The Good, The Bad and The Queen / Merrie Land

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The Good, The Bad and The Queen / Merrie Land

Hoy me confieso arrepentido de esta crítica que hice más de 11 años atrás, sobre todo en la forma –¿serían los prejuicios, la juventud, la ignorancia –que es atrevida–…? Quizá todo a la vez– pero también en el fondo. Escuchas ulteriores y un concierto en el siguiente Primavera Sound, que recuerdo memorable, me hicieron cambiar de perspectiva hacia el debut homónimo de The Good, The Bad and The Queen, supergrupo instigado por Damon Albarn que reunía al venerable batería Tony Allen (famoso por su trabajo en la banda de Fela Kuti), al mítico bajista de The Clash, Paul Simonon, y a Simon Tong, entonces exguitarrista de The Verve, y posterior colaborador frecuente de Albarn en Gorillaz. Aquel oscuro retrato y por momentos ásperos del Londres contemporáneo, dibujado a través de su clásica niebla apenas iluminada por una luz de gas victoriana, tenía mucha más enjundia de la que parecía en su evidente falta de interés por lo inmediato.

Más de una década después, tal y como reconoce el propio grupo, el Brexit ha propiciado el momento adecuado para desempolvar la singular perspectiva musical de El Bueno, El Malo y La Reina y extenderla no ya a la capital inglesa sino a todos los rincones de “la Unión”. Así, viajando en trena a distintos lugares del país (en ‘Nineteen Seventeen’ se plasma a sí mismo en esa situación) y escribiendo líneas sin la esclavitud de la estructura convencional de una canción –una técnica que, cuenta él mismo, le enseñó Lou Reed–, es como el vocalista y compositor de Blur ha escrito las letras de este ‘Merrie Land’ que es un agridulce retrato de la sociedad que ha llevado al Reino Unido y la Unión Europea a la profunda crisis política y social que estos días se escenifica tras el referéndum en el que los ciudadanos británicos decidieron su salida de la UE.

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En consecuencia, y en total coherencia con su debut, ‘Merrie Land’ tampoco presume de grandes estribillos (aunque sí dispersos pero certeros ganchos melódicos, ojo), con cierta apariencia de spoken word sobre la rica base de un pop retro que recoge influencias de vodevil, folclore centroeuropeo, chanson y efluvios jamaicanos. Casi diría que no parece casual que este disco vea la luz justo cuando se cumplen 50 años de ‘The Kinks Are The Village Green Preservation Society’, la verdad, porque la conexión es evidente. Este es, en todo caso, un disco mejor que aquel primero. Para empezar, resulta tremendamente acertado el relevo de Danger Mouse, productor del debut, por Tony Visconti. La manera de este de entender el clasicismo, de una manera sutil y mágica, y su demostradísima mano para los arreglos de cuerda y coros parecen lo más apropiado para un disco que, de nuevo, desdibuja las ideas de pasado y presente.

En ‘Merrie Land’ Albarn habla con cariño de la Gran Bretaña rural, de su vida tranquila y confortable, pero también atiza con sutileza el conservadurismo rancio y sinsentido que ha puesto su país en una situación de profunda incertidumbre, apuntando a un previsible aislamiento económico y social. Pero no culpa tanto de ello a las clases trabajadoras que apoyaron el “sí” masivamente, aunque en líneas como “el sol es suave / como los narcóticos que venden en Boots” (‘Gun To The Head’), sino que atiza directamente a las oligarquías que promovieron esas posturas en presumible provecho propio (por ahí podría interpretarse la metáfora del ventrílocuo que adorna toda la parafernalia visual del álbum) y que, de manera contradictoria, han empobrecido las infraestructuras del país y la sanidad (“Así que reconstruid las vías del tren / Repavimentad las carreteras / Porque nadie saldrá de aquí / Ahora este es tu hogar”, canta en ‘Merrie Land’).

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Así, ante un futuro que se antoja crudo, Damon se dirige sin perder el sentido del humor (algo que subyace en todas las letras y, también, en la interpretación aparentemente despreocupada y familiar de las canciones– y con cariño hacia sus conciudadanos (“Cuestionado sobre esta canción / Es un contenedor de amor / Cuando todo lo demás que nos mantiene unidos conspira para rompernos”, dice en ‘Gun To The Head’), a los que anima con llamadas a la unión emocional (no patriótica) de sus distintos pueblos, como cuando emplea un coro galés en ‘Lady Boston’ o en las citas explícitas a los distintos países del Reino Unido en la preciosa ‘Ribbons’.

Como decía, el segundo disco de The Good, The Bad & The Queen es un disco mejor, porque sencillamente está más enfocado y, sencillamente, tiene mejores canciones, pero no es un disco de aterrizaje cómodo. De hecho, su tono monocorde hace que algunas de sus canciones (especialmente en su núcleo central, donde la austeridad melódica hace que ‘Lady Boston’ y ‘Drifters and Trawlers’ resulten un poco “hueso” –aunque sus letras y sobre todo sus arreglos sean dignos de apreciar–). Pero tanto la primera mitad del disco –especialmente, con el claro single que da nombre al disco y las ya citadas ‘Gun to the Head’ (con ese encantador arreglo de flauta dulce) más ‘Nineteen Seventeen’– como la recta final –con momentos tan vibrantes como la cálida ambientación dub de ‘The Truce of Twilight’, la emocionante (incluso para un no-británico) ‘Ribbons’ y el siniestro vals de ‘The Last Man To Leave’– deslumbran, conformando un estupendo segundo capítulo de esta insólita unión de talentos que, como el misterioso protagonista de ‘V de Vendetta’ escondido tras la máscara de Guy Fawkes, resurge inesperadamente cuando es necesario pasar factura y mover a la reflexión a la sociedad británica.

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Calificación: 7,8/10
Lo mejor: ‘Merrie Land’, ‘Gun to the Head’, ‘Nineteen Seventeen’, ‘The Truce of Twilight’, ‘Ribbons’
Te gustará si te gustan: Damon Albarn, The Kinks, Gruff Rhys
Escúchalo: Spotify

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