‘Cyrus’, del mumblecore al post-humor

Por | 22 Nov 10, 12:39

Como ya apuntamos en nuestro acercamiento al mumblecore, los hermanos Duplass son unas de las cabezas visibles y con más talento de ese (pen)último movimiento indie. Después de ‘The Puffy Chair’ (2005) y ‘Baghead’ (2008), han dado el salto al indie mainstream de la mano de otros dos hermanos y, paradójicamente, reyes del blockbuster: Ridley y Tony Scott, productores ejecutivos de ‘Cyrus’.


¿Cómo ha resistido su particular estilo al cambio? Veamos. Por un lado se han refugiado tras un guión fabuloso, de una gran fortaleza tanto cómica como dramática. Un ejemplo de eso que se ha dado en llamar post-humor, donde el acto dramático y el gesto cómico se confunden dando lugar a sonrisas congeladas por el estupor o la vergüenza ajena. Comedias amargas o dramones cómicos protagonizados por personajes llenos de carencias afectivas y heridas emocionales incapaces de suturar.

Unos personajes que en ‘Cyrus’ son interpretados de forma brillante por Marisa Tomei, John C. Reilly y un inmenso (en todos los sentidos) Jonah Hill, que ha dado un paso más allá de sus comedias con Judd Apatow. Unas interpretaciones cargadas de naturalismo gracias a dos elementos clave del estilo mumblecore: la improvisación y el rodaje secuencial. Como ellos mismos cuentan, “trabajamos separadamente con los actores, muchas veces el reparto no sabe qué va a pasar en escena. Filmamos en orden los eventos de la historia, algo muy poco común y que puso de los nervios al estudio…”.

¿Y su personal caligrafía, cómo ha sobrevivido al cambio? De forma algo más problemática. Los Duplass han mantenido sus más reconocibles rasgos estilísticos: un digitalismo casero y telerrealista plagado de desenfocados, correcciones sobre la marcha, zooms… Un estiloso amateurismo que en los baratos mumblecores funcionaba muy bien y resultaba coherente con su discurso, pero que aquí, en una película indie hollywoodiense, resultan algo forzados e impostados. Un síntoma de domesticación y asimilación por parte de la industria que, sin embargo, no empaña en exceso los logros de esta estupenda (post)comedia. 8.

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