Debate del Estado de la Nación Pop 2015

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Debate del Estado de la Nación Pop 2015

pablodestruktionVuelve nuestro Debate del Estado de la Nación Pop, coincidiendo con la nueva sesión parlamentaria de turno. Quizá debíamos haber hecho un vídeo en Youtube, emulando las comparecencias vía pantalla de plasma de nuestro presidente del Gobierno, pero no es nuestro estilo, en verdad. En cualquier caso, hoy recuperamos esta sección que busca repasar la situación del pop de nuestro país de los últimos meses y avanzar lo que nos espera en los próximos.

Echando la vista atrás, 2014 ha sido un año algo decepcionante en lo que a álbumes se refiere. En una escena que se supone cada vez más consolidada, es significativo que en una lista anual como la nuestra, que no distingue entre artistas nacionales o foráneos, apenas 10 de 50 discos sean cantados en castellano y, peor aún, que solo dos de ellos estén en el Top 20 (y siendo una de ellas la chilena Javiera Mena, Top 9). Por no decir que entre los incluidos estén dos álbumes de versiones (personalísimas y cautivadoras, eso sí) como los de Maria Rodés y Sílvia Pérez Cruz con Raül Fernández Mirò. Si tenemos en cuenta que ha sido raro el año en que no hemos tenido un Top 3 o un Top 5 nacional (recordemos que, incluso, tuvimos nuestro primer y único Top 1 con Triángulo de Amor Bizarro), es claro que no ha sido el mejor año de nuestro pop.

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Pero, con todo, ha habido fantásticos discos. Por una parte, debemos celebrar que las figuras supervivientes de la primera oleada de pop rock independiente haya entregado obras que han ido de lo sobresaliente, caso de Single o Los Caramelos, a lo notable, como ha sido el caso de Nacho Vegas, Sr. Chinarro, Australian Blonde, Ellos o Burrito Panza e Is (ambos parte de la inagotable saga albaceteña Surfin’ Bichos). También que artistas posteriores, surgidos a rebufo de los primeros, se consoliden con acertadas obras, aunque en algunos casos poco sorprendentes: Los Punsetes, Bigott, Manos de Topo, Russian Red, Ornamento y Delito, El Columpio Asesino, Mishima, Tórtel, Sidonie, Remate… se mostraron como artistas de largo recorrido que aún deben darnos más alegrías.

Pero, sobre todo, fue un año que mostró que hay que albergar esperanzas en el futuro próximo, gracias a la irrupción o exposición de bandas y artistas que han sacado la cabeza para establecer un panorama rico, diverso y excitante: Cosmen Adelaida, Sagrado Corazón de Jesús, Pablo und Destruktion, Tremenda Trementina, Jose Domingo, Templeton, Aries, Univers, Bassmatti & Vidaur, Mourn, Los Ganglios, El Pardo, Bel Bee Bee, Trajano!, Juventud Juché, Supernumerario, El Palacio de Linares (a los que, lamentablemente, tuvimos que decir «hasta luego»), Joana Serrat, Neleonard, Desert, Novedades Carminha o Elsa de Alfonso & Los Prestigio dieron mucho que hablar. Cabe apuntar que algunos de ellos no son siquiera nuevos, e incluso algunos son ya veteranos.

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Esto habla claramente de la lentitud de una industria (si podemos calificarla así) muy debilitada por la situación socio-económica: el entramado de bandas, pequeños sellos, promotores y salas, continúa apenas paliando con ilusión y esfuerzo las dificultades de un sistema que ahoga la riqueza y diversidad cultural. Hay palpables y efervescentes miniescenas en Madrid, Barcelona, Galicia… pero que cuentan con escasa difusión y aún menos proyección. La prueba es que, año tras año, vemos cómo nuestras apuestas de grupos estatales que seguir ven sus proyectos lastrados por una inercia exageradamente lenta. Seguimos esperando grandes noticias de Pional, Solletico, Sundae, Brigitte Laverne, Sau Poler, Sangre, Ana Muñoz, largo etcétera.

¿Deberíamos culpar a la industria mainstream? Ya no. El hartazgo por ver copar las listas casi semana tras semana a Pablo Alborán, Melendi, Fito y Fitipaldis, El Barrio, Enrique Iglesias y demás, se ve salpicado, cada vez con más frecuencia, con la moderada alegría de ver a Toundra, Sílvia Pérez Cruz, Nacho Vegas, Mishima, Sidonie o Russian Red copando buenos puestos en Promusicae, probando que cabe la esperanza, sobre todo si lo sumamos al hecho de que, más de una década después, vuelve a subir el consumo de música en el país. Al menos, podemos ser levemente optimistas.

Otro motivo para el optimismo está en los conciertos, si bien son datos positivos que tienen un lado oscuro. No, no nos referimos a que Raphael haya sido cabeza de cartel en Sonorama. Al fin, hay bandas de pop rock alternativo que se pueden permitir realizar giras a nivel nacional en salas de aforo medio o medio-grande: ya ha dejado de ser una sorpresa ver cómo Vetusta Morla, Lori Meyers o Love Of Lesbian llenan, e incluso lo hacen más de una (y en algunos casos dos, tres y más) noches. Mejor aún es que ya no son una excepción, y a ellos se han sumado Supersubmarina, Izal, León Benavente… Una realidad que ojalá contribuya a la creación de un circuito de salas estable, que permita ver buenas bandas por toda España, y no solo en fines de semana. Y que se llenen.

Sin embargo, a nadie se le escapa que todas estas bandas, con sus diferentes personalidades, guardan ciertas similitudes estéticas y atraen a públicos semejantes. Buena parte de los promotores prima la rentabilización del «cupo hispano» sobre lo meramente artístico, con lo cual acabamos encontrando a todas esas bandas copando casi todos los festivales del país, generando cierto tapón para otras propuestas distintas, ralentizando la progresión de estas bandas. Por ejemplo, han tenido que pasar diez años para que Los Punsetes alcancen a llenar dos noches en la sala Joy Eslava de Madrid. El próximo objetivo sería que esos plazos se redujeran y que, además, opten a ese éxito propuestas de electrónica o pop, por ejemplo.

Eso sería un beneficio directo para las nuevas bandas que están ganando, felizmente, atención internacional, por encima incluso de las expectativas que en ellas se pone aquí. Ha sido el caso de Oso Leone, Mourn, cuyos notables álbumes han sido reseñados en importantes cabeceras de la prensa musical mundial, o Hinds (Deers), que en un caso totalmente inédito, están realizando una gira internacional (últimamente andaban por Australia) antes, incluso, de que su álbum de debut vea la luz. Desde luego, no será frecuente, ni sabemos cuán lejos llegará este furor, pero desde luego no es un accidente: ahí están los rocosos Toundra, realizando estos días una extensa gira por toda Europa presentando ‘IV‘. Esto debe servir de acicate a otras bandas, porque ellos podrían ser los siguientes. En esta expansión de nuestro pop indie, será crucial ver cuál será la recepción de los medios foráneos que les encumbraron ante las próximas obras que se esperan de El Guincho, Delorean y John Talabot. No podemos esperar a verlo, a decir verdad.

En contraste con los agridulces resultados del año 2014, este 2015 se antoja jugoso, en un comienzo de año excitante que anticipa una cosecha fantástica. Ya estamos disfrutando de notables lanzamientos como el segundo álbum, el que les debe llevar a romper barreras, de Alborotador Gomasio; el largamente demorado ‘Roma’ de Hidrogenesse, consolidando su carácter único en la escena; el salto sin red a la pista de baile de Rusos Blancos; los regresos transformadores de AMA, ahora más rockeros, y Tulsa, ahora más electrónica; la frescura punk de Les Sueques, más The New Raemon, Los Últimos Bañistas, Matrimonio, Primogénito López, Murciano Total, Axolotes Mexicanos, Mi Capitán, Checopolaco, Rombo, Havalina, Grushenka…

Y, aparte de los debuts que aguardamos de las promesas (diría que de las de 2015, pero nos conformaríamos con las de 2014), ya tenemos casi encima los regresos de nudozurdo, Anni B Sweet, Francisco Nixon, Reina Republicana, Nueva Vulcano, Joe Crepúsculo, Maronda, Wild Honey (¡ahora en castellano!), Odio París, Gente Joven, Napoleón Solo, Guadalupe Plata, Pumuky, Amatria, Blacanova, The Suicide Of Western Culture, McEnroe, Disco Las Palmeras!, el disco pop de Soleá Morente o el cuarto álbum (¿el mejor?) de La Bien Querida, a punto de completar su trilogía de EP’s. Entre los grandes nombres, veteranos que no tocan techo creativo, ya estamos disfrutando de los primeros e interesantes adelantos de ‘Lo nuestro’, el nuevo disco de Christina Rosenvinge y esperamos poder escuchar en breve algo de ‘Saint Malo’, el próximo disco, anunciado hace meses, de Fernando Alfaro. A los amantes del rock más clásico y salvaje que celebraron el regreso de Los Enemigos del pasado año les gustará saber que, tras ver a Jorge Martínez divertirse con TAB, Ilegales publican ‘La vida es fuego’, primer álbum de la banda en 12 años (su avance, ‘Voy al bar‘, ya está disponible). La «legislatura» se presume, en fin, más que interesante y fructífera.

Foto: Fee Rieger

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