Muse se entregan en Mallorca a la «voluntad del pueblo» con efigies y lanzallamas

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Muse se entregan en Mallorca a la «voluntad del pueblo» con efigies y lanzallamas

La tercera y última jornada de Mallorca Live cae en domingo, lo cual supone que pierda la noción del tiempo pues rara vez un festival termina en el día de descanso. Estoy seguro que mucha gente se quedó hasta el final del evento… pero también que mucha gente abandonó barco sin disfrutar del DJ set de Justice, ni mucho menos del de The Blessed Madonna, esa persona a la que solo llaman para que pinche en torno a las 4 o 5 de la mañana. No estoy seguro, lo sé: después del concierto de Muse salió mucha más gente del festival que cualquiera de los dos días previos.

A la «peña resacosa de domingo» dedicaron Biznaga una de sus canciones, ‘Domingo especialmente triste’. Desconozco cuán cansada estaba la audiencia que se había plantado en Mallorca Live a eso de las 20.00 de la tarde para disfrutar de la última jornada de festival, pero los autores de ‘Bremen no existe‘ lo dieron todo, especialmente su cantante Álvaro García, que bramaba al micrófono con la fuerza de un auténtico líder generacional… aunque, por alguna razón, sospecho que él no se identificaría con esta denominación. García no cantaba las canciones de Biznaga, las sentía en lo más hondo de su ser, y canciones como ‘La escuela nocturna’ de repente cobraban nueva vida. Con varios integrantes vestidos de blanco, el grupo bromeó con que los «Backstreet Boys nunca defraudan» y, siguiendo con la línea popera capitalista, García agradeció al público haberse pasado por su concierto «entre tanta oferta a la carta». Finalmente animó a la gente a «juntar sus cuerpos sudaditos» antes de los conciertos que se avecinaban.

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Otro de los reclamos del día fue Guitarricadelafuente, que trajo a Mallorca Live su propuesta folclórica millennial. Sobre el escenario los músicos de Álvaro tocaban contrabajo, cajas de percusión, guitarras… mientras el autor de ‘La cantera‘ devaneaba entre cantar de pie o sentadico en un taburete pequeño de esos que has solido ver acumulando polvo en el patio de la casa de tu pueblo. A Álvaro Lafuente no le vino grande el escenario principal del festival mientras interpretaba canciones como ‘La Filipina’ o ‘Agua y mezcal’ para un público ensimismado con su voz y melodías de guitarra. Vestido con una camiseta azul de Adidas ajustada y un pantalón tejano de campana de tiro alto, Guitarricadelafuente no dudó en pedir ánimos del público y supo aunar presente y pasado en un set que logró poner los pelos de punta con ‘El conticinio’, que sonó incluso más emotiva al ser coreada por los presentes.

Xavi Torrent

Muchísima más timidez sobre las tablas transmitió Sen Senra, a quien rara vez -o nunca- le verás interactuar con el público… o siquiera mirarlo de frente. Cuando Cristian Senra apunta la mirada hacia la audiencia se nota (o es mi impresión) que no está mirando a nada ni a nadie en concreto. El destino de su mirada es el horizonte. Eso sí, sus canciones llegan al corazón -cromado o no- aunque al concierto le cueste arrancar motores. El público recibe mucho mejor sus canciones más recientes que las incluidas en su primer disco largo, aunque a Senra le toca en Mallorca un público complicadillo, al menos, desde mi posición, que no puede dejar de mantener conversaciones súper importantes ni siquiera desde las primeras filas cuando el artista ya está tocando.

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El set arranca simbólicamente con ‘Nos dará alas’, la canción que «dio alas» a la carrera de Sen Senra hace unos años. El gallego visita ‘Sensaciones’ varias veces durante el show -para algo es su primer disco- pero es a partir de ‘Tumbado en el jardín viendo amanecer‘ -su composición más épica y ambiciosa- cuando la audiencia empieza a responder con verdadero entusiasmo. Un entusiasmo que se mantiene en ‘Globo‘ y ‘Perfecto’ y que llega a su clímax con la interpretación de ‘Ya no te hago falta’, tristemente enturbiada por el sonido del concierto que Metronomy están ofreciendo en el escenario de al lado. Una pena porque es su canción más popular y también la más íntima: merecía algo mejor. Mallorca deberá, en el futuro, mejorar el problema de sus solapes de sonido.

Quienes no tienen en absoluto ningún problema de sonido precisamente son Metronomy. Los de Joseph Mount suenan crespos y nítidos como de costumbre, mejor que cualquier otra banda que haya visto, a excepción, quizá, de LCD Soundsystem. Tan nítidos suenan que ciertas líneas de piano o sintetizador incluso las puedes visualizar en la mente. Vuelve a ser espectacular verlos en acción, ocupando todo el escenario, que es enorme, y llenando el festival con sus alegres temas de pop electrónico, como ‘Everything Goes My Way’ o la pegadiza ‘Right on Time’. En algunos casos suenan a los The Cure de ‘Head on the Door’ actualizados, por lo que no me extraña toparme con varias camisetas de The Cure durante el show de Metronomy, casualmente. Vivir ‘The Look’ en directo, con tan buen sonido, con unos músicos tan contentos de estar ahí, es una de las experiencias más agradecidas del festival. También lo es ver mareas de gente cantando y bailando sus canciones en la pista, muestra de que un mundo mejor es posible.

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Xavi Torrent
Asistir a un concierto de Muse es esperar un espectáculo ambicioso e impresionante que no va a dejar indiferente. Los de Matt Bellamy son conscientes de que su audiencia exige espectacularidad, un montaje inolvidable, y eso es exactamente lo que los británicos llevan ofreciendo desde hace varios años. Aún tengo clavado en la memoria el arranque de su gira de 2009 con ‘Uprising’, durante el cual los integrantes de Muse emergían desde tres torres que proyectaban imágenes del concierto.

Más de una década después debe ser una locura presentarse a las reuniones donde se decide qué va a pasar en el próximo concierto de Muse. No me quiero ni imaginar las ideas que se han descartado. Las que sí han llegado a flote son varias y muy buenas, aunque quizá no estén tan bien aprovechas como quepa esperar. Preside el escenario una corona de fuego que reproduce las siglas de ‘Will of the People‘ y que es espectacular, pero que es retirada enseguida del escenario. Los integrantes de Muse aparecen vestidos como en el vídeo de la citada canción, con máscara y capucha, pero no tardan en descubrir sus rostros ya en la siguiente. Y solo en el tramo final del concierto emerge una efigie gigante que reproduce esa misma cabeza enmascarada y encapuchada que vemos por doquier en el vídeo de ‘Will of the People’. La estatua se mueve de un lado a otro e impresiona, pero da la sensación que sale demasiado tarde.

De un punto al otro del concierto suceden varias cosas. Las pantallas reproducen los esperados visuales de ese Matt Bellamy convertido en un Ozymandias moderno que emerge desde las arenas del desierto varios siglos después. Desde el escenario una lona gigante reproduce la imagen de esas mismas arenas, delante de la cual tocan Muse canciones de toda su discografía. Es un concierto largo pero Muse lo dinamizan de diversas maneras. Por ejemplo, hacen repetido uso de los típicos lanzallamas y, en un momento que no se repetirá, salen disparados desde el escenario chorros y chorros de tiras kilométricas de papel de colores que parecen sacados de la portada de ‘The 2nd Law‘. Es tan inesperado este disparo de confeti que casi me da un infarto, pero me calmo cuando observo, desde la pista, a una mujer usándolos para bailar gimnasia rítmica, completamente sumida en su mundo.

Matt Bellamy, una persona por la que no parecen pasar los años, actúa varias veces desde la pasarela, y él mismo vuelve a convertirse en un personaje de ficción cuando aparece en el escenario con una especie de teclado/sintetizador que le abraza el antebrazo (como si fuera un brazo biónico), y una chaqueta que emite luz. Llama mucho la atención el outfit de Matt, tanto que cuando devuelves la mirada a la estatua gigante instalada en el escenario descubres que, de repente, su gigante mano sostiene un explosivo de dinamita casi igual de grande.

En cuanto al repertorio, además de los clásicos esperados, Muse consiguen que suenen a hit otros temas como ‘Compliance’ o ‘Won’t Stand Down’, recuperan ‘Nishe’ de su EP de 2000 ‘Unintented’, refrescan al personal con la electrónica de ‘Madness’, y no hacen nada de caso a su próximo disco, que sale en agosto. Claro, la gente no está familiarizada con él aún. Por tanto, Muse se entregan a la «voluntad del pueblo» y le da exactamente lo que quiere.

Javier Bragado

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