantener el interés durante los 50 minutos de directo gracias también a la variedad de estilos con la que juegan los de Mungia, versión del ‘Sinnerman’ de Nina Simone incluida.

Sia, que esta semana podría conseguir su primer top 1 en EE UU con ‘
SZA ha hecho un vídeo para ‘Julia’, a todas luces uno de los singles más claros de su 
Sharon Van Etten presenta vídeo para uno de los temas destacados de su último álbum, ‘
La gran Brandy, que prepara 
101 Sun Festival ha nacido con la vocación de convertirse en el evento musical más importante de Andalucía. Todo olía a nuevo en este festival, ubicado en un estadio de atletismo en las afueras de la ciudad y reconvertido en un recinto con dos escenarios idénticos, uno enfrente de otro, sobre césped, donde los conciertos se alternaban con la misma oscilación de un metrónomo. Sin embargo, esa sensación de estar estrenando algo se quedaba a medias por culpa de una oferta musical sin demasiado espacio para la diferencia. El festival cuenta con muy buenos nombres en su cartel pero se han echado de menos nuevos descubrimientos.


will.I.am. es el rey en Reino Unido esta semana gracias a su nuevo sencillo junto a Cody Wise, ‘It’s My Birthday’, que entra directo al top 1 de la lista de sencillos británica. Es el décimo número 1 de Will en la clasificación tras ‘Scream & Shout’ ft. Britney Spears, ‘This Is Love’ ft. Eva Simons o ‘Hall of Fame’ de The Script -en la que era artista invitado-, entre otros temas en solitario o junto a los Black Eyed Peas.
Suena a broma pero no lo es: Laurie Anderson, según 
Justin Timberlake tocó hace unos días en la Hammerstein Ballroom de Nueva York en presentación de su