Los Planetas ofrecen mucho más que nostalgia en una noche histórica en Madrid

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Los Planetas ofrecen mucho más que nostalgia en una noche histórica en Madrid

Tras años viéndoles en directo, con Los Planetas es fácil caer en predecir y prejuzgar lo que vamos a encontrar en sus conciertos: público mayoritariamente masculino con edad en los últimos treinta hacia arriba que acuden a darse un festín de nostalgia, asistiendo (algunos resistiendo) al inevitable peaje space-flamenco-rock de su primera hora para después vivir una anticipada catarsis con los viejos temas de siempre y con el sonido difuso que en ocasiones les . Y bien, siendo poco rigurosos y algo maliciosos, eso serviría a grandes rasgos para describir lo que sucedió anoche al llenar la pista –el graderío estaba cerrado– del WiZink Center de Madrid, seguro ya uno de los momentos cumbres en la historia de Los Planetas. Pero no fue exactamente así, porque los matices y los detalles, cuentan. Tanto que los que les hemos visto en incontables ocasiones tuvimos la sensación de estar ante un grupo distinto al de antes, uno que abraza y acepta su condición de icono del indie pero reivindica su actualidad –‘Zona temporalmente autónoma’ fue un mucho más que digno protagonista en el set– y vigencia de manera inapelable.

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Cierto es que esa descripción del público es aproximada, pero no exacta. Además del previsible «campo de nabos» –en el que encontrábamos a Anntona, Fino Oyonarte, Guille Mostaza o Jonston, entre otros–, hubo una importante proporción de mujeres y también, además de algunos niños y adolescentes, una considerable cantidad de veinteañeros que quizá hayan descubierto el grupo de Granada en las discotecas domésticas de sus hermanos mayores. En cuanto a la calidad del sonido, puedo decir sin ningún tipo de duda que, tras cierto asumible barullo inicial en la versión “orgánica” de ‘Los poetas’, el de ayer fue el mejor sonido en directo que haya escuchado nunca a Los Planetas (y les he visto un buen puñado de veces), con la voz de J brillando y siendo completamente inteligible.

En cuanto a la estructura y la esencia del setlist, sí comenzaron –tras la intro con una llamada al rezo– con un tramo de composiciones inspiradas en palos flamencos con cierta aspiración atmosférica, pero fueron concisos, directos –Éric le pegó a la caja con la ira de Thor desde el primer baquetazo– y breves. Pero, como todo el concierto, equilibró con muy buena mano pasado reciente y presente, alternando la reciente ‘Seguiriya de los 107 faunos’ del reciente con las siempre celebradas ‘Señora de las alturas’ y ‘Si estaba loco por ti’. Y de repente, sorprendieron con un temprano viraje al pop y a la melancolía, con ‘Corrientes circulares en el tiempo’ y ‘Parte de lo que me debes’, que desembocó en una ‘Islamabad’ que provocó una auténtica catarsis, demostrando que tras más de 25 años su historia sigue perfectamente viva.

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A partir de ahí, un nuevo giro de guión hizo que, lo que en otras veladas fuera el tramo final de su set, sirviera para provocar un ambiente volcánico apenas mediada la primera parte del show: ‘Santos que yo te pinte’, ‘Segundo premio’, ‘David y Claudia’ y ‘Un buen día’ disparadas a las primeras de cambio. Así, con el recinto rendido, adoptaron una pose pop con actitud punk que se prolongó con ‘Jose y yo’, ‘Prueba esto’ (aderezada con unas palmas rumberas que hacían palpable la conexión de Los Planetas pre y post flamenco), ‘Canción del fin del mundo’, el remedo Pixies-Beatles que es ‘Ijtihad’ y ‘Alegrías del incendio’. “Muchas gracias, buenas noches”, dijo J al terminarla. ¿Ya?

No, claro que no. Porque esos primeros 18 temas eran la antesala de hasta 3 bises: el primero, nada menos que con La Bien Querida, elevada al altar de estrella, subiéndose a escena para cantar ‘No sé cómo te atreves’ y ‘Espíritu olímpico’, cerrando el bloque con la preciosa ‘Zona autónoma permanente’, guiño a Camarón incluido; el segundo, recuperando insólitamente ‘Nuevas sensaciones’, descerrajando la necesaria ‘ Pesadilla en el parque de atracciones’ y, cuando ya pensábamos que ‘Super 8’ había sido desterrado para siempre, desatando el delirio con ‘De viaje’; y el improbable tercero, para hacer una brutal ‘La caja del diablo’, una tormenta de ruido que poco tuvo que envidiar a las de artistas foráneos onda post-rockera y que nos hizo sentir que estábamos descubriendo la canción por primera vez. Un colofón perfecto para más de dos horas de un concierto –me atrevería a decir que histórico– que fue más, mucho más que un mero baño de nostalgia para la masa indie. Los Planetas hace tiempo que son una de las bandas más importantes del pop rock español y anoche lo demostraron sin peros. 9.

Antes del show de Los Planetas, Templeton tuvieron ocasión de reivindicar su nuevo álbum ‘Una mar enorme‘, el mejor de su carrera, como teloneros. Ellos optaron por hacer una selección de toda su discografía y se esforzaron en defenderla equilibrando delicadeza y garra. Sin embargo, un recinto amplio y aún demasiado vacío y un sonido no demasiado pulcro –el bajo petardeaba de manera bastante molesta, los sintes estaban algo descompensados– deslucieron un intento que, pese a todo, dejó constancia de que están preparados para audiencias mayores –y no, esta vez no hablo de edad–. 7.

Imágenes cedidas por Live Nation

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