La actuación de Guns N’ Roses este sábado en Madrid no ha sido tan desastrosa como la de 2006. Aunque Rolling Stone ha titulado su crónica como «impuntuales y farsantes» reconocen algunos méritos en el repertorio de dos horas y media, como la interpretación de ‘November Rain’ al piano o la voz de Axl. Por el contrario, se burlan de la ausencia de Slash durante ‘Sweet Child O’Mine’. «¿Realmente cree DJ Ashba que por llevar un gorro y tocar con su instrumento por las rodillas los espectadores van a olvidar al carismático guitarrista original?», se pregunta este medio.
Uno de los puntos que más curiosidad despertaba es cuánto se retrasaría el concierto. El País se lo ha tomado a coña. «La organización, en una decisión que solo se puede calificar como astuta, omitió poner en la entrada la hora de inicio del concierto. En las entradas figuraba una escueta información: «Apertura de puertas, 18.30″. Nada más». Consiguieron que alguien les dijera que el concierto comenzaría a las 20.45 «o así». Finalmente empezó a las 22.47.
20 Minutos ha sido muy generoso partiendo de unas peculiares bases. «Si concluimos que cualquier concierto de los actuales Guns N’ Roses nace ya a priori limitado, lastrado y condenado a unas comparaciones de las que jamás saldrá airoso, el resultado puede ser excitante, como el del Rock In Rio en 2001». En definitiva concluyen que el show fue «sorprendentemente digno». «La mayoría de solos de guitarra e interludios instrumentales sobraron, por no decir todos, pero no rompieron la continuidad, y la sensación fue que el concierto estuvo bien ensamblado, y que fue de menos a más. Es decir, Axl fue de menos a más». Qué, por su parte dice que «Axl se puso una ajustada camisa de cuadros para entonar ‘Don’t cry’, y puso los pelos de punta a todos con el final de la canción, un tema que puso el broche final a una noche en la que se pudo ver a un Axl más vivo que nunca».