Lucía Etxebarría y su hija adolescente analizan el nuevo disco de Yung Beef y el fenómeno del trap

Por | 02 Feb 18, 14:56

Este jueves ha llegado a las plataformas de streaming ‘Adromicfms 4′, la nueva “mixtape” del rapero Yung Beef. ‘Adromicfms 4’ es uno de los discos más esperados por los fans del trap en español del año, y El País ha tenido la ocurrencia de ponérselo a la escritora Lucía Extebarría para que esta realice una opinión al respecto. Eso sí, junto a su hija de 14 años Allegra.

Extebarría opina que el disco de Yung Beef es “oscuro, introspectivo, sorprendentemente sentimental y verdaderamente pegadizo” y además cree que “va a arrasar”. Ahí se termina su crítica, porque en su colaboración con Tentaciones -así se llama el suplemento cultural de El País-, la escritora ofrece sobre todo un interesante análisis sobre el fenómeno del trap. Ella concuerda con el antropólogo Iñaki Domínguez en su valoración de que el éxito del trap en España se “debe al deseo de la clase media de sentir el guetto por las venas sin mancharse las manos de sangre”. Además, opina que los “hipsters de Malasaña” imitan el estilo de los “macarras poligoneros” en un esfuerzo por destacar de la masa que ella denomina “neocanismo”, y apunta que el hecho de que “en los magazines más cool estén poniendo por las nubes a Yung Beef no es más que la última vuelta de tuerca de la mistificación de lo cani que lleva operando en la cultura popular desde los tiempos del Torete o El Vaquilla”.

En cuanto a Allegra, que se declara fan de Post Malone, Blackbird, Charli XCX o 21 Savage, la hija de Etxebarría no es muy fan del disco de Yung Beef. Como su madre, cree que va a ser un éxito, pero del disco reprocha su exceso de autotune en canciones que le “chirrían” como ‘Tú no eres mi princesa’, y también algunas de sus letras. Allegra está especialmente disgustada con ‘Rosalía’, que compara con una “psicofonía”, y esta misma canción destaca Extebarría también en su valoración, expresando que es una “auténtica tortura”, pero que le “gusta” porque “es una especie de declaración de intenciones: yo meto en mi disco lo que me sale de los huevos”.

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  • Frank

    Pues eso. Pues vale. Hasta luego.

  • monosconteclado

    Tal y como termina el segundo párrafo parece como si Lucia visitase JNSP asiduamente.

    Por cierto, lo de “extebarria” es algún chiste que no pillo o simple dislexia del autor?

  • Bitch79

    Grande Etxebarría, como siempre, buen análisis.

  • mardebering

    a la mañana y a la noche

  • mardebering

    La forma de hablar y tono de voz nasal de la Etxchevarria si se une en un duo al tono fumado cani del Yung Beef saldría un hitazo.

  • No soy millenial

    Gracias por la aclaración de q Tentaciones en un suplemento de El país, gracias a a ese detalle he caído en la cuenta de q ya no vivimos en la década de los noventa

  • biruvito

    Me flipa lo condescendiente que es El país con respecto al trap casi tanto como este artículo a El País, los comentarios al artículo, o yo a vuestros comentarios. Que siga el bucle!

  • ヒメネス ペドロ

    Es curioso ¿Verdad? Hace tan solo unos años el que se calzaba una gorra de beisbol, bambas y sudadera entre culturetas vestidos de leñador o Steve Urkel no era mas que un garrulo, aunque tuvieses mas mundo y estudios que muchos de ellos. Sin embargo ahora está bien visto pues es moda. Eso me hace preguntarme en que se basa el criterio de aceptación social de muchos “lefties” a los que se les llena la boca diciendo que cada uno es libre de expresarse como quiera, pero que en el fondo son incluso mas frívolos y prejuiciosos que muchas de las personas a las que menosprecian con su prepotente actitud.

    En cuanto a ese deseo de sentir el ghetto sin mancharse las manos de sangre ocurre tanto en la clase media como en la humilde, llena de chavales que se creen muy duros por llevar una Jordan gracias a una madre que está harta de fregar escaleras, que van en manada pero que individualmente no sobrevivirían ni cinco minutos en un barrio de chabolas.

    Corren malos tiempos para la verdadera cultura urbana; llena de ninis financiados por papá y mamá, que seguramente estarían haciendo algo completamente diferente si la moda fuese otra, con los grandes iconos de la cultura haciendo o produciendo musica de mierda o convertidos en un subproducto de sus mediaticas esposas.

    La parte positiva es que al menos el trap, independientemente de la calidad, ha dado aires nuevos a una cultura musical urbana española que estaba estancada en un absurdo purismo que no la dejaba avanzar por dos descadas. Como si el hip-hop se hubiese inventado aquí…

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