alt-J / Relaxer

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alt-J / Relaxer

alt-jNo hay nada peor que un grupo pretencioso, y alt-J siempre lo han sido, tanto en su debut ‘An Awesome Wave‘ como en su segundo disco ‘This Is All Yours‘. Sus ínfulas arty les han llevado a estrenar discos en museos, samplear a Miley Cyrus cuando su imagen es de grupo 100% underground, hacer vídeos con versión chico y versión chica, referenciar el número π o reproducir el sonido de una inhalación casi al mismo tiempo que la palabra «sniffing». Sus experimentos apasionan tanto como generan vergüenza ajena y su currículum incluye tanto un Premio Mercury al mejor álbum del año y nominaciones a los Grammy como algún que otro número rojo en Metacritic.

‘Relaxer’ no va a cambiar las cosas en absoluto. Se seguirán haciendo virales tipo «así de tontamente se hacen canciones de alt-J» que ellos celebrarán. El trío ha tenido ahora la ocurrencia de realizar una canción sobre un demonio de Tasmania que se enamora de una nadadora (‘Adeline‘), de dejar irreconocible el clásico popular ‘House of the Rising Sun’, de comenzar un single con código binario solo ellos saben para qué (‘In Cold Blood‘), de repasar con pesadumbre los meses del año en un tema que a la mitad incorpora una voz femenina, de nuevo la de Marika Hackman, para transformarse en otra cosa (‘Last Year’), de hacer una canción de rock sobre una fiesta de sexo que incluye alaridos, un diálogo en japonés y un casposete «fuck you» que parece más propio de un grupo garajero novel (‘Hit Me Like That Snare’)… y sobre todo de publicar un disco navideño cuando ya estamos a 35 grados centígrados.

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La llegada de ‘Relaxer’, palabra perfecta para esa escucha tranquila, nocturna y con cascos que requieren los discos de alt-J, coincide en cambio con el verano por una razón concreta. El grupo británico ha querido retratar que esta estación no es siempre ni mucho menos el paraíso que se nos vende en el cine o en la literatura, sino que también puede esconder desgracias y situaciones amargas, y aquí hay unas cuantas. ‘In Cold Blood’, que parece retratar una muerte en una piscina, sería una de las más claras, pero también tenemos el desamor de la mencionada ‘Adeline’, que no deja de ser una metáfora, o el cierre en forma de villancico de ‘Pleader’, con su referencia a ‘Qué verde era mi valle’ y por tanto con coartada intelectual y política. Dicen que este disco también es consecuencia del Brexit.

Lo bueno es que desde el último disco de Everything Everything y todo lo que quisieron meter allí dentro, los álbumes de alt-J ya no nos asustan, y sobre todo que sí que hay algo peor que un grupo pretencioso: un grupo pretencioso que no tiene ni idea de lo que se hace y no logra transmitir lo que busca. Pero no es el caso del grupo de Gus Unger-Hamilton, Joe Newman y Thom Sonny Green. En ‘Relaxer’ hay espacio para los ritmos electrónicos de ‘Deadcrush’, bastante para las canciones-hoguera influidas por el primer Leonard Cohen y Nick Drake, y también para experimentos de art-pop clásicos de la banda, como el estupendo ‘In Cold Blood’ que han grabado con un sintetizador de segunda mano comprado a 1 libra. Esta anécdota que pretende denotar suerte o humildad contrasta con los 20 guitarristas clásicos que caben en ‘House of the Rising Sun’ o los 30 músicos a las cuerdas que caben en ‘Pleader’, pero lo cierto es que alt-J han conseguido, con solo tres álbumes, parecer un género en sí mismos.

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Y es que todo suena a ellos y casi siempre es para bien. El primer adelanto ‘3WW’, que ni siquiera es de las mejores composiciones del álbum, comienza como una de sus canciones folkie para a partir del minuto 2.40 transformarse por momentos en una balada de los 70 antes de entregar las riendas de la canción a un piano, a un falsete y a la voz de Ellie Rowsell de Wolf Alice, además de a unos cuantos sonidos ambientales. ‘In Cold Blood’ cuenta con unos vientos ultra alt-J. ‘Deadcrush’ se permite el lujo de distorsionar voces como mandan los cánones de la moda. Y ‘Last Year’, que como decía, se transforma en otra canción a la mitad, lo hace porque la voz de Joe cuenta la historia de una persona que va a morir, y Martika, que también saca disco hoy, es lo que suena en su funeral. «Mississippi, come back to me / Come, Mississippi from your cold black sleep». Algo que podrían haber cantado Damien Rice y Lisa Hannigan.

Qué fácil es imaginarse a sus detractores partiéndose la caja mientras el disco se cierra con ese coro entonando «how green is my valley», pero qué fácil también unirse a él como broche de un disco en el que han vuelto a combinar sabiamente, y durante no más de 40 minutos, buenas piezas de pop arty con preciosas gemas de folk intimista.

Calificación: 7,7/10
Lo mejor: ‘In Cold Blood’, ‘Adeline’, ‘Deadcrush’, ‘Last Year’
Te gustará si te gustan: Radiohead, Wild Beasts, Pink Floyd
Escúchalo: Spotify

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