La segunda de ‘Paquita Salas’: más presupuesto, más estrellas y más torreznos… ¿pero más encanto?

Por | 02 Jul 18, 23:59

Hace unos días presencié en la FNAC un surrealista debate entre dos chicos sobre si “la vida imita al arte” era una frase de Lana del Rey o de Oscar Wilde. Y ayer me acordé de ese debate cuando vi esto. Life imitates art, sí. Realmente cualquiera de las dos situaciones podría haberse dado en una escena de ‘Paquita Salas’ y, de hecho, la segunda temporada de la serie vuelve a hacer guiños a la actualidad en sus historias, a la vez que mantiene la nostalgia como bandera. Y es que la España de los 90, de los 00 y la actual son al final una misma España a la que el guión lanza dardos contra su lado más rancio, pero en el fondo mira con cierta ternura, a lo Ibáñez y su ’13 Rue del Percebe’ (o ‘Aquí no hay quien viva’, que seguro que ahí Paquita llevó a más de uno). ¿Qué podéis esperar de esta segunda temporada? Os hemos preparado cinco puntos que destacan (para bien, para mal, o para ambas) en esta segunda entrega; no hemos incluido a Brays Efe y Belén Cuesta para no ir a lo obvio, pero sí, los dos son de nuevo dos pilares fundamentales. Si Brays consiguió que chicos de veinte y treinta años se viesen reflejados en una señora de cincuenta, y si Belén consiguió que todos pensasen “necesito una Magüi en mi vida”, aquí vuelven a clavarlo -lo del lagarto es demencial-.

Un spin-off para Yolanda Ramos

Por favor. Cuanto antes. En la primera temporada nos quedamos con ganas de más Noemí Argüelles, pero es que en esta segunda, a pesar de pasar a principal, seguimos quedándonos con ganas de más. La maravillosamente surrealista trama de su personaje esta temporada brilla aún más gracias a la excelente vis cómica de Yolanda, que nos mata tanto por lo que dice (el espacio de coworking, “poh muy bien”, la secuencia con cámara oculta) como por lo que da a entender (“luego te cuento de qué nos conocemos”, WTF).

Miren Gaztañaga

¿Que quién es? Exacto. En la primera temporada teníamos el guiño a Anna Allen, y aquí arrancamos con un guiño a la situación tan injusta que vivió la actriz vasca de ‘El Guardián Invisible’, a quien se le puso la A de Hester Prynne por cometer el terrible pecado de hacer chistes sobre España y los españoles. Dejada de lado incluso por su propio equipo en un intento de salvar la taquilla del boicot, Gaztañaga tiene aquí un reflejo de su historia -¿quizás también influyó la polémica de Amaia, Alfred y Albert Pla?- en Edurne, interpretada por una Verónica Echegui que ojalá se hubiese quedado más de un episodio (que levante la mano quien pensase que Edurne iba a ser la próxima representada de Paquita) .

La temporada se pasa volando

Aunque esto es también algo malo: el guión sigue teniendo ese ritmo ágil tanto en comedia como en los momentos dramáticos (que aquí son más), pero la pena es que los cinco capítulos saben a muy poco. Igual que las típicas temporadas de 22 episodios suelen ser excesivas, en este caso el defecto es el contrario, ya que más episodios posibilitarían un mejor desarrollo de las tramas y, sobre todo, de los personajes: hemos nombrado a Echegui y Ramos, podríamos querer más de Lidia y de Magüi, pero a quien más perjudica esto es a Belén de Lucas: teniendo en cuenta que lo de “joven promesa” se le queda corto al talento interpretativo de Anna Castillo, guardaba muchísimas esperanzas en su personaje… y, no sabemos si por cuestiones narrativas o de agenda, aparece en situaciones contadas. Lo bueno es que parece que eso va a cambiar para la tercera temporada.

Madre mía, Lidi

Ya me barruntaba yo lo que aconteció en Otero, pero un número de la Guardia Civil acaba de referírmelo: Humberto y Evaristo han aparecido muertos en la presa esa de marras. No, no hay un bug en nuestra web a lo “me quemaría por dentro”: lo que lees es algo que entenderás tras ver la temporada. El caso es que el incremento de presupuesto de la serie se nota, y no solo a nivel técnico, o por los cameos -atentos a cierta sorpresa-, o por usar canciones de Take That, Olé Olé y Rocío Jurado, sino también con la ambición respecto a las historias que se quieren contar; en cambio, ‘Paquita’ acaba funcionando mejor con historias pequeñas, donde prima la frescura y la autenticidad sobre el glamour. Y el tercer episodio, dedicado casi por completo a Lidia San José, es un ejemplo. De nuevo, se las apaña para, sin perder el humor, ser crítico con ciertos aspectos de la industria, acercándonos a la realidad de las actrices que no están en primera línea, con la dureza de quienes lo cuentan desde dentro (ay, ese photocall). Y esto nos lleva a nuestro último punto.

Punto y final, o punto de partida

Sí, ESA secuencia. Nos decían Los Javis cuando los entrevistamos que ellos apostaban por el pop español, dando varios nombres del panorama mainstream nacional que les podrían encajar en distintas escenas, y que solían ser denostados en un contexto más indie -no mencionaron a Rocío Jurado, pero quienes no lo viesen buena opción (una cantante andaluza de coplas y pop no suele ser lo más popular en dicho contexto) han debido enmudecer con el resultado, que pone punto y final al hundimiento económico y emocional de Paquita. Porque, aunque en líneas generales veo más conseguida la primera temporada, esta segunda tiene el mejor episodio (el quinto) y, de paso, la mejor secuencia que han dirigido Los Javis. Un ‘Someone in the Crowd’ más oscuro pero a la vez esperanzador. Un auténtico mensaje de fuerza a tantas y tantas actrices sin un apellido y sin un contacto que fueron a Madrid persiguiendo su sueño, que luchan a diario por conseguir una oportunidad mientras pasan la bayeta en la barra. Que cambian las horas de dormir por aprenderse separatas para castings (eso si tienen la suerte de que son abiertos). Que se gastan lo poco que ganan en cursos y más cursos. Que escriben ilusionadas un microteatro y lo representan en una sala ante tres personas. Que no saben ya si escribir un “asunto” del e-mail en luces de neón para que el representante de turno les responda. Que se obligan a sonreír mientras aguantan los aires de superioridad, no ya de un director, sino de quien les mete prisa para que le den ya su café. Todas ellas son, en cierto modo, el verdadero hilo conductor de la serie. 7,5.

  • Atleasttheskyisblue

    Me cuesta mucho empatizar con la vida de los actores y sus dramas. El movimiento de cámara me estresa en ciertos puntos, menos mal que el personaje de Paquita lo es todo en realidad.

  • SrZaius

    Por fin una comedia española que no roza lo vomitivo y de mal gusto. Ambas temporadas están al mismo nivel, quizá me he reído con más ganas en esta segunda. Ambas brillantes.

  • JuanBauty

    ¿Ya toca empezar a poner a parir algo que parece (pero que no es) “mainstream”?…… huele un poquito.
    La serie sigue siendo una PUTA MARAVILLA, punto pelota, esperaros a la temporada 5 y a que Brays Efe doble personajes de Hotel Transilvania y los Javis se hagan un Poli Deluxe, entonces hablad, pero de momento NI MÚ.

  • Pues yo he visto demasiado afán porque el famosillo de turno haga su cameo de forma bastante forzada y sin pegar en nada con la trama. Me gustó más la primera temporada.

  • Oitu

    Paquita Salas es mainstream, pero ¿qué tiene eso de malo?

  • jesper

    “Otoño mágico en telecinco” es mi nuevo saludo telefónico.
    Qué bien escrita, hecha y dirigida. El último episodio es una maravilla

  • Diego

    Mi capitulo favorito el segundo, he llorado de la risa con Belinda Washington y el niño pidiendo a Javier Gutierrez. Es mejor esta segunda temporada que la primera, increible lo mal que me caen los Javis y que luego les salgan estas cosas.

  • Pues como le escribí directamente a los javis en Twitter, me gustan cortas pero no micro… Joer ha dejado ganas de muchos mas

  • plusmm

    cameos cameos y cameos.

  • anibval

    En el sentido en el que hablas, Soy una pringada, me pareció metida a calzador.

  • xabier

    Encanto, el mismo que la primera temporada y que la Buckler, 0,0%.

  • luz negra

    Qué cansino es el neopetardeo¡

  • Antarctic Monkeys

    ahi le has dao.

  • ᗰᗋᗰᗋԌしᗋᗰԱГ

    No se quedarme con un episodio en concreto, pero venga me mojaré, me quedo con dos: el quinto, por supuesto, por innovador, maravilloso, por concretar tanto en tan poco tiempo y tan maravillosamente bien, y el tercero, porque para mi captura la esencia de Paquita en todas y cada una de sus escenas, por ser el más emotivo no sólo de la serie para mi, sino de muchas otras series (Lidia San José lo borda, dan ganas de atravesar la pantalla, abrazarla y animarla, por dios que manera de empatizar con ella).
    Como decís, demasiado corta, para mi gusto le faltaron mínimo otros 5 episodios.
    Ahora no es Paquita la que tiene una pena y la que quiere más!
    Soy yo!

  • ᗰᗋᗰᗋԌしᗋᗰԱГ

    En tu elección está el verlo o no verlo.

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