30 años de ‘Technique’, una de las obras culmen de los 80 (y de New Order)

Por | 30 Ene 19, 23:59

La leyenda cuenta que, en plena oleada Acid House, New Order se van a Ibiza a grabar su nuevo disco, se la pasan de fiesta loca, Tony Wilson de Factory Records pierde (otra vez) un montón de dinero con ellos y paren su disco más hedonista, “balearic” y rotundo: ‘Technique’. Tal día como hoy, se cumplen 30 años de su publicación.

De hecho, tras leer acerca del absoluto desfase que fue la grabación de ‘Technique’, maravilla saber que ninguno de los miembros de la banda saliera de la experiencia gravemente herido o muerto. Excesos, noches en blanco, éxtasis a toneladas… La maravilla que es ‘Technique’ fue más un feliz accidente que una obra premeditadísima. Pero es que al timón había cuatro perros ya viejos en el arte de crear templos pop en medio de la tempestad. Si a alguien le tenía que salir bien, era a los New Order de los ochenta. La vibración (la explosión Acid, su querencia por la pista de baile, su trasfondo…) estaba ahí. Ellos fueron capaces de exponerla en su máximo esplendor.

El ambiente previo en la banda no era muy bueno, por eso. Según relata Peter Hook en ‘Substance: Inside New Order’ (no editado en España), New Order estaban en un hiato. Bernard Sumner se volcó en Electronic (su proyecto con Johnny Marr) y Hook se lo tomó fatal; admite que no pensó que Sumner, simplemente, necesitaba un descanso de la banda, sino que se lo tomó como que no quería seguir trabajando con él. En venganza, él formó –precisamente- Revenge. Así que la motivación principal para grabar el disco fue la necesidad de tener ingresos. Los cuatro componentes de New Order veían poco dinero y el Haçienda (el club que dirigían con Wilson) chupaba sus ganancias. A pesar de este panorama tan sombrío como punto de partida, la grabación fue todo lo opuesto. Un absoluto despiporre. “Estábamos inspirados en esa forma de vida, en la cultura del éxtasis de la noche de Ibiza y eso encontró su camino en un disco que la gente dice que era el perfecto mezcla entre música de baile soleada y rock. Pero en términos de una productividad real y positiva fue un absoluto desastre”, confiesa Hook.

Lo primero, por la elección de Ibiza como lugar de grabación. Bernard Sumner lo liga en ‘New Order, Joy Division y yo’ (editada por Sexto Piso) con la escena Acid House que floreció en Reino Unido y de los que el Haçienda acabó siendo una de las mecas. Empapados de esto, claro, decidieron ir al paraíso ibicenco a finales de la primavera de 1988. Sumner revela que “el argumento oficial era que no había ningún estudio lo suficientemente bueno en Manchester, pero la verdadera razón era que nos lo pasábamos muchísimo mejor cuando nos íbamos fuera a cualquier otra parte. La idea de ir a Ibiza nos seducía sobremanera. Nos avisaron de que el estudio no era particularmente bueno, pero ansiábamos arriesgarnos porque el complejo tenía un bar abierto las 24 horas (…), había una piscina y no estaba muy lejos de los clubs”.

El estudio era aún peor de lo que esperaban, de hecho. Pero daba un poco igual porque “Estábamos todos drogados todo el tiempo”, resume Hook. “Estábamos fuera toda la noche, llegábamos a casa al amanecer, nos quedábamos en cama todo el día, nos levantábamos a las cuatro, tomábamos el sol hasta el atardecer, comíamos algo, íbamos al estudio durante una hora más o menos, nos aburríamos y otra vez fuera (…) En términos de estilo de vida era absolutamente brillante”. La voz de que New Order se lo estaban pasando en grande en Ibiza corrió por Manchester y eso hizo que recibieran visitas que ralentizaron aún más la grabación, como por ejemplo Bez de los Happy Mondays, que se dedicó a destruir vehículos y señales de tráfico a su paso por la isla cual demonio de Tasmania. El relato de sus días baleares incluye perlas absolutamente delirantes. Por ejemplo, decidieron publicitarse en una ruta turística para fiesteros. Una vez por semana, un autobús lleno de ‘ravers’ paraba en su hotel en Sant Antoni para beber, comer y poder disfrutar viendo a la «famosa banda» grabando su nuevo disco.

Al final, apenas consiguieron grabar unas pocas tomas y finalizar ‘Fine Time’, la canción más genuinamente metida en el Acid y el Balearic. Tras dos meses en Ibiza apenas habían hecho nada más. Atacados, contrataron un tercer mes para seguir haciendo… nada. Peter Hook lo resume así: “Simplemente tomábamos éxtasis y salíamos de fiesta”. De Ibiza saltaron al –también carísimo- Real World, el estudio de Peter Gabriel en Bath. Ahí, cuenta, Hook, avergonzados por el dispendio ibicenco, trabajaron duro. ¿Coste total de la aventura? 450.000 libras (según Hook).

Pero… ¿es realmente ‘Technique’ tan hedonista como lo venden? Para mí, francamente, no lo es. Ese es el gran misterio del disco. Es tajante, es potente… pero también melancólico. Quitando la diversión y la absurdez de ‘Fine Time’, un torpedo house desenfrenado, el retrato perfecto de la locura hedonista en que anduvieron sumergidos en Ibiza y quizás lo risueño de ‘All The Way’ (esa guitarra, esos dulces colchones de teclados), en el resto brilla más el lado acústico (que no lánguido, ojo) de New Order y vibra una añoranza imposible de eludir. La primera razón es obvia, y es que la melancolía y la pista de baile, la tristeza y la euforia, siempre se han conjugado a la perfección.

La segunda razón, el divorcio de Bernard Sumner. Sumner no era un “triste divorciado” precisamente; en su autobiografía no menta a su primera mujer, Sue Barlow, de la que se divorció precisamente en 1989 y sí que habla de Sarah, su novia de entonces. Sin embargo, las letras reflejan el clima de relación deshecha y finiquitada, exudan despecho y súplica en su mayoría. En ‘Love Less’ entona “I worked hard to give you all the things that you need (…) And you won’t even talk to me” (“Trabajé duro para darte todas las cosas que necesitas/Y ni siquiera me hablas”). ‘Round & Round’, quizás mejor en su versión single, es una joya de pop sintético como ‘Bizarre Love Triangle’, pero lo que allí era pura euforia queda ensombrecido por una letra amarga y de puro resentimiento. ¿Dedicado a su ex esposa o a Tony Wilson? Parece ser que inicialmente a la primera pero, tras una visita de Wilson a Ibiza, en que les espetó “estas están siendo vuestras vacaciones más caras”, los dardos se dirigieron contra él. “You waste your time, like my money, it ain’t so funny, but it’s true (Don’t waste my money, baby)” -“Gastas tu tiempo, como mi dinero. No es gracioso, pero es verdad (no gastes mi dinero, cariño)”-. Su fantástica versión single y su maravilloso clip acaba de coronar lo turbio y ambiguo del mensaje, con todos esos bustos de modelos en blanco y negro combinándose con violentos brochazos de color. ‘Guilty Partner’ –el título no engaña- suena amarga y fiera. ‘Run’, tercer y último single, la pieza mayor del disco para servidora, es jovial, incluso en su letra, a pesar de sonar inasiblemente nostálgica. John Denver les denunció por este tema, alegando que la guitarra plagiaba la de su tema ‘Leaving On a Jet Plane’ y consiguiendo ser acreditado (y sí, el parecido es algo más que casual). ‘Mr Disco’ es la más dance también, pero su letra desmiente de nuevo el hedonismo: “I can’t find my peace of mind without you” (No puedo lograr la paz de espíritu sin ti”).

Y, para rematar este panorama, los egos de Sumner y Hook, siempre en pie de guerra. Mientras, Gillian Gilbert y Stephen Morris, al menos en los relatos de Sumner y Hook, apenas parecen aportar nada (habría que escuchar su versión). Hook en concreto habla de la lucha de jerarquías entre la voz de Sumner y su bajo, de cómo tuvo que pelear por sus líneas. De hecho, es cierto que el bajo parece algo menos representado que en otros discos. Pero revela que esa tensión interna precisamente era parte esencial del espíritu de New Order. Quizás, fruto de esas soterradas fricciones, nace ‘Vanishing Point’, la culminación absoluta del disco. Aquí está todo. House, Ibiza, baile, melancolía, la desesperación: “My life ain’t no holiday/I’ve been through the point of no return (“Mi vida no son unas vacaciones/he atravesado el punto de no retorno”)… pero también la fe en el amor, la música y la fuerza del grupo: “Feel your heartbeat, lose the rhythm/He can’t touch the world we live in” (“Siente el latido de tu corazón, pierde el ritmo/Él no puede tocar el mundo en que vivimos”) -¿otra puyita a Wilson, quizás?-. “Este disco une bien los cortes acústicos equilibrando sobre la electrónica”, concluye Hook. “Considerando que estábamos absolutamente ajenos a todo y a nosotros, un logro”. Treinta años después, sigo sin resolver el misterio. Mejor.

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