Lisabö, o el directo más intenso de la península

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Lisabö, o el directo más intenso de la península

Partamos de una idea, que más que idea es una realidad patente: Lisabö tienen el mejor directo, o al menos ofrecen el concierto más intenso por parte de una banda nacional que se pueda disfrutar hoy en día. No ha habido ni una sola vez de las que les he visto en la que no hayan dado el 110%, pese a las condiciones más adversas. En su visita a Moby Dick lo tenían todo a favor, contando con una sala como mandan los cánones y un público cómplice que agotó las entradas anticipadas, dejando unas pocas en taquilla para algún afortunado despistado (o perezoso). Aprovecharon la oportunidad y desde el minuto uno hasta el final de la hora y diez (bis incluido) nos dejaron absolutamente boquiabiertos.

En el set de la noche, el protagonista había de ser su excelente ‘Animalia Lotsatuen Putzua‘ y comenzaron con ‘Gordintasunaren Otordu Luzea’ (‘El largo banquete de la crudeza’), uno de sus cortes. Además sonoron otros temas nuevos como el brutal ‘Oroimenik Gabeko Filma’ (‘La película sin recuerdo’) o ‘Ez Zaitut Somatu Iristen’ (‘No te he sentido llegar’), que contó con la voz grabada de Martxel Mariskal, autor de las letras de la banda, ya que el escritor no pudo estar presente.

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En otros momentos de la actuación echaron la vista atrás para recordar temas de ‘Ezarian’ (2000), su álbum de debut o ‘Ezlekuak’ (2007), el predecesor de ‘Animalia’. Presentándose en formato de doble trío, con dos baterías, dos bajos, dos guitarras, y las desgarradoras voces de Karlos Osinaga y Javi Manterola, era imposible no alucinar constantemente con la pegada que tiene el sexteto, que partiendo del post-hardcore, ha creado un sonido propio en el que los sentimientos están tan a flor de piel que no cabe sino dejarlos salir con gritos de desgarro, con guitarrazos atonales y con un ritmo de contundencia incontestable. Karlos y Javi, Javi y Karlos, al frente de la formación, se sucedían vocalmente o cantaban (gritaban) a coro, con el volumen de sus guitarras al límite (como debía de ser), instrumentos que cedieron a dos espontáneos en el último tema para aferrarse a los micros y terminar de darlo todo. La idea de la que partíamos al comienzo de esta crónica sigue bien vigente y por razones más que obvias. Bendito pitido de oídos. 10.

Abriendo la noche estaba Ainara LeGardon, quien se presentó en solitario aún con las canciones del notable ‘We Once Wished’ como excusa para pisar el escenario. Sin banda cambiaba un poco el planteamiento y sólo en ella y su guitarra recaían el peso y la responsabilidad, pero como veterana de la escena se las arregló muy bien para llevar a cabo la actuación. Recordando a la PJ Harvey de mediados de los 90 en lo musical -o al menos esa era la impresión al verla cantar en inglés y servirse de una guitarra eléctrica como instrumento-, hacía vibrar y sufrir a la susodicha para conseguir el efecto deseado. Las ovaciones fueron bien merecidas y el ambiente estuvo bien caldeado para lo que se nos venía encima. 7.

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