Discos de la década: Godspeed You Black Emperor!

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Discos de la década: Godspeed You Black Emperor!

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Durante el cambio de siglo el post-rock era uno de los claros estilos de moda, con su sonido claro a fin del mundo. Uno de los grupos clave fue Godspeed You Black Emperor!, que después cambiarían el signo de exclamación de sitio, para ponerlo exactamente donde estaba en el documental de Mitsuo Yanagimachi al que debían su nombre. Aunque probablemente palabras de la prensa como «de moda» les dieron tanto repelús que llevan separados, temporalmente, más de 5 años. Después de este ‘Lift Yr. Skinny Fists Like Antennas To Heaven’, sólo sacarían otro disco. Sus miembros, entre los que Efrim Menuck se resistiría a adoptar el papel de líder, se verían envueltos en distintos proyectos paralelos.

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El que era el tercer álbum del grupo, procedente de Montreal, como tantas otras bandas de nuestra década, se hizo famoso IRC y Audiogalaxy mediante, por ser doble pero contener sólo 4 «canciones»: 2 por disco, cada una de unos 20 minutos de duración. La edición en vinilo, también doble, contenía sólo una «canción» por cada cara. Como en una sinfonía, cada pieza, eso sí, se dividía en diversos movimientos que aparecían detallados con su título en el libreto del disco, aunque con errores en los tiempos de indicación que la Wikipedia hoy en día resuelve.

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La mayoría de las veces el título de las cuatro canciones es bastante literal. La primera se llama ‘Storm’ y (cuando te lo dicen) claramente narra las fases de una tormenta, del chispear al chaparrón terminando con la calma. El inicio de la canción, que ha sido comparado con el Bolero de Ravel, va dando lugar a diferentes subidas de intensidad con arreglos de cuerda y viento. Post-rock en estado puro. La segunda pista, ‘Static’, a pesar de que cuenta con momentos muy agitados (‘World Police & Friendly Fire’), termina teniendo su sentido cuando finaliza con el movimiento ‘[…+The Buildings They Are Sleeping Now]’. ‘Sleep’, por su parte, nos recuerda que dormir también puede ser una pesadilla (‘Monheim’).

No hay cantante en Godspeed, pero es habitual que el grupo incorpore samples de películas independientes, sonidos grabados en la calle o entrevistas con mendigos y perturbados. El grupo, con un carácter fuertemente político (en cierta ocasión fueron detenidos al ser confundidos con unos terroristas y terminaron contando su experiencia en un libro de Michael Moore), no busca evangelizar, pero es imposible no pensar en el capitalismo o en la pobreza al escuchar el mensaje del movimiento ‘ARCO’, grabado en un supermercado, que pide ignorar repetidamente a las personas que se hacen pasar por empleados de la gasolinera: la gasolinera no tiene empleados.

También extrañamente angustioso es el monólogo que abre ‘Sleep’, sobre lo que ha cambiado Coney Island. Aunque el mejor es ese recitado en ‘Chart #3’, que forma parte de ‘Static’. Esto es sólo una parte de él:

«Y se sientan ahí. Creen que están locos pero lo que vieron es real. Lo ven cuando toman drogas. Pero lo ven, y no a través de la luz de Dios y el modo en que te lo muestro. Te lo muestro para que lo veas a través de la luz de Dios y la comprensión de Dios. Porque cuando veas el rostro de Dios morirás, y no quedará nada de ti, excepto el hombre-Dios, la mujer-Dios, el hombre celestial, la mujer celestial, el niño celestial».

El grupo, totalmente esquivo y tan etéreo, críptico e intangible como su mensaje, apenas se hace fotos o concede entrevistas. Una anterior a este disco publicada por el NME en verano de 1999, reproducida en varios blogs en la actualidad, les retrata como un colectivo de nueve personas que vive en plan comuna en una casa de Quebec, donde también graban y a veces ofrecen conciertos. El grupo declara que todo lo que se escriba sobre ellos, independientemente de lo que sea, es destructivo. «Recuerdo ser muy feliz tratando de interpretar discos de mi adolescencia, cuando no había tanta información, sólo una foto del grupo en la contraportada quizás, una hoja con las letras, lo que fuera que hubiera en la portada y «bing bang boom». Eso era todo».

También justificaban su gusto por el anonimato de maneras más peregrinas. «Se hace difícil sentir que tienes que justificar la vida que estás llevando. Si buscas una concepción frágil de quién eres y lo que haces, con todas las preocupaciones y las dudas sobre ti mismo, es un proceso que de hecho da miedo. Cuando tienes que explicar de un modo antropológico lo que estás haciendo, esas cosas pueden ser fácilmente exageradas y ahí empiezan los problemas. Ahí es cuando se convierte en un problema de auto-preservación».

Ya se sabe que un poco de actitud acorde a tu «producto» puede convertirlo en una obra artística. Y es lo que ha pasado claramente a una banda que nunca se dejó (de)caer en la comercialidad y a la que rara vez le picó el gusanillo de tocar en festivales por unos cuantos miles de dólares. Así, sus guitarras rugientes suenan en todas las pistas más ásperas, sus momentos más minimalistas más desamparados. Adiós, Godspeed. Hola, mito.

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